Si no entienden con la mano amiga extendida, hay que ser duros”

El viceministro de Seguridad habla de un híbrido entre prevención y represión. Y le apuesta a cambiar la mentalidad de quien aplaude la represión, aunque dice que “si las cosas ameritan hay que ser más duros”.
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Si no entienden con la mano amiga extendida, hay que ser duros”

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El viceministro de seguridad, Roberto Flores Hidalgo, asegura que ahora sí “hay una ruta correcta” para prevenir la violencia y que en el futuro menos jóvenes estarán involucrados en pandillas. No sabe estimar cuánto tiempo tendrá que pasar para que eso suceda. Para lograrlo, el viceministro afirma que actualmente establece mesas de trabajo con líderes de las comunidades más estigmatizadas, y que esta vez han llegado a esas comunidades para quedarse y no solo para “salir en la foto”. El funcionario también afirma que su trabajo es garantizar que los programas de prevención sean sostenibles en el tiempo y quitar del imaginario la idea de que la represión es la única salida a la violencia.

¿El rol de los viceministros de seguridad es trabajar exclusivamente en prevención de violencia?

Los viceministros hacen muchas cosas, pero su trabajo principal sí es el de la prevención de violencia, y buscar recursos para financiar todos los programas y planes que se implementen para garantizar que la prevención sea sostenible en el tiempo.

El trabajo de sus antecesores no fue muy visible. En este momento no se me ocurre nada acerca de lo que hicieron. ¿Qué está haciendo usted para que se note el trabajo en prevención de violencia?

El legado que queremos dejar nosotros, cuando esta gestión acabe, es que los recursos que actualmente se están invirtiendo en el combate a la criminalidad y reforzar la seguridad sean recursos orientados a la salud integral, a la educación, a la generación de empleos y a la prevención de violencia. Por eso es que ya estamos trabajando en cosas notorias, como disminuir los factores de riesgo, que es la ruta correcta.

¿Cuáles son esas acciones para disminuir los factores de riesgo?

Hemos iniciado, hemos llegado a las comunidades más estigmatizadas y nos hemos sentado con los líderes comunales para saber qué es lo necesitan. Llegamos con gente del MOP, del FISDL, del PNUD… en fin, con tantas instituciones.

El primer paso ha sido escuchar a la gente y luego discutir cuáles son nuestros recursos económicos para financiar todas aquellas cosas que en las comunidades se necesitan.

¿Cuáles son esa comunidades a las que han llegado?

La idea es llegar a todas las comunidades más estigmatizadas del país, pero por el momento estamos en las comunidades de los 10 municipios del plan El Salvador Seguro. Entre esas podemos mencionar La Campanera, Las Margaritas y la 22 de Abril (Soyapango), que son en las que ya vamos avanzando más que en otras.

La crítica en el pasado ha sido que las instituciones llegan, hacen un evento, reparten cosas y luego se olvidan de esas comunidades…

Nosotros no estamos dispuestos a eso. Le hemos dicho a la gente que nuestra visión es otra. Nosotros hemos llegado a las comunidades para quedarnos y no para salir en la foto. Por eso hemos establecido mesas de trabajo para darle continuidad al trabajo. Por ejemplo, la gente nos ha dicho que tienen casas comunales, pero que están deterioradas y que solo se utilizan para velorios. Nos han dicho que las quieren remodelar y que sea un espacio ideal para talleres y otras cosas. Nosotros se las vamos a remodelar y a capacitar gente de la misma comunidad para que se quede impartiendo talleres, vamos a llevar gente del MINED para que los capacite en inglés y todo eso becado. También vamos a llevar gente para que los capacite en algunos oficios y estamos coordinando con empresas para que contrate a los jóvenes de estas comunidades.

¿Ya hay empresas que están dispuestas a contratar estos jóvenes?

Justamente en esa coordinación estamos todavía, porque lo que queremos es que esos talleres y capacitaciones sirvan para que los jóvenes encuentren empleo. Por eso hacemos un llamado a la empresa privada a que se sume al esfuerzo que estamos haciendo para alejar a los jóvenes de las pandillas y grupos criminales, y que se dediquen a producir y a desarrollar el país. Algunos jóvenes nos han dicho que las empresas no los contratan solo porque en la hoja de vida dice que viven en La Campanera.

Para instalar estas mesas de trabajo, ¿cómo lo hacen ante las pandillas que operan en esos sectores?

Desde la implementación del plan El Salvador Seguro hay presencia permanente de la Policía y del Ejército, que neutralizan las actividades delictivas de los muchachos de las pandillas. Esa permanencia en el lugar es la que permite que la gente comience a tener confianza, porque ven que los policías no llegan solo cuando llega el ministro o viceministro, sino que permanecen en el lugar. Hay gente que ahora ya habla con policías comunitarios, antes nunca habían hablado con un policía porque les tenían miedo. Las relaciones que se van construyendo con las instituciones y los agentes de seguridad es parte del rumbo que queremos darle al trabajo de la prevención.

¿Cómo van a garantizar que esto continúe así como lo está describiendo?

