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Salvadoreños negociaron coca y armas con el cartel del Golfo

Escuchas telefónicas e indagaciones de las autoridades Antinarcóticos apuntan a que el plan de los acusados de narcotráfico era convertir a El Salvador en una plaza de distribución de cocaína.
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El 1.º de marzo de 2018, Élmer Aguilar Alonso, de 37 años; y Jorge David Ávalos Parada, de 58 años, hablaban por teléfono. Eran las 9:35 de la noche cuando los dos salvadoreños charlaban sobre la negociación de armas, dinero y drogas con operadores guatemaltecos del cartel del Golfo, uno de los grupos criminales más antiguos y poderosos de México.

“Un guatemalteco quiere bajar $10 millones para el área de Sonsonate a una residencia o rancho”, le contó Élmer a Jorge. Le dijo que se trataba de un representante del cartel del Golfo que le había pedido absoluta confidencialidad; por lo que le pidió que no le hablara a nadie más del plan.

También le explicó que el guatemalteco le pidió alistar a un grupo de 10 o 15 personas “fieles” y que “no quiere ver desvergue” porque “no iba a ser violenta la cosa”. El plan, confesó Élmer, era que ese dinero lo iban a mover después “para otro lado”, por lo que habían ofrecido $3.5 millones por el trabajo.

Jorge preguntó si ya tenía lista la otra casa a donde iba a llevar “el bolado” y que si tenía preparada a la gente. Élmer respondió que ya tenía la casa; pero que tuvo problemas con las personas porque en quien había pensado para organizar el grupo “se había cagado” por tratarse del cartel del Golfo.

Jorge le propuso, entonces, un nombre para esa labor: Miguel Ernesto Joven Ayala, de 38 años. Un hombre con quien ya había coordinado la seguridad de algunos cargamentos de cocaína. Élmer dijo que tendría la respuesta a esa propuesta dentro de cinco días, cuando viajara a Guatemala a reunirse con la gente del Golfo; pero que se debía tener en cuenta que “esos tiros grandes era bueno hacerlos con los policías corruptos, así como lo hacen en Guatemala”.

Dos días después de esa plática con Jorge, Élmer habló por teléfono con Javier Enríquez Martínez Cruz. Eran las 12:54 de la tarde cuando Élmer le comentó sobre el negocio con el operador guatemalteco del cartel del Golfo. Le dijo que además de dinero y cocaína, ellos podrían introducir a El Salvador “lotes enteros” de armas de fuego.

Élmer, Jorge, Miguel y Enrique son cuatro de los 54 salvadoreños que la Fiscalía acusa de pertenecer a tres estructuras de narcotraficantes que trabajaban de forma independiente, pero que compartían información, estrategias y droga. Veintiocho de ellos fueron detenidos el último fin de semana de abril pasado, siete ya guardan prisión porque fueron capturados comercializando o trasladando droga durante la investigación; y otros 19 están prófugos. Élmer es uno de los que las autoridades no han podido localizar.

La Fiscalía escuchó y grabó un total de 211 conversaciones telefónicas que mantuvieron los miembros de tres supuestas estructuras de narcotraficantes. En una de esas escuchas, la que sostuvo Élmer con Jorge, los investigadores descubrieron el negocio entre los salvadoreños y los operarios del cartel del Golfo.

Un investigador de la División Antinarcóticos (DAN) de la Policía Nacional Civil (PNC) que ha estado inmerso en el caso desde 2016, cuando inició la investigación de las operaciones de los traficantes salvadoreños, aseguró que se trata de una estrategia diferente de narcotráfico. El Salvador ha visto cómo narcotransportistas han utilizado la ubicación geográfica del país para el trasiego de grandes cargamentos de cocaína desde Suramérica hasta Guatemala, donde en los últimos años han mantenido un único contacto: Darwin Roderico González Delgado, alias “el Capi”, un militar guatemalteco en condición de retiro que es prófugo de la justicia.

Sin embargo, el investigador dijo que a las autoridades antinarcotráfico locales les sorprendió que estas tres células estuvieran, de forma separada pero con conexión entre sí, introduciendo cocaína desde Colombia con alianzas en Centroamérica y México. La sospecha de la DAN es que se trata de narcos que han empezado a utilizar a El Salvador como una plaza de distribución y no solo como tránsito. Otra de las hipótesis que barajan los investigadores es que esa forma de operar responde a una posible escasez de cocaína para el narcomenudeo en Guatemala.

El 9 de marzo, Élmer volvió a comunicarse vía telefónica con Jorge para decirle que recién había llegado de Guatemala. Le aseguró que venía de sellar el trato con el operador del cartel del Golfo, quien le había pedido una reunión con todos los involucrados en el trasiego de dinero, armas y droga en El Salvador. Élmer le explicó que serían tres los representantes que llegarían a El Salvador y entrarían por la frontera “Pedro de Alvarado”.

Además, acordaron comercializar fusiles con “un grupo de personas” que está dispuesto a comprarlos hasta “en unos dos mil dólares”.

Incluso, hablaron de la posibilidad de hacer negocio con grupos de pandillas que “están interesados en conseguir esas armas y las están pagando bien”.

La Fiscalía aseguró que con la captura de la mayoría de integrantes de las células de los supuestos narcos salvadoreños logró desarticular el plan de los operadores del cartel del Golfo.

Sin embargo, la jueza especializada que conoció el caso decidió enviar a la mayoría de los acusados a prisión provisional, pero también consideró que no se trataba de estructuras de crimen organizado, por lo que remitió el expediente a un tribunal de instrucción ordinario.

Foto de LA PRENSA/Archivo Procesados. Los supuestos narcotraficantes fueron capturados el último fin de semana de abril pasado. La Fiscalía los acusa de tener nexos entre sí para el trasiego de cocaína.

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