Sequías se vuelven tradición

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El 1.º de julio de 1968 fui nombrado como técnico fitosanitario para desempeñarme en el combate de plagas del algodón en los departamentos de San Miguel y La Unión, por parte de la empresa Bayer. En un inicio tuve como instructor al señor Klaus Justus.

Mi persona para entonces ya tenía 17 años de experiencia profesional como agente de extensión agrícola, supervisor y director de extensión, director general de ganadería, y había participado en varias directivas de instituciones oficiales y privadas.

Inmediatamente que llegué a San Miguel me encontré con una sequía de tres semanas que afectaba cultivos y ganado. La gente me decía: Hoy que el volcán Chaparrastique tiene un cucurucho de nubes algo grandecito, es posible que mañana llueva. Al día siguiente, el cucurucho era o más grande o más chiquito y seguía sin haber lluvia. Pasadas tres semanas llovió y, como de costumbre, todo se olvidó, como ha sido tradicional.

San Miguel y La Unión tienen la particularidad de contar con muchos suelos de arcilla pesada y subsuelo poco permeable que ocasionan las chaguiteras en los morrales de Pasaquina, Santa Rosa de Lima y buena parte de la zona norte de los departamentos mencionados.

Siempre pensé, ¿por qué no hacer abundantes abrevaderos para colectar aguas lluvias o reservorios grandes, dado que la tierra tiene condiciones ideales y su valor para entonces no era muy cara?

De hacer tales trabajos, hay que tener en mente que deben tener más de 2 metros de profundidad, pues 1 metro del espejo de agua se conoce que se evapora por la radiación solar y las altas temperaturas.

Hay algo que actualmente se está presentando y es que mucha gente espera que tales reservorios el Gobierno se los haga. Particularmente pienso que está bien que el Estado ayude, pero el beneficiario debe aportar buena parte, pues jamás alcanzarán los recursos para satisfacer a todos.

Vivimos de esperanzas. El año pasado leí y escuché en varios medios de difusión que Medio Ambiente plantaría un millón de hectáreas de árboles y que ya se tenía el apoyo de varios gobiernos amigos para financiarlos. ¿Qué pasó? Nada.

Ayer celebran el Día de la Tierra, mañana el Día del Agua. Solamente el 1.º de mayo se celebra bien, pintando paredes y haciendo desfiles para quedar en lo mismo.

Tenemos que ir y hacer cosas concretas, por ejemplo: Obligar a que todos los dueños de terrenos que tengamos vecindad con caminos plantemos frutales en los cercos. Lo primero que dirán los dueños será que se robarán las frutas. Pero se da el caso que cuesta lo mismo plantar como actualmente se hace, sembrando tihuilotes, tempate, izcanal, jiote, zaite, etc., que plantar marañones, jocote, nance, carao, pues la finalidad es solamente en dónde clavar el alambre de púas.

Si no sembramos, ni comerá el vecino, los pájaros, ni el dueño, pues si bien es cierto que algo se llevarán, al menos algo quedará.

Por otro lado, hay que aprovechar a los trabajadores de FOVIAL para que además de hacer lo que hacen, ayuden a sembrar. Además, hay otro recurso. Ahora que muchos presos saldrán a trabajar, podrían dedicase a cosas prioritarias como hacer reservorios para captar aguas lluvias, construir barreras de piedra y zacate en los terrenos inclinados para contrarrestar la erosión, siembra de árboles frutales a orillas de los caminos, etc.

Cualquiera diría “¿de dónde vamos a tomar tantas plantas frutales si no tenemos viveros?”. Sencillamente hay mucha semilla de marañón, nance, limón que se puede adquirir a bajo costo y sería tan simple como limpiar el pedacito de suelo, abrir el hueco, poner la semilla y taparla cuando exista humedad suficiente.

Olvidémonos de tantos anuncios y mejor empecemos con lo que se pueda. Lo importante es iniciar con algo y ganar experiencias para el futuro. Si no hacemos algo ya, el futuro nos lo cobrará. Si nadie hace lo sugerido, mi persona al menos sí lo hará al empezar las lluvias, en el entorno que me corresponde.

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  • gotas agrícolas
  • recolectores de agua

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