Porque la sostenibilidad en el tiempo creemos que es la clave. Parte de la sostenibilidad es la permanencia de los agentes en las comunidades. Parte de la sostenibilidad es que el viceministerio siempre va a tener contacto con los líderes comunales. Y todo también depende de la voluntad de las mismas comunidades.

¿Ha visto voluntad en las comunidades o hay un desánimo y desconfianza?

En esas comunidades que le he mencionado hemos visto voluntad. Ellos dicen que les consigamos la pintura y borran grafitis de pandillas. Ellos dicen que consigamos los materiales y ellos remodelarán canchas, parques y lugares de entretenimiento y convivio familiar. Ellos nos dicen que en las comunidades hay albañiles, electricistas, pintores y de todo para mejorar la comunidad, solo necesitan los recursos.

Usted dice que ahora la gente platica con los policías y que eso es parte del rumbo que quieren darle al trabajo de prevención, pero ¿qué pasa cuando se habla de que hay grupos de exterminio dentro de la Policía?

Sí, se habla de grupos de exterminio, pero en las investigaciones no hemos descubierto eso. No hay nada que apunte hacia eso. No hay pruebas.

La Procuraduría de los Derechos Humanos dice que ha identificado por lo menos 17 casos de abuso de poder por parte de la Policía y soldados, entre esos algunos casos de ejecuciones extrajudiciales.

De nuevo, no hay pruebas. Nosotros no las tenemos. De todas formas, si eso se llega a comprobar, para eso está la Fiscalía, para que investigue y se capture y se condene a los malos agentes. La Policía también tiene mecanismos para identificar quiénes hacen mal su trabajo o abusan del poder. Pero no hay nada en las investigaciones.

Hay gente que aplaude la represión. ¿Qué opina usted?

¿Por qué cree que la gente ve bien que llegue el soldado y ‘verguee’ a los muchachos? Porque están cansados de que estos muchachos hagan lo que quieren: asesinan, extorsionan e intimidan, entonces la gente aplaude que los soldados los pongan en orden. Pero eso queremos cambiar, esa mentalidad. Porque la idea no es que capturemos jóvenes y que los pongamos en la cárceles, sino prevenir que eso suceda con programas que ayuden a componer el tejido social que está desgarrado. La idea no es solo reprimir, sino rehabilitar.

¿Cómo puede ir la prevención paralela con la represión, sobre todo porque el Gobierno tiene un discurso de represión e incluso las medidas excepcionales son más represión?

Es que cuando hay que ser duros, hay que ser duros. Y si las cosas lo ameritan, hay que ser más duros todavía. Claro, es que si no entienden con la mano amiga extendida que el Gobierno tiene a través del viceministerio y la prevención de violencia, entonces hay que ser duros y ese es el camino. Por ahí es donde van paralelamente la prevención y represión.

¿Qué hacemos con los jóvenes que ya están en las pandillas?

Lo que dice la ley. Si han cometido delito hay que capturarlos, condenarlos y en la prisión trabajar en su rehabilitación, para que cuando salgan tengan un oficio y estén aptos para trabajar alejados de las pandillas o grupos que se dedican a la actividad delictiva.

¿Pero hay esperanza para los jóvenes en pandillas o podemos decir que ya perdimos a unos 60,000 jóvenes involucrados en pandillas?

Sí, creemos que se pueden rehabilitar en los programas en los penales, del programa Yo Cambio…

¿Y los que están libres?

Es que si han cometido delitos, tienen que ser llevados ante la justicia. Así funciona esto. Pero lo importante es evitar que esto suceda y apostarle a la prevención.

¿Qué le ofrece el Estado a los jóvenes que viven de cobrar las extorsiones para la pandilla, y que a veces son extorsiones que suman miles de dólares?

En el trabajo de prevención también se hace conciencia para que los jóvenes reflexionen, porque deben entender que esa clase de vida no vale pena. No vale pena morir en un enfrentamiento o por robar un dólar de la extorsión, porque al final esa extorsión ni les queda a la gran mayoría, y en los códigos de ellos los matan por robar un tan solo dólar de esa extorsión que van a cobrar.

¿Esa prevención a la que hay que apostarle, como usted dice, está dando resultados en los 10 municipios priorizados para evitar que más jóvenes se involucren en pandillas?

Claro que sí. Ahora tenemos jóvenes involucrados en torneos de fútbol, becados en cursos de inglés, aprendiendo muchos otros oficios y con la confianza de que esto es sostenible en el tiempo.

Pero en algunos municipios eso aún no se nota, porque por ejemplo Ciudad Delgado, desde la implementación del plan, ha tenido un incremento de homicidios.

Lo que pasa es que los resultados de la prevención de violencia son a largo plazo, lleva años. Pero nosotros estamos trabajando en reducir los factores de riesgo, para dejar las bases y que esto cambie.

Si tenemos que ponerle un plazo, ¿cuándo veremos esos resultados?

En estos temas que son tan complejos, no podemos ser tan irresponsables de poner plazos o decir que en tal año las cosas serán distintas. Lo que sí debemos hacer es trabajar ahora, como ya lo estamos haciendo.

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