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Rivera era el obispo del momento para la negociación”

Monseñor Gregorio Rosa Chávez señala como clave el papel de la Iglesia católica en el proceso de negociación de los Acuerdos de Paz. Un papel protagónico que nadie ha reconocido.
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Monseñor Gregorio Rosa Chávez asegura que el papel de la Iglesia católica en el diálogo y negociación para los Acuerdos de Paz fue clave para que el proceso avanzara, aun en los momentos tensos, cuando se pudieron romper los encuentros. Para él hay una pieza clave que impulsó el proceso hasta llegar a Chapultepec, México: monseñor Arturo Rivera y Damas, el arzobispo de San Salvador tras la muerte del beato Óscar Arnulfo Romero.

¿Qué tan clave fue el proceso de la Iglesia para impulsar la negociación entre Gobierno y guerrilla y llegar a los Acuerdos de Paz?

Hay un dato que es inédito y que está en el diario de monseñor (Arturo) Rivera, donde él cuenta lo que pasó cuando (Napoleón) Duarte iba para la cumbre de la Organización de Naciones Unidas, que fue donde hizo ese llamado al diálogo.

¿Y cuál es ese dato inédito?

Duarte tenía tanta confianza en monseñor Rivera. En el diario de monseñor se cita que después de la misa del 7 de octubre: “El señor viceministro del Interior licenciado, Roberto Viera, me dijo que el vicepresidente tenía urgencia de hablarme, nos trasladamos hacia el Arzobispado para recibir al presidente en funciones, licenciado (Rodolfo) Castillo Claramount, después de un breve saludo entramos en argumento, venía de Ilopango de despedir al presidente (Napoleón) Duarte, que mañana a las 10 horas hablaría en la Asamblea General de la ONU sobre la situación del país”, que fue el primer llamado que se hizo para el diálogo.

¿Qué más decía el diario de monseñor Rivera?

Revela un poco lo que Duarte concebía. Rivera explica que, según Duarte, en el país había varios cambios: “Y mientras la dirección del FDR-FMLN que está en el exterior estaba desfasada, los comandantes que están en el interior tienen esa conciencia y percepción, adujo varios argumentos para probar esto, pero lo importante es que invitará a los comandantes que están en el interior a dialogar con él, el 15 de octubre, en La Palma, a las 10 de la mañana, e invita a la Iglesia a que esté presente, me pareció interesante el planteamiento y acepté”, escribió.

¿Cuál fue el siguiente paso a seguir?

Nos reunimos y él pidió que la Iglesia preparara las pláticas. Nos reunimos con los obispos y elegimos a dos: monseñor Rivera como encargado y yo como su colaborador. Me tocó a mí preparar toda la logística para la primera ronda. Tuve que salir del país para reunirme con Salvador Samayoa, para definir el protocolo, así llegamos al 15 de octubre.

¿Fue La Palma lo que esperaban todos del diálogo?

Rivera estaba emocionado, él escribió cómo fue La Palma y escribió una oración que se leyó, lo tituló un día histórico: “Esté es el día en que actúa el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo, si esta es la aurora, me decía, cómo será el mediodía y el ocaso”. Él estaba muy entusiasmado y esperaba un país maravilloso después de esos encuentros.

Pero las cosas no salieron tan bien allí.

Era el primer encuentro y por tanto no se podían resolver las cosas de manera inmediata, pero se dejó una propuesta para Ayagualo. Él volvió a escribir algo: “Pasó el diálogo de La Palma, ha habido más confrontación, más combates, la gente no entiende lo que pasa, necesitamos signos creíbles para que la gente tenga confianza”. Pero en Ayagualo hubo un diálogo tenso y de mucha confrontación, se entrampó todo y monseñor Rivera pidió una pausa, y luego pidió una tregua, que fue la primera, una semana sin guerra para Navidad.

¿Que pasó en Sesori, donde la comandancia no llegó?

Primero, Sesori no lo preparó la Iglesia y fue una actitud espontánea de Duarte, se armó el estado. Pero no se preparó. Fue una especie de anécdota, pero no estuvo dentro del proceso.

¿Por qué cree que el diálogo no avanzó con Duarte?

Tuvo poco tiempo, luego vino el cambio de gobierno. Realmente el tema era complicadísimo. Duarte tuvo el mérito de atreverse a hablar de diálogo, eso fue después de que el Papa (Juan Pablo II) nos visitó en marzo de 1983, eso animó a Duarte, quien al año siguiente, ya como presidente, se animó a dar ese paso. Pero la Iglesia ya hablaba de diálogo años antes, fue la Iglesia la que comenzó a educar a la gente sobre esa visión de que la paz es posible.

¿Cree que había una intención real de Duarte de obtener la paz?

