Si apretábamos un botón, la desgracia iba a ser mayor

Humo tóxico, viento en contra, temperatura caliente, dos antenas en la azotea de la torre tres del Ministerio de Hacienda, personas entre la vida y la muerte, socorristas y bomberos haciendo lo posible por rescatar a las víctimas: los tripulantes del helicóptero no la tenían fácil.
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Equipo.  Fueron tres los tripulantes del helicóptero que tuvieron la misión de rescatar a dos hombres de la azotea.

Equipo. Fueron tres los tripulantes del helicóptero que tuvieron la misión de rescatar a dos hombres de la azotea.

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Ninguno de los tres ocupantes de la aeronave que despegó desde la pista de la Fuerza Aérea de El Salvador, en Ilopango, a las 3:50 de la tarde el pasado viernes sabía del infierno que estaban viviendo los empleados del Ministerio de Hacienda. Estaban cada uno en sus puestos de trabajo, en sus oficinas, rodeados de documentos. El llamado de alarma sonó. Los elegidos fueron llamados y se enteraron de lo que en San Salvador pasaba hasta que el comandante los llamó a su oficina y señalando a la televisión les dijo: “A eso van”.La adrenalina comenzó a subir. En tres minutos, los teniente coronel piloto aviador diplomado de Estado Mayor Héctor Marroquín y Sidney Marenco junto con el sargento primero técnico de aviación Saúl Flores tuvieron que colocarse el equipo necesario para volar y adecuar las condiciones del helicóptero, porque volarían con una grúa de rescate. La misión encomendada era rescatar a dos hombres que estaban en la azotea de la torre tres. Lo hicieron encomendándose a Dios.

Cinco minutos después del despegue, a las 3:55 de la tarde, el helicóptero junto con los tres tripulantes ya estaba rondando la azotea. La adrenalina comenzó a subir aún más. “No es lo mismo verlo en la televisión que estar en el lugar y tener la vida de dos personas de por medio”, cuenta el teniente coronel Marenco un día después de lo ocurrido desde una de las oficinas del plantel de la Fuerza Aérea ubicado en Ilopango.

Todos los pilotos son preparados para estar listos en una emergencia. Son pilotos de reacción, pero antes de eso son humanos y, como tales, los sentimientos encontrados les aparecen en esas situaciones críticas, y el incendio en Hacienda no fue la excepción, asegura. Aunque antes de despegar había recibido detalles breves de lo que estaba pasando, para los tres ocupantes todo el panorama cambió cuando llegaron.

PDDH: “POR MUCHO TIEMPO, BOMBEROS HA SEÑALADO INSUFICIENCIA DE PRESUPUESTO”

El humo tóxico, la falta de un plafón en la azotea de la torre, los cientos de personas en los alrededores de los edificios, las antenas que hay sobre ellos, los cables que las rodean, la temperatura elevada debido a las llamas, pero sobre todo la vida de dos personas desesperadas hicieron de aquel viernes un día inolvidable.

“No es solo de despegar; uno tiene que esperar indicaciones. La capacidad que tenemos nosotros es siempre de reacción, pero personas en la azotea de un edificio no es una condición normal. Las aeronaves no se utilizan para eso, pero nosotros lo hicimos”, comentó Marenco.

El teniente coronel dice que este tipo de helicópteros no se ven normalmente sobrevolando las ciudades que presentan muchos obstáculos. El Bell-412, modelo que utilizaron en el rescate, no es un helicóptero de rescate, por lo que dificultaba la realización de la maniobra que necesitaban.

LA TAREA FUE ASEGURAR UNA SALIDA PARA LAS PERSONAS

Haberse encomendado a Dios al salir y recordar todos los procedimientos que aprendieron para hacer un rescate exitoso es esencial en momentos de tensión, asegura Marenco. Ver en los ojos de los dos hombres que rescataron la satisfacción de haber salido con vida de aquella situación fue y será por mucho el mejor regalo que pudieron recibir.

Pero esa misma satisfacción mezclada con la adrenalina del momento podía terminar en una catástrofe aún mayor que la que ya estaba pasando. El teniente coronel explicó que todos los factores en contra les podían jugar una mala pasada y por eso tenían que tener cuidado hasta de cómo respiraban, ya que un mal movimiento podía ser letal.

El sargento era el encargado de operar la grúa de rescate. Los dos hombres que estaban en la azotea estaban en “shock”. Entre la tripulación no había cuerpos de socorro, así que corría por cuenta de los tres miembros de la Fuerza Aérea tranquilizar a los rescatados.

NUBIA NO QUERÍA MORIR QUEMADA

“El primero que subió... Yo tuve que tener cuidado porque se subió y yo no sé si fue la alegría o la reacción que traía, pero se nos fue para el panel de instrumentos y en ese momento en vuelo estacionario ninguno de los botones se puede mover. No podemos abrir y cerrar los ojos, todos nuestros sentidos deben estar concentrados y hasta para la respiración debemos tener el control”, explicó Marenco al referirse a que un movimiento brusco incluso podía ocasionar el desplome del helicóptero.

La misión salió con éxito y dos familias recibieron la noticia de que sus seres queridos estaban a salvo. Marenco comentó con tristeza que cuando ellos llegaron el joven Daniel Aquino ya había caído del edificio y que no pudieron hacer nada por él.

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  • incendio en Hacienda

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