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Retornados deciden mirar hacia adelante y no hacia el Norte

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Retornados deciden mirar hacia adelante y no hacia el Norte

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Durante décadas los motivos que han tenido los salvadoreños para migrar hacia los Estados Unidos de Norteamérica han sido variados, desde la necesidad de buscar un mejor futuro, huir de la pobreza y la violencia, o para reunirse con los parientes que ya residen en diversas ciudades de ese país.

Muchos de los que deciden abandonar sus comunidades de origen lo hacen de manera ilegal, sin contar con la documentación necesaria para ingresar, permanecer y laboral de forma legal en la nación norteamericana, pasando a engrosar la lista de quienes pueden ser deportados. El triunfo de Donald Trump, presidente electo de Estados Unidos, ha generado más zozobra entre los salvadoreños ilegales, y aún entre algunos legales. Según datos de la Dirección General de Migración y Extranjería, solo en 2014 más de 51,000 compatriotas retornaron a El Salvador luego de ser expulsados por autoridades estadounidenses. Desde octubre de 2015 a enero de 2016 regresaron alrededor de 11,000 ilegales. La gran mayoría por tener antecedentes criminales, récord que en EUA puede incluir la reiterada violación de normas de tránsito, hasta delitos graves como violencia intrafamiliar o robo. Otros, por diversas circunstancias deciden regresar voluntariamente, y se encuentran a una sociedad salvadoreña totalmente distinta, enfrentándose al reto de reinsertarse.

Debido a la creciente ola de compatriotas que retornan al país, voluntaria o involuntariamente, sin nada más que la ropa que tenían puesta al ser detenidos, el Viceministerio de Salvadoreños en el Exterior decidió emprender una serie de programas encaminados a proveer de herramientas a los salvadoreños deportados en los últimos 10 años, a fin de que tuvieran la oportunidad de empezar una nueva vida en sus lugares de origen y desistieran de la idea de regresar al Norte ilegalmente.

Entre estos proyectos se incluyó apoyo para aquellas personas que querían poner su propio negocio, o para los jóvenes que tenían como meta continuar sus estudios, o capacitarse para conseguir empleos bien remunerados.

Durante la primera fase del Proyecto Piloto de Reinserción Económica y Psicosocial a personas retornadas se iniciaron 65 emprendimientos, de los cuales 26 fueron para personas que residen en la zona oriental del país y que luego de concluir con un proceso de capacitación han podido montar sus micronegocios, para tener una oportunidad de desarrollarse. 

Estas son las historias de Rafael Olivares, Mario Campos y Brendys Romero, quienes han comenzado sus negocios de puesto de bebidas energizantes y naturales, crianza de gallinas y servicio de operador turístico, luego de que cancillería les proporcionó un capital semilla de $1,500 y puso a su disposición personal de la Comisión Nacional de la Micro y Pequeña Empresa (CONAMYPE) para impartirles talleres sobre emprendimiento, manejo de empresas y capacitaciones sobre elaboración de diversos productos y servicios.

Rafael Olivares, quien ha encontrado en su negocio de jugos y bebidas energizantes una nueva razón para abandonar la idea de volver a Estados Unidos, donde permaneció durante más de 20 años bajo el estatus de asilado, salió de la ciudad de San Miguel en 1979 cuando la guerra civil comenzaba a azotar a El Salvador, teniendo que huir, como muchos, para salvar su vida, dejando atrás a sus familiares y amigos.

Este hombre de 56 años cuenta que volvió al país hace nueve años, obligado por circunstancias personales, y desde entonces tuvo que acoplarse a un sistema de vida que prácticamente había olvidado. “Fue muy difícil volver al país y regresar a la colonia donde nací y crecí. Se me hizo muy difícil reinsertarme, porque acá las oportunidades se hacen más pequeñas y no hay trabajo para las personas mayores”, expresó. Durante años Olivares luchó por salir adelante, para lo cual vendió autos usados y se dedicó a la comercialización de diversos productos, ya que no pudo obtener un empleo formal debido a que ya tenía más de 45 años de edad, y tampoco contaba con alguna carta de recomendación para amparar la experiencia que había obtenido en el campo de las ventas en Estados Unidos.

