Rosas blancas para Erick

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Sus tesoros. El cuarto donde dormía Erick muestra sus tesoros. Juguetes y equipos electrónicos destacan en lo que más apetecía el niño, según sus familiares.

Sus tesoros. El cuarto donde dormía Erick muestra sus tesoros. Juguetes y equipos electrónicos destacan en lo que más apetecía el niño, según sus familiares.

Despedida. Familiares de Erick lo despidieron ayer en el cementerio municipal de Chalchuapa. El muchachito dejó de ser atendido de forma preventiva para la hemofilia.

Despedida. Familiares de Erick lo despidieron ayer en el cementerio municipal de Chalchuapa. El muchachito dejó de ser atendido de forma preventiva para la hemofilia.

Rosas blancas para Erick

Rosas blancas para Erick

Entierran a niño de 10 años que murió por hemofilia

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Los amigos y familiares de Erick, el niño que a sus 10 años padecía deficiencia para poder coagular su sangre, eso que los médicos llaman hemofilia, lo quisieron honrar y despedir ayer con rosas blancas en el sepelio del muchachito.

Había muchas rosas: resaltaban en ramos y de una a una en las manos de la multitud que caminaba detrás de la carroza fúnebre que cargaba el ataúd con los restos de Erick por las calles principales de Chalchuapa, en Santa Ana. La idea de despedirlo así fue de un grupo de padres de familia que también tienen hijos con el mismo padecimiento y que viajaron desde distintos puntos del país hasta ese municipio para acompañar y solidarizarse con Sonia, la mamá de Erick.

Marisol, una de esas mujeres que conocieron y compartieron con Sonia en los pasillos del Hospital Bloom mientras sus hijos recibían tratamiento con Factor VIII, fármaco que ayuda a coagular la sangre y que Salud dejó de administrar a unos 76 niños desde hace unos dos años alegando falta de fondos, dijo que su hijo le mandó entregarle un ramo de rosas blancas para Erick. Se paró frente al ataúd y lloró mientras describió al muchacho como alguien fuerte y con mucho valor que le daba ánimos a su hijo para continuar con el tratamiento. “Su hijo era especial, se quitaba la comida de la boca para dársela al mío”, le dijo la mujer a Sonia, quien también estaba parada junto al féretro vestida de negro y con una cola que detenía sus cabellos pintados de castaño.

La solidaridad siguió con otros testimonios de padres de hijos que padecen hemofilia. Ese apoyo que la familia de Erick recibió ayer en el sepelio fue lo que le faltó al niño de parte del Estado, del sistema de salud, que mejor optó por suspender el tratamiento porque “es demasiado caro”. O por la justificación que utilizó la ministra de Salud cuando fue cuestionada por los periodistas hace un par de días ante la falta de atención de los pacientes con hemofilia, principalmente niños: “La Federación Mundial de Hemofilia dice que no es obligación la prevención, e incluso podría no ser favorable”.

Los asistentes al entierro de Erick cuentan que el día en que sufrió la hemorragia Sonia estuvo lista y consiguió un frasco de Factor VIII para suministrárselo mientras trasladaba a su hijo para el hospital de Ahuachapán, la encargada de hacer el procedimiento fue Xiomara, la hermana mayor de Erick. El tratamiento fue en vano, llegó al hospital de la cabecera departamental el pasado domingo a las 3 de la tarde, de allí lo trasladaron hasta el Hospital Bloom. Los médicos que lo atendieron dicen que ya había perdido demasiada sangre, murió a los pocos minutos de haber ingresado. Marisol está segura de que los médicos hicieron lo que pudieron y quizás hasta más. La mujer cuenta que los hematólogos del hospital de niños los atienden hasta los domingos, pero reconoce que el problema es del sistema, es por los pocos fondos que son destinados para atender a los hemofílicos para una enfermedad muy cara de costear.

Una cantidad que no está al alcance de los pacientes que son atendidos en el Hospital Bloom. Uno de esos casos es la familia de Erick. Viven en una modesta casa en las afueras de Ahuachapán, a 100 kilómetros de distancia de la capital.Norma, otra madre con hijo hemofílico, que ha dirigido el desfile de testimonios frente al ataúd en el sepelio, se retira bajo la sombra de un árbol de mango para reflexionar sobre su propio futuro: “Ahora pienso mucho más en que un día me va a tocar a mí. Se me va a ir también mi hijo”, dice con los ojos llenos de lágrimas y una mirada de impotencia.

Otra mujer que viste de negro abraza a Sonia y le lanza una frase para despedirse: “Sería más duro que se lo hubieran arrebatado los muchachos”, dice con una clara alusión a las pandillas que operan cerca de donde vive. Un hombre que acomoda las rosas blancas en el bordo de la tumba de Erick y que ha escuchado la frase niega con la cabeza y lanza un dardo: “No, se equivoca. Es la misma violencia, duele lo mismo; pero a esta casi no le hacen caso”.

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