Relato Ya nos acostumbramos a vivir sin señal

Blanca Elizabeth Galdámez es una señora de cabello negro y con algunas canas. A sus 50 años relata su experiencia y la de su grupo familiar al no tener señal en sus teléfonos celulares mientras están en su casa.
Enlace copiado
Relato Ya nos acostumbramos a vivir sin señal

Relato Ya nos acostumbramos a vivir sin señal

Relato Ya nos acostumbramos a vivir sin señal

Relato Ya nos acostumbramos a vivir sin señal

Enlace copiado
Su vivienda está separada por unos cuatro metros de la entrada principal del penal de Quezaltepeque, en La Libertad. Solo les divide la calle de una de las cárceles donde se aplican las medidas extraordinarias contra la delincuencia que aprobó la Asamblea Legislativa.

Blanca dice estar acostumbrada a vivir sin señal en su celular. Tampoco tienen servicio de internet ni de telefonía residencial. “Nada sirve”, asegura.

Junto a su nieto, un niño de aproximadamente cuatro años que jugaba en la sala de su casa, la señora de tez blanca, lentes y mirada serena relata que en emergencias médicas si resienten no poder contar con señal de telefonía.

“Nada funciona, nosotros tenemos que salir allá lejos para hablar por teléfono. Ya no tenemos internet, no tenemos teléfono fijo, no tenemos nada. Ya nos acostumbramos a vivir sin señal”, expresó Galdámez, quien reconoce que les afecta el bloqueo de la señal en los centros penales, pero considera que es fundamental para el combate de la criminalidad del país.

“Nosotros nos acomodamos a la vida del pueblo, de la leyes, porque dice la palabra de Dios que nosotros debemos de acomodarnos a la leyes y por eso es que nosotros somos conformes y por eso vivimos aquí”, expresa la también abuela del pequeño.

Un niño que a su corta edad ya no se asombra que efectivos militares estén apostados frente a su casa custodiando el perímetro del penal, y que a menos de una cuadra se encuentre una tanqueta del Ejército preparada ante cualquier emergencia: el pequeño no dejó de jugar, para él todo es normal frente a la cárcel donde hace una semana el Gobierno decidió trasladar a cabecillas de pandillas.

El caso de Blanca es solo un ejemplo de la situación que viven algunas de las familias que viven en los alrededores de los siete centros penitenciarios que se encuentran en situación de emergencia a escala nacional. Blanca sigue su vida normal, sin preocuparse por tener o no señal en su teléfono móvil.

Ella es clara y afirma que a los únicos que “se les ve una angustia por el teléfono” es a los jóvenes. “Por mí no existieran los teléfonos, pero los bichos hoy sí están más ‘buxos’ con los celulares”.

Tags:

  • penales
  • quezaltepeque
  • telefonos

Lee también

Comentarios

Newsletter