El migueleño, oriundo del barrio San Nicolás de la cabecera departamental, cuenta que hace un año supo que había un programa de la cancillería salvadoreña, creado para apoyar a los compatriotas que habían retornado de Estados Unidos y tenían el objetivo de montar un negocio propio. Fue así como inició trámites y se decidió a seguir todos los pasos que se requerían para que le otorgaran un capital semilla de $1,500.

“No solo nos han dado el dinero, sino que también nos han preparado para madurar nuestra idea de negocios. Recibimos un impulso de ser emprendedor en tu propio país y que no haya necesidad de emigrar de nuevo”, dice el hombre, quien tiene un par de meses de haber montado su negocio denominado The Coffe Shop El Néctar Refrescante, en el que prepara y vende café, bebidas fortalecedoras del sistema inmune y bocadillos nutritivos, entre otros.

Wilber Alfaro, técnico del proyecto de emprendimiento, explicó que a finales de 2015 el Viceministerio de Salvadoreños en el Exterior inició acciones para apoyar a los compatriotas retornados; puso en marcha dos proyectos claves, que incluyeron a aquellos compatriotas que habían residido en EUA durante un lapso de seis meses hasta más de 15 años. 

En este caso no se toma en cuenta hace cuánto tiempo fueron deportados, pues los requisitos que se necesitan para optar a los beneficios del programa incluyen haber sido retornado al país y contar con una idea de negocios, para echarla a andar en sus propias comunidades de origen.

“A los emprendedores se les conecta con los CDMYPES (Centro de Desarrollo de las Micro y Pequeñas Empresas), acá tenemos uno de estos en la UNIVO (Universidad de Oriente) que ha atendido a estas tres personas para que desarrollen sus ideas de negocios”, indicó Alfaro.

Desarrolla la granja familiar

Mario Enrique Campos, de 43 años, emigró a EUA en 2010 y retornó en 2011. Aunque no pasó mucho tiempo en el extranjero asegura que su idea era intentar retornar de manera ilegal puesto que en su comunidad, ubicada en el cantón El Niño, de San Miguel, no había mayores posibilidades de mejorar su calidad de vida y la de su familia.

Según cuenta, el dinero que se obtiene con la agricultura familiar no es suficiente para algo más que subsistir, por eso no dudó en optar al programa de retornados para obtener los recursos monetarios y la capacitación necesaria para mejorar una pequeña granja que tenía para crianza de pollos y gallinas, para la alimentación familiar y la venta a pequeña escala.

“Con este programa me dieron un capital semilla y me acercaron a CONAMYPE, donde les expliqué que quería mejorar mi granja de pollos y ahí me dieron la capacitación técnica sobre cómo cuidar las aves y sobre el manejo de negocios”, comentó. 

Agregó: “Antes de entrar al programa de cancillería y CONAMYPE tenía la idea de regresarme (a EUA)”. Ahora ya comenzó a ver los beneficios de mejorar su pequeño negocio de pollos y gallinas ponedoras. Aprendió otras técnicas sobre la crianza de nuevas variedades de pollos, pudiendo sacar mayor provecho a su granja y afirma que ya podrá automatizar el proceso que anteriormente hacía de la manera tradicional y artesanal.

Cuenta además que con el capital semilla que le otorgaron pudo levantar nuevos corrales donde puede criar a sus pollos de engorde que ya comenzaron a desarrollarse y pronto estarán listos para venderlos en la plaza local y en los mercados migueleños.

“No solo me enseñaron cómo mejorar la producción, también he aprendido cómo se debe emprender y manejar un negocio, la manera adecuada para hacer clientes, tanto del sector rural como en la zona urbana”, agregó Mario, quien laboró en Estados Unidos como operario de una carpintería.

