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Semáforos que borran la alegría y la inocencia de niños

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Semáforos que borran la alegría y la inocencia de niños

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Tito es uno de los más de 140,000 niños o adolescentes que trabajan en las calles del Gran San Salvador, un escenario donde se puede ver decenas de infantes, desde muy tempranas horas, que salen a trabajar en las calles a la espera del rojo de un semáforo para ofrecer diversos productos.

Cada señal de tránsito que indica el alto para los vehículos es una oportunidad para aprovechar unos instantes y limpiar los parabrisas de los vehículos, ofrecer dulces o hacer una acrobacia para tratar de recibir algunas monedas. Tito, nombre ficticio porque se debe proteger su identidad, ha trabajado desde pequeño para apoyar la economía familiar. Este año dejó la escuela, como deja también parte de la infancia en los tramos de las calles.El trabajo infantil y sus peores formas de explotación han tenido una constante denuncia de instituciones internacionales, sobre todo para que sea erradicado, una respuesta que sigue en deuda.

A sus 10 años, Tito ya sabe qué es trabajar de sol a sol, sobre el asfalto caliente y el riesgo permanente de ser arrollado. Desde muy pequeño limpia parabrisas en uno de los semáforos que mayor tráfico vehicular tiene en las cercanías de la plaza Divino Salvador del Mundo. Tiene mirada triste y tímida, es delgado y pálido, pero con la energía de querer ayudar a sus padres –así lo dice– cada día. Dice que está en el lugar desde las 7 de la mañana hasta las 6 de la tarde, de lunes a viernes, once horas diarias que lo privan de actividades que adecuadamente debería desarrollar a su edad.

“Yo vivo acá, en San Salvador, y madrugo para venir a trabajar a este semáforo. Yo les quiero ayudar a mis papás”, dice Tito, quien entre palabras cortadas comenta que trabaja junto a su mamá y su papá en ese mismo lugar.

La jornada es extensa y barata, en muchas ocasiones solo recibe un par de monedas de los conductores que deciden pagar la limpieza; en otras tantas, nada. Otras veces recibe un simple gracias, y en muchas, hasta insultos.

“Hay días que me va más o menos, limpio como 100 carros en todo el día; de esos, a veces me dan dinero y a veces no”, expresa el menor de edad, quien debería recibir protección legal, pues el Código de Trabajo prohíbe el trabajo infantil en El Salvador, aunque muchos niños continúan realizando cualquier tipo de actividad laboral en calles, mercados, plantaciones agrícolas y otros.

El capítulo V del Código de Trabajo, en lo referente al trabajo de las mujeres y de los menores, sección primera, establece en el artículo 104 que “el trabajo de los menores de 18 años debe ser especialmente adecuado a su edad, estado físico y desarrollo”.

Además, el 105 agrega: “Se prohíbe el trabajo de los menores de 18 años en labores peligrosas o insalubres”.

Pero el mismo Código de Trabajo también establece que se puede autorizar el trabajo a un niño con el permiso de los padres o los encargados y en el caso de que estos lo soliciten con sus debidos procesos.

La Encuesta de Hogares y Propósitos Múltiples señala que en la actualidad 140,700 niños trabajan en diferentes tipos de labores y que una tercera parte de esa cantidad deja los estudios, tal cual sucede con Tito.

Las mismas organizaciones encargadas de velar por los derechos de los niños y de erradicar las peores formas de trabajo infantil han mostrado su preocupación desde antes. En 2015, tanto el Concejo Nacional de la Niñez y Adolescencia (CONNA) y el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) habían exigido más compromisos. El primero exigía un mayor compromiso del Estado y el segundo anteponía que aunque había avances, no eran suficientes.

Según los datos de la encuesta, de los 140,700 niños que trabajan, el 46.8 % lo hace en labores agrícolas para ayudar a sus padres. De los menores de edad que trabajan en la agricultura, el 60 % son niños, el resto jóvenes menores de 18 años.

El 53.2 % de trabajo infantil se encuentra en los rubros de la ganadería, la pesca, el comercio y los restaurantes, donde realizan servicios de comida y panadería. Debido al trabajo infantil, el estudio indica que el 36.6 % de los niños deja de asistir a la escuela.

Tito, como parte de ese porcentaje que abandona la escuela, también dice que debe enfrentar el fenómeno de la violencia, pues vive en una comunidad vulnerable, aunque no quiere indicar dónde. Otras tantas veces, junto a sus padres, debe esperar por vender parte de los productos o la recolección del niño para comer un poco.

“Cuando limpiamos, nos vamos a las 6 de la tarde y lo más que hacemos son $20 al día” entre los tres. De eso deben comer y comprar productos para el siguiente, así como para los otros gastos de la casa.

El estudio, realizado por la Dirección General de Estadística y Censos (DIGESTYC), indicó, sin embargo, que la cifra de trabajo infantil en este país se redujo un 14 % de 2012 a la fecha.

En 2015 UNICEF, en el foro “Niñez y bienestar en El Salvador”, celebrado en el marco del 26.º aniversario de la Convención sobre los Derechos del Niño, advirtió que el 41.1 % de los hogares en los que vive al menos un niño se encuentra en situación de pobreza multidimensional.

Ese mismo año la Red para la Infancia y la Adolescencia (RIA), junto a las 56 organizaciones que la conforman, pidió retomar la reforma fiscal para invertirla en la infancia y adolescencia.

Hoy se celebra el Día del Niño, establecido por decreto legislativo, pero no para todos habrá celebración. Tito no estará en las calles hoy, él dice que no trabaja con sus padres los sábados y domingos porque el tráfico se reduce, pero esto tampoco garantiza que su precaria situación económica le permita celebrar.

En el Día del Niño siguen vigentes algunas de las peores formas de trabajo infantil establecidas en el artículo número 3 del Convenio 182 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que son: todas las formas de esclavitud o las prácticas análogas a la esclavitud, como la venta y la trata de niños, la servidumbre por deudas y la condición de siervo, y el trabajo forzoso u obligatorio, incluido el reclutamiento forzoso u obligatorio de niños para utilizarlos en conflictos armados.

La OIT también ha hecho llamados para prevenir la utilización de niños y adolescentes en la producción de pornografía.

De igual forma ha señalado que se siguen utilizando niños en ilícitos como el tráfico de estupefacientes.

Las condiciones adversas y precarias, sin embargo, no arrebatan la esperanza y los sueños de Tito. El próximo año él quiere volver a la escuela, quiere estudiar medicina, quiere salir de su entorno.

Por hoy, en la zona de El Salvador del Mundo, cada carro representa una oportunidad de ganar un par de monedas, pero igual representa la posibilidad de ser arrollado o insultado. Sus ojos, a través de un parabrisas, no permiten ver tan claro el futuro.

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