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San Salvador y La Libertad con más desaparecidos

Los índices de homicidios se redujeron, pero las desapariciones aumentaron entre 2010 y 2014. PNC recibió 11,366 denuncias en últimos seis años.
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Búsqueda.  Los familiares  ponen en un mural las características de sus parientes desaparecidos.

Búsqueda. Los familiares ponen en un mural las características de sus parientes desaparecidos.

San Salvador y La Libertad con más desaparecidos

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Mario Abarca, de 38 años, desapareció el 10 de marzo del año pasado. Desde esa fecha, como ocurre en varios casos, surgieron de los familiares y vecinos muchas preguntas sin respuestas sobre quiénes podrían estar detrás de su desaparición y por qué razones. La única respuesta que consiguieron es que la pandilla que opera en Ciudad Versalles, en San Juan Opico, La Libertad, no fue la que lo colocó entre las 11,366 personas que desaparecieron entre enero de 2010 y enero de 2017.

Abarca había regresado al país deportado desde Estados Unidos en 2006. Cuando llegó a El Salvador no tenía a dónde quedarse ni familiares que lo recibieran, ya que casi toda su familia había emigrado. Su madre, para resolver el problema, se contactó con vecinos y amigos que había dejado en el país para que lo acogieran, mientras le enviaba dinero para alquilar una casa, amueblarla y comprar comida. Los vecinos, por petición de la madre de Abarca, lo ayudaron incluso después de haber alquilado una casa, ya que era adicto a la marihuana y por esa razón necesitaba que alguien administrara el dinero que su madre le enviaba.

Desde que llegó a El Salvador, Abarca no encontró trabajo y se dedicó a fumar la marihuana que una mujer le vendía en la colonia Versalles. No hizo nuevos amigos y tampoco tuvo novia. Según los vecinos, las únicas dos actividades que realizaba todos los días eran fumar y vender sus pertenencias para pagar la marihuana.

La mañana que desapareció, algunos vecinos recuerdan que lo vieron subir a una motocicleta color blanco y luego de unos minutos regresó y lo vieron caminando hacia su casa. Después de ese momento, hasta la fecha, nadie más lo ha visto.

Su madre llamó incesantemente esa mañana, pero Abarca no respondió. Sus vecinos, alertados por la madre, fueron a la casa y encontraron el celular con las más de 10 llamadas. Lo revisaron y no encontraron mensajes o llamadas sospechosas. Luego fueron a varios hospitales, preguntaron en las delegaciones policiales para ver si había sido capturado y llegaron hasta el Instituto de Medicina Legal, pero en ningún lugar apareció.

Su madre, preocupada, viajó al país para buscarlo, pero tampoco lo encontró en ningún lugar. En la Policía Nacional Civil (PNC) le dijeron que investigarían el caso y que si aparecía, vivo o muerto, avisarían. El tiempo pasó y la policía aún no ha dado noticias.

“Amigos de la familia tuvieron el valor de ir ante uno de los cabecillas de la pandilla y este les dijo que no sabía nada y que iba a preguntar en las clicas. Días después les dijo que nadie de la pandilla tenía relación con la desaparición”, dijo una amiga de la familia.

Esa amiga también detalló que cinco días antes de la desaparición, agentes de la Policía hicieron un operativo en Versalles e ingresaron a la casa de Abarca y le encontraron marihuana.

“Cuando los policías llegaron, encontraron la droga, pero no se lo llevaron capturado ni nada. Por ese operativo es que la familia tenía la esperanza de que no hubiera sido asesinado, sino que los policías podrían haberlo llevado a las bartolinas, pero la Policía insiste en que tampoco lo ha capturado ni tiene nada que ver”, dijo.

Abarca es uno de los 31 desaparecidos del año pasado en San Juan Opico y uno de los 2,121 desaparecidos en La Libertad entre 2010 y 2016, según datos de la Policía. La cantidad de desaparecidos ha puesto a ese departamento como el segundo lugar donde ocurren más desapariciones en el país. El primero es San Salvador, que ha acumulado en estos años 3,389 casos.

Los datos también confirman que las desapariciones aumentaron de 917 en 2010 hasta 2,090 en 2014. En esos mismos años los homicidios se redujeron de 4,004 a 2,513, lo que significa que aunque la frecuencia de homicidios se redujo, las desapariciones aumentaron en el país.

Algunas de las desapariciones incluso fueron cometidas por cuerpos de seguridad, como el caso de tres jóvenes que desaparecieron en Armenia después de que militares se los llevaron en 2014. Sobre ese caso, la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) resolvió que los soldados fueron los responsables.

En la mayoría de los casos, sin embargo, los responsables son los pandilleros, como sucedió en el cantón San Sebastián Asuchillo de Zaragoza, La Libertad, donde la policía encontró, en diciembre del año pasado, cinco cadáveres enterrados en un cementerio clandestino que habían hecho los pandilleros de la zona.

En el caso de la desaparición de Abarca, según la amiga de la familia, la pandilla incluso les dijo que ayudaría en la búsqueda.

“Los de la pandilla dicen que no han sido ellos. Dijeron también que conocían a Mario y que cualquier información que lleguen a tener sobre su desaparición la harían saber para que finalmente se sepa qué pasó con él”, relató.

 

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