La esperanza de este migueleño es que toda su familia se involucre en el negocio de la crianza de pollos y puedan diversificar su forma tradicional de subsistencia, pues ahora no solo serán agricultores, sino también productores de aves.

Una mejor atención turística

Brendys Romero Campos, de 34 años, sacó provecho de su experiencia como lanchera y operadora turística para montar su propio negocio denominado Xirigualtique Tours, que en náhuat significa bahía de las estrellas y espejo del cielo, con el que ofrece servicios de paseos en lancha y hospedaje a turistas nacionales y extranjeros.

Brendys cuenta que salió de su natal Puerto El Triunfo, en Usulután, emigrando ilegalmente en 2002. Tras permanecer seis años en EUA trabajó en diversos oficios, que incluyeron la construcción, reparación y pintura de viviendas, fue retornada al país en 2006 y desde entonces se unió a su hermano y a otros pescadores artesanales de la bahía de Jiquilisco para tratar de ganarse la vida y mantener a sus dos hijos.

La usuluteca cuenta que tuvo que aprender a manejar lanchas para dar recorridos turísticos a las personas que visitan el malecón de Puerto El Triunfo. Sin embargo, al no contar con su propia embarcación tuvo que conformarse con ganar entre $8 y $10 por manejar lanchas ajenas, con lo cual no era suficiente para la manutención de su familia.

Pero se decidió a montar su propio negocio y a capacitarse, ya que cursó varios diplomados que la certifican como guía naturalista y turística. Por eso no dudó en unirse al programa de apoyo a retornados.

“Con el capital semilla de $1,500 pude montar mi negocio y reparar mi lancha que tenía dañada. Con lo que pude volver a empezar. Con las capacitaciones empresariales que nos han dado voy a tener un mejor desempeño y a mejorar las habilidades para manejar la empresa”, consideró.

Ahora, la microempresa de Brendys cuenta con un logotipo y una página web que fue diseñada por personal del CDMYPE de la UNIVO. Gracias a esto puede ofrecer paquetes que incluyen transporte, alojamiento, alimentación, hospedaje y viajes en lancha hacia la zona de la bahía de Jiquilisco.

Brendys señala que de no haber sido por el apoyo que le brindaron con el programa de ayuda a retornados no le habría quedado más remedio que aventurarse a recorrer de nuevo el camino que cruzan los indocumentados para entrar de nuevo a la nación norteamericana.

Los tres emprendedores aseguran que ahora que han iniciado un nuevo proyecto de vida abandonaron la idea de volver a los EUA de manera ilegal, e instan a que más personas que han sido retornadas se inscriban al programa.

Tanto a Campos como al resto de beneficiados se les brindaron capacitaciones, se les ayudó a elaborar planes de negocios y otros elementos vitales para poder echar a andar una microempresa, entre los que se incluyen la creación de una marca y de los canales para publicitar sus pequeños negocios.

Ever Martínez, vicerrector general de la UNIVO, explicó que los programas que se desarrollan en el CDMYPE UNIVO forman parte de la Responsabilidad Social Empresarial, en los cuales se han invertido $1.2 millones en formación, capacitación y planeación de nuevos emprendimientos.

“Con relación al tema de los migrantes retornados estamos apoyando con la Unidad de Emprendedores a 15 empresas que ya están funcionando, todas ellas en diversos rubros que las mismas personas han decidido”, dijo Martínez.

El vicerrector agregó que las ideas de negocios que han desarrollado los compatriotas retornados incluyen la creación de microempresas en el rubro del café, turismo, lácteos, artesanías, panificación y estructuras metálicas.

Los requisitos en todos los casos fue que el emprendedor tuviera una idea sobre el tipo de negocio que quería desarrollar, pues en muchos casos se comenzó de cero y se tuvo que realizar capacitaciones y talleres de especialización sobre el rubro escogido.

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