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Sin trabajo 7 de cada 10 cortadores en Chinameca

Ahora se dedican a la siembra de granos básicos en empinadas laderas, o a la venta de fruta y leña, o trabajan de obreros en la ciudades. La roya dejó diezmado el parque cafetalero migueleño.
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Pocos en las fincas.  En el cerro El Limbo y alrededores la actividad de corta de café en las fincas era pujante, pero el panorama cambió radicalmente con la llegada un brote agresivo de la roya en 2012, que obligó a los productores a cortar los árboles infectados, teniendo que esperar tres años para que retoñen.

Pocos en las fincas. En el cerro El Limbo y alrededores la actividad de corta de café en las fincas era pujante, pero el panorama cambió radicalmente con la llegada un brote agresivo de la roya en 2012, que obligó a los productores a cortar los árboles infectados, teniendo que esperar tres años para que retoñen.

Roya.  Los datos oficiales indican que a escala nacional la roya del café provocó una caída en la producción del 60.2 %, mejorando en los últimos meses 31.4 %. Pero el daño ya estaba hecho.

Roya. Los datos oficiales indican que a escala nacional la roya del café provocó una caída en la producción del 60.2 %, mejorando en los últimos meses 31.4 %. Pero el daño ya estaba hecho.

Muy poco.  Los pocos árboles de café que aún logran producir en las fincas del cerro El Limbo solo alcanzan para obtener unas 50 libras por familia, $2.50 diarios.

Muy poco. Los pocos árboles de café que aún logran producir en las fincas del cerro El Limbo solo alcanzan para obtener unas 50 libras por familia, $2.50 diarios.

Esperando.  Los finqueros esperan que los árboles podados hace tres años den brotes que produzcan pronto. También han adquirido plantines más resistentes a la roya.

Esperando. Los finqueros esperan que los árboles podados hace tres años den brotes que produzcan pronto. También han adquirido plantines más resistentes a la roya.

Sin trabajo 7 de cada 10 cortadores en Chinameca

Sin trabajo 7 de cada 10 cortadores en Chinameca

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Hace menos de una década el cerro El Limbo, en Chinameca (San Miguel), estaba rodeado de cafetales que eran la principal fuente de empleo y sustento para las familias de la zona, pues los residentes de las comunidades aledañas eran empleados en las fincas como cortadores del grano de oro y jornaleros que mantenían limpio y abonado el parque cafetalero y el bosque, que además les daba sombra.

Durante ese período, la temporada de cortas era esperada con ansias, pues significaba que comenzaban a generarse ingresos familiares, e incluso el dinero obtenido era la principal fuente de recursos para aquellas mujeres que no tenían otra manera de emplearse fuera de sus hogares.

Algunos pobladores de Chinameca cuentan que el período de bonanza se fue extinguiendo lentamente, hasta que llegó la crisis mayor, surgida hace cinco años con el rebrote de la roya (hongo que afecