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Relato: El inacabable luto de Guadalupe

Guadalupe Mejía está molesta. Parada en una acera mira las láminas que no le permiten entrar al parque Cuscatlán, donde está ubicado el mural a la Memoria y la Verdad. En ese muro transformado en monumento están los nombres de siete familiares que perdió durante la guerra civil salvadoreña.

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Petición.  Familiares y víctimas del conflicto armado piden que no se apruebe una nueva amnistía y que se investiguen las violaciones a los derechos humanos durante la guerra.

Petición. Familiares y víctimas del conflicto armado piden que no se apruebe una nueva amnistía y que se investiguen las violaciones a los derechos humanos durante la guerra.

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"En el muro está el nombre de mi esposo, Justo Mejía. También está el de mi hermano Gilberto. Está Ambrosio Delgado, que era mi cuñado. También están Lidia Mejía, Evelio Mejía, Eduardo Mejía... en total son siete que fueron asesinados, entre ellos cinco niños", cuenta Guadalupe. A todos los perdió en los años ochenta.

Guadalupe y sus compañeros aprovecharon el aniversario número 26 de la publicación del informe de la Comisión de la Verdad para recordarle al pueblo salvadoreño que todavía hay muchos compatriotas que esperan justicia por las violaciones a sus derechos durante la guerra civil, y que por ello es ilógico hablar de una nueva ley de amnistía, como la que promueve actualmente el diputado Rodolfo Parker en el seno de la Asamblea Legislativa.

"Queremos pronunciarnos contra la nueva propuesta de ley de inmunidad, y queremos mandar un mensaje a la Asamblea Legislativa que no permitiremos que se apruebe. Pedimos, además, a la Corte Suprema de Justicia y al señor fiscal general de la república que se haga pronta justicia, que no se permitan medidas que protegen a los victimarios y dañan más a las víctimas", declaró Miguel Montenegro, de la Comisión de Derechos Humanos de El Salvador, ubicado a un costado de Guadalupe en la conferencia.

Guadalupe cuenta que los niños a los que ella rememora fueron asesinados mientras dormían en sus hamacas. "Llegaron los soldados y los escuadrones de la muerte y los agarraron donde estaban durmiendo. Por eso nosotros no podemos quedarnos así como si nada y decir ya pasó esto. Las heridas que nos dejaron son crueles y siguen en nosotros, y tenemos (que) continuar para ver si un día se cierran con justicia", confiesa duramente.

El informe de la Comisión de la Verdad habla de casi 40 mil víctimas de la guerra a las que no se les hizo justicia en su momento, y recomendó investigar sus muertes. Pero luego llegó la primera ley de amnistía y se engavetó, al menos hasta 2016, cuando la Corte Suprema de Justicia decretó como inconstitucional aquel acuerdo de impunidad.

"Uno lo que busca es justicia. A mi esposo lo asesinaron en Dulce Nombre de María (Chalatenango). Primero lo torturaron por toda la calle, luego lo echaron en un camión y se lo llevaron. Le dieron una muerte cruel. A mi hermano y mi cuñado se los llevaron en 1982 y desde entonces no supimos más de ellos", sostiene.

Guadalupe también trabaja con el Comité de Familiares de Víctimas de Violaciones a los Derechos Humanos Marianella García Villasa (CODEFAM), donde ayudan con atención sicológica a los que aún tienen penas que sanar del conflicto armado. En total atienden a 100 personas cada 15 días.

"Hay personas que aún hoy, después de muchos años, hablan de lo sucedido y empiezan a llorar. Ahora ya pueden tocar el tema y no derrumbarse, lo que demuestra que la atención funciona. Pero lo duro es tener las heridas abiertas y hay que aprender a vivir con eso. El dolor nunca se termina. El dolor se va a terminar hasta que nosotros muramos. Pero aprendemos a continuar", cierra Guadalupe, mientras vuelve a ver hacia el parque con la esperanza de volver al muro tarde o temprano.

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