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Se caracterizaba por su sinceridad”

Durante las distintas etapas de su ministerio, Monseñor Romero se mantuvo honesto con los que lo rodeaban. Así lo recuerda Galindo.
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David Escobar Galindo, quien conoció personalmente al beato Óscar Arnulfo Romero, dice que su ascenso a los altares no es más que una señal de la Providencia.

¿Qué significado tiene para el país la canonización de Romero, si se tiene en cuenta su trabajo por los derechos humanos y su voz de denuncia en los momentos de la guerra civil?

Lo primero que hay que hacer es ubicar el tema de la canonización de Monseñor Romero en el presente con vistas al futuro. El pasado queda atrás, con todo lo conflictivo que sea. Hoy Monseñor será el primer santo salvadoreño, y eso es lo que debe importarnos.

Romero es elevado a reconocimiento mundial, pero el país sigue sumergido en aspectos económicos difíciles, violencia desmedida, desigualdad social. Entonces, ¿cómo capitalizar ese legado?

La situación del país, por grave que sea, se halla al margen de un hecho que nos da relieve universal. La canonización de Monseñor Romero hay que tomarla como una señal de la Providencia. Así de claro y así de simple.

Personalmente, ¿cuál es su evaluación sobre la doctrina religiosa y social de Romero?

En vida, Monseñor fue controversial, por el tiempo en que le tocó vivir y por sus reacciones y expresiones. Lo conocí personalmente. No era una persona fácil, pero se caracterizaba por su plena sinceridad en las distintas etapas de su ministerio.

¿Podría haber una incidencia política por estar en un momento electoral?

No lo creo. Un santo, independientemente de su identidad y de su trayectoria, está ya por encima de las contingencias del momento.

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