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Rosa y Samuel, todos sabían que uno mataría al otro

Rosa está casi ciega. No puede ver ni la servilleta que su abogada le ha puesto en la silla de los acusados del Juzgado Segundo de Paz de Ciudad Delgado, donde llora incesantemente mientras confiesa. Sí, dice, yo lo maté. Sí, acepta, lo decapité. Dice que lo hizo porque él, su excompañero de vida, iba a matarla y porque en estos años la intentó matar en más de una vez. Fueron sus golpes, dice, los que la dejaron casi ciega.
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Rosa y Samuel, todos sabían que uno mataría al otro

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Afuera del juzgado, las hermanas, la madre y los vecinos de Rosa Lilian Contreras, de 38 años, relatan lo sucedido. “Esto era algo que en algún momento iba a suceder, uno de los dos iba a matar al otro. Lo sabíamos, lo esperábamos. Nuestro miedo era que la muerta iba a ser Rosa, porque él era un hombre violento que ya había intentado matarla y ella nunca levantó ni la mano para defenderse”, dice la madre de Rosa.

La familia Contreras es originaria del puerto de La Libertad. Rosa nació y creció en esa zona costera hasta que cumplió 18 años, según sus familiares. Consiguió un trabajo como empleada doméstica en Ciudad Delgado y migró.

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Mientras trabajaba, conoció a Samuel Dagoberto Gutiérrez, quien en ese tiempo era miembro del Cuerpo de Agentes Municipales (CAM) de la alcaldía de ese municipio. Alquilaron una casa y comenzaron a vivir juntos en 1997. En ese mismo año también comenzaron los golpes, las amenazas y las cicatrices.

“Desde que nos presentó a ese hombre, yo tuve mis sospechas de que era un mal hombre. Se lo dijimos todos en la familia. De repente salió embarazada del primer niño que tuvieron juntos”, relata la madre.

Cuatro días después del nacimiento del niño, Gutiérrez se enojó, como solía hacerlo, según los parientes de la imputada, y sacó a Rosa y al bebé de la casa. La familia se enteró y las hermanas la encontraron, en una de las calles de Ciudad Delgado, arropando con su cuerpo al recién nacido. La levantaron y se la llevaron a la casa materna. Días después, Gutiérrez apareció diciendo que se la llevaría de regreso a casa.

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“Nos amenazó diciendo que su familia tenía dinero y que si le impedíamos que se llevara a Rosa, nos mataría. Nos amenazaba diciendo que tenía un hermano que era abogado penalista y que lo sacaría de la cárcel si nos mataba”, cuenta una hermana de Rosa.

Esa no fue la única ocasión en que sucedió exactamente lo mismo. Los familiares de Rosa aseguran que hasta perdieron la cuenta de las veces en las que el ciclo se repitió.

“Entre esas veces que la sacaba de la casa, la niña más pequeña (que ambos tuvieron) tenía como siete años. Estaba lloviendo a cántaros. No le importó y sacó a Rosa y a los niños. La niña estaba enferma y con esa tormenta que les cayó encima se puso muy mal. De la nariz ya no le salían mocos, sino que era pus y apestaba, como que se le había podrido”, relata otra de las hermanas de Rosa.

Gutiérrez, según familiares de la imputada, también prometió $500 a un hombre para que matara a Rosa y a sus dos hijos. El hombre no lo quiso hacer y se lo dijo personalmente a la mujer.

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Hace unos años, los familiares no recuerdan la fecha exacta, la madre de Rosa intervino en una golpiza que Gutiérrez le estaba dando a su hija. Gutiérrez se abalanzó sobre su suegra para herirla con un machete en el rostro. La cicatriz que le dejó fue la prueba contundente para que esa vez Gutiérrez conociera la cárcel acusado de lesiones agravadas.

“Su hermano, el abogado, lo ayudó a salir de la cárcel”, dice una familiar. Fue durante ese proceso judicial que Rosa buscó una casa para vivir con sus hijos en la colonia Hábitat Confíen de Ciudad Delgado. Gutiérrez, al salir de la cárcel, los buscó y buscó hasta que los encontró. Vecinos confirman que Gutiérrez llegaba violentamente, compraba almuerzos y comía enfrente de sus hijos sin ofrecerles ni un bocado.

Toda esa violencia, según dijo Rosa ante la jueza, desembocó en lo que ocurrió el lunes de esta semana. Ese día por la mañana, Gutiérrez llegó a la casa, donde estaba Rosa y su hija de 15 años. Gutiérrez, según la confesión de la imputada, comenzó a insultarla y luego la tomó del cuello para estrangularla con su brazo derecho. Con su mano izquierda tomó un martillo y lo levantó para pegarle.

La adolescente se acercó al ver que su madre se había quedado inmóvil, arrebató el martillo y con el mismo le pegó en la cabeza a su padre. Gutiérrez cayó al suelo. Rosa, después de toser y recuperarse, tomó un cuchillo de cocina y decapitó a Gutiérrez. Metió el cuerpo en una bolsa grande y comenzó a escarbar en el patio para enterrar los restos, según su propia confesión.

La jueza, al escuchar toda la declaración de Rosa y las intervenciones de los fiscales, decide enviarla a prisión preventiva mientras su caso avanza en el Juzgado de Instrucción de Ciudad Delgado, donde se decidirá si el proceso debe llegar hasta un juicio para condenarla o absolverla.Rosa por fin encuentra la servilleta, se seca las lágrimas al escuchar la resolución de la jueza. La abogada se acerca a Rosa, le dice algo al oído y luego llora junto a ella.

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