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Relato | “¿Pero del lado derecho está pachito?”: Navegando en las inundadas aguas de la 49 av. Sur

Así es la experiencia de los usuarios de transporte colectivo mientras atraviesan las calles inundadas por las fuertes lluvias en la ciudad de San Salvador.

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Cada vez que llueve, Protección Civil informa sobre las emergencias atendidas en el gran San Salvador. Solo durante la noche del miércoles, se reportaron 120 árboles caídos, más de 100 viviendas afectadas, nueve desbordamientos de ríos, siete deslizamientos, así como 23 vías intervenidas. La mayoría en la ciudad capital y zonas aledañas.

Una de las emergencias atendidas, que pasan a llamarse “típicas”, es la inundación de la 49 avenida Sur ante el mínimo chubasco de lluvia; esto ocurre entre la prolongación de la calle Arce y 1ª calle poniente, de San Salvador. En dicho sector, es frecuente observar a las autoridades naranja y la Policía Nacional Civil (PNC)  intentando drenar el agua empozada con palos y bombas justo debajo del paso a desnivel, con sus capuchas hasta los tobillos y botas de hule que de poco a nada les protegen.

Foto: LPG/ F. Alemán

Este miércoles por la noche, en medio de la alerta amarilla y verde por las lluvias, la crisis por nueva alza en casos de covid-19 y el caos vehicular, las personas abordaban el transporte colectivo en un mar de gente. Al filo de las 7:44 p.m., codo a codo se apiñaban en los asientos los últimos usuarios de la ruta y se acomodaban, cual sardina en una lata. Sumado a ello, las ventanas bien cerradas para evitar mojarse con la torrencial lluvia. 

Foto: LPG/ F. Alemán

Saltando las paradas y con una velocidad intensa, las personas comenzaban a preguntarse entre ellas, en voz baja, si el motorista respetaría las paradas de buses. Cerca del estadio “Jorge “Mágico” González”, una mujer con uniforme de una tienda de conveniencia toma la batuta y pregunta de forma molesta: “Disculpe, ¿aquí va a hacer todas las paradas?”. El motorista le responde con total tranquilidad que “cree que no”. Por lo cual, aprovechando el parón por el tráfico, comienzan a descender de la unidad al menos 7 personas, incluyendo dos mujeres; una de ellas con un bebé en brazos. 

Foto: LPG/ F. Alemán

Metros más adelante, aproximándose al paso a desnivel sobre las 8:33 p.m., se ven agentes de la PNC guiando el tráfico y se comienza a percibir dentro del mircobús el agua que de a poco va absorbiendo las llantas del vehículo. Antes de sumergirse, el motorista saca la cabeza por la ventana y llama a uno de los policías. “Mire, ¿pero del lado derecho está pachito? ¿No está muy profundo?”, le dice. El agente le hace una sonrisa leve, suspira y responde: “Dale, ite pegadito aquí. En medio es paja”, refiriéndose a los tres carriles de la calle.

El motorista parece que toma la decisión. Reduce la velocidad a unos 5 kilómetros por hora y comienza a atravesar lentamente el agua empozada. De apoco se ve cómo el agua café comienza a llegar al suelo del microbús. Las llantas quedan sumergidas hasta la mitad y el agua se introduce por el suelo hasta alcanzar a los usuarios. Continúa avanzando sobre el carril derecho y al costado izquierdo cruza un camión de carga que levanta todavía más el agua.  

Foto: LPG/ F. Alemán

A la izquierda de la calle, el personal de Protección Civil intenta desesperadamente drenar el agua con bombas. Los usuarios dentro solo observan el agua esperando que no suba más, los vidrios lucen empañados y se escuchan llamadas de teléfono para avisar que “llegarán tarde”. La música característica de los microbuses es inexistente durante toda la jornada, un elemento que parece poco importante en estos momentos. 

Foto: LPG/ F. Alemán

Finalmente, luego de momentos de tensión y mucho silencio. La unidad logra cruzar el inmenso charco de agua y se avista el primer gran centro comercial unos metros adelante. Inmediatamente el motorista llama a uno de sus compañeros para contarle la situación y para preguntar si no hay retenes más adelante. Luego de confirmar que no hay más policías adelante, comienza a bajar pasajeros al filo de las 9:00 p.m., justo en el semáforo que conecta las dos etapas del mismo centro comecial y en donde el agua empozada ya no resulta ser un peligro.

Foto: LPG/ F. Alemán

Muchos habían llegado a su destino; otros, continuaban su travesía en otra unidad y probablemente tendrían que sortear otras inundaciones más adelante en el camino.

Foto: LPG/ F. Alemán

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