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Sapos que explotan y curan al frotarlos: 21 mitos de anfibios y reptiles en El Salvador

De las ranas, sapos y serpientes se han dicho muchas cosas que no son ciertas. En El Salvador se han tenido creencias de todo tipo sobre estos animales, las cuales son aclaradas a la luz de la ciencia.

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Vladlen Henríquez, actual director del Zoológico Nacional de El Salvador, publicó en 2012 un documento al que tituló "Mitos y leyendas sobre los anfibios y reptiles de El Salvador".

En él menciona 21 mitos sobre algunos animales que habitan este país y los contrastó con la realidad gracias a su especialidad como herpetólogo.

"Debemos tener en cuenta que son solo mitos y deben tenerse como tales, sin adjudicarles veracidad", expresa Henríquez en el documento, el cual puede descargarse en versión PDF en esta enlace.

¿Cuáles de estos mitos sobre reptiles y anfibios habían escuchado?

Anfibios

Mito: los sapos se inflan hasta explotar

Realidad: cuando un sapo se siente amenazado aumenta su tamaño para verse más grande o dificultar que pueda ser tragado. Pero es imposible que explote como un cohete.

Un sapo disecado que fue usado como materia prima de artesanía. Imagen de 2004. Foto LPG / Archivo

Mito: los sapos tiran leche

Realidad: cuando un sapo se siente amenazado, expulsa de su cuerpo -sin tirar o lanzar- una toxina secretada por unas glándulas atrás de la cabeza. Para algunos animales puede resultar muy tóxica, pero no para los humanos.

Mito: la erisipela se cura frotándose un sapo

Realidad: esa enfermedad infecciosa de la piel no se cura gracias a pasarse un sapo. Según el mito, la enfermedad pasa al animal, que luego muere. Eso no es posible ni con la erisipela ni con el bocio, otro mal relacionado con este mito.

Mito: la rana es la hembra del sapo

Realidad: no, son especies diferentes de familias diferentes, aclara Henríquez. Hay rana hembra y rana macho; así como hay sapo macho y sapo hembra.

Un sapo en el relleno sanitario de Nejapa. Foto LPG / Archivo

Mito: las salamandras son venenosas

Realidad: tienen un pequeño grado de toxicidad que no es capaz de matar a una persona.

Mito: la tepelcúa entra por ano de las personas que defecan en el campo

Realidad: las tepelcúas buscan alimento bajo tierra y rara vez salen a la superficie. Es un anfibio que por su aspecto puede ser confundido con una lombriz de tierra o una culebra.

Una tepelcúa. Foto wikipedia.org.

Reptiles

Mito: el garrobo es el macho de la iguana

Realidad: como el caso del sapo y la rana, se trata de especies diferentes: hay garrobo hembra y garrobo macho; hay iguana hembra e iguana macho.

Un garrobo en Joateca, municipio del departamento de Morazán. Foto LPG / Archivo

Mito: si te muerde un tenguereche te mueres de la risa

Realidad: esa mordida podría causar dolor, pero no risa ni la muerte.

Mito: las lagartijas tienen veneno y tiran leche

Realidad: "No existen lagartijas venenosas en El Salvador", asegura el herpetólogo, sino solo especies inofensivas. La mordida del garrobo, iguana o tenguereche puede causar dolor, pero no es mortal. Algunas lagartijas lanzan por el ano una sustancia llamada almizcle, la que no es venenosa.

Mito: lagartijas y masacuatas atraen rayos

Realidad: cualquier ser viviente puede atraer rayos.

Una masacuata liberada por la Fundación Zoológica de El Salvador (FUNZEL) en la finca San Luis, de Santa Tecla. Foto LPG / Archivo

Mito: la zumbadora entierra la cabeza y ataca dando "latigazos"; si el animal pierde, regala una pierda que hace invencible a la persona

Realidad: es considerada "una de las creencias más falsas que existen". Las serpientes no tienen ese comportamiento ni dan piedras mágicas.

Mito: algunas víboras se enrollan para lanzarse a los árboles y botar jocotes

Realidad: son carnívoras, no se alimentan de frutos. Además, no tienen la capacidad de lanzarse de esa forma ni la fuerza para mover un árbol. 

Mito: los tamagaces verdes son venenosos

Realidad: los tamagaces son culebras, por lo tanto no son serpientes venenosas para los seres humanos.

Mito: el coral tiene un silbido similar al de un pollito

Realidad: no, el animal que produce ese sonido similar es una rana "craugastor loki", que es precisamente parte de la dieta de los corales. 

Mito: el coral y las víboras pican con la lengua

Realidad: las serpientes que son venenosas no pican, sino que muerden. Para eso usan los dientes que tienen al frente, que son los que introducen el veneno. La lengua no tiene que ver.

Una masacuata rescatada luego de estar en cautiverio. Foto LPG / Archivo

Mito: el coral pica con la cola

Realidad: no, sino que es parte de su sistema de defensa poner la cola y proteger su cabeza poniéndola atrás. De esa forma ante un depredador podría perder un pedazo de cola, pero no la cabeza.

Mito: algunas serpientes hipnotizan a sus presas

Realidad: las serpientes cazan quedándose inmóviles por mucho tiempo y camuflándose para cazar a su presa.

Mito: la serpiente es un animal con cuernos que lanza fuego por los ojos

Realidad: creencia difundida en la zona rural de El Salvador. Las serpientes son animales con escamas, ojos sin párpados y que no tienen patas... nada de cuernos y fuego. Las serpientes se dividen en grupos: boas, boas de hule, culebras, serpientes ciegas, corales, serpientes marinas y víboras.

Mito: la serpiente es la representación del diablo

Realidad: es una creencia con base religiosa que ha llevado a la extinción de algunas especies.

Mito: las masacuatas toman leche de las mujeres que amamantan

Realidad: la boca de las masacuatas no está diseñada para succionar, que es una características que sí tienen los mamíferos.

Mito: únicamente las personas que han perdido el habla pueden ver las patas de las serpientes

Realidad: las serpientes no tienen patas. La confusión podría ser debido a que se ha visto una salamandra lombriz o unas uñas cerca de la cola que tienen los machos de las masacuatas.

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