Hay muchas interpretaciones, lo que podría decir es que su entorno no le ayudó mucho; de hecho, su gobierno tuvo muchas acusaciones de corrupción. Pero él era un hombre idealista, de muchos principios. Era un demócrata, un poco con espíritu mesiánico, pero era del estilo de él. Realmente era un hombre que sufrió por la democracia, fue torturado, fue expulsado. Lo importante fue el entendimiento con Rivera.

¿Por qué la clave estuvo en Rivera Damas?

Caminaron juntos, Duarte y Rivera. La familia Rivera y Damas era demócrata cristiana, pero cuando el partido era fuerte y con principios fue muy importante la parte humana para que el diálogo arrancara con fuerza con energía.

Y ya con la derecha en el poder, ¿cómo fueron las cosas?

El diálogo fuera de las fronteras del país con el presidente (Alfredo) Cristiani. El primero fue en septiembre de 1989 y el segundo en Costa Rica, en octubre. Esos fueron los que acompañó la Iglesia.

¿Cuál fue la diferencia entre los diálogos con Duarte y ya con ARENA en el poder?

Cristiani no quería a la Iglesia en la mesa y entonces nos trato de sacar, pero la izquierda dijo: “Si la Iglesia no participa no vamos”, y se vio obligado a admitirnos en la mesa, solo que de intermediarios y no de moderadores. Cuando estábamos en el diálogo habían momentos en que se trababan las carretas y había que buscar solución, esa es la mediación, y en la práctica se dio, porque eso era inevitable.

¿Usted cree qué sin la mediación de la Iglesia se hubiera retrasado la negociación?

Rivera decía que la guerra era una casa incendiada y decía que había tres pasos que seguir: primero salvar a las víctimas, luego apagar el incendio y tercero buscar las alternativas para que no se vuelva a repetir el incendio. Los desplazados, los refugiados, las viudas, los huérfanos, esas eran las víctimas.

¿Qué hizo la Iglesia?

Primero apoyar a las víctimas, luego apelar por los derechos humanos y tercero educar a la gente de que era posible esa cultura de la paz. Después llamar directamente al diálogo como camino único, fue muy atacado por esto Rivera.

¿Tenían desconfianza del arzobispo?

Es que la palabra diálogo costó mucho meterla en el lenguaje del momento. Decían que era un traición, que no se podía dialogar con criminales, después vino la palabra negociación. Es que el diálogo era para negociar y ese fue mérito de Rivera.

Rivera fue bien próximo a Óscar Romero. ¿Será que por eso desconfiaban de él, lo habría influenciado?

Eran dos estilos diferentes: Monseñor Romero era un hombre muy emotivo, basta oír sus homilías. Monseñor Rivera era un hombre esquemático, tranquilo. Cuando hablaba en la conferencia dominical y daba la estadística de víctimas decía esta semana han muertos tantos, y era como que no le dolían las muertes. Ese era su estilo y nunca dejó su estilo. El decía: “Yo no soy Romero, yo soy Rivera, yo voy a mi modo”, pero tenían la misma visión con distintos estilos, por eso fue importante para el diálogo. Era paciente, tranquilo, aguantador, se apegaba a ambos lados. Para Romero era más difícil, era más vehemente, con más temperamento, menos sistemático. Monseñor Rivera era metódico, eso fue parte importante para que su gestión fuera teniendo éxito, fue el obispo para el momento para la negociación.

¿Cuál fue el papel de la ONU?

La ONU se incorpora en Costa Rica como una manera de buscar y preparar los mecanismos para afirmar la negociación, y cómo llegar lo más pronto posible, pero la parte inicial fue de la Iglesia. En Costa Rica viene como relevo para acompañarnos, pero tras eso vino la ofensiva.

Pero si estaban en un punto más próximo para acuerdos, ¿por qué cree que se dio la ofensiva?

En la guerra se negocia desde una aposición de fuerza, por eso en Ayagualo nadie quería proponer la tregua, porque era señal de debilidad. Rivera captó la cosa y dijo: “La voy a proponer yo, ese es el papel del mediador”. Así son los diálogos, un momento romántico, un momento tenso y momento de buscar soluciones, por eso fue la ofensiva, no podía quedar ninguno como débil.

Y tras los acuerdos ¿qué pasó con la Iglesia?

Cuando se firma la paz en Chapultepec, la Iglesia es invitada a estar presente, pero no tiene lugar en la ceremonia. Rivera llegó como delegado de los obispos y estuvo de pie frente a una columna, como cualquier fanático de fútbol que ve el partido. (Óscar) Arias, presidente de Costa Rica, le dio una silla para que estuviera sentado. No se le mencionó en los discursos . Luego vino la celebración en la Feria Internacional y tampoco se mencionó la iglesia. No tuvimos lugar preferencial, en unas sillas decía otras iglesias. Rivera hizo un acto de rebeldía silenciosa y dijo: “Vamos con nuestros amigos diplomáticos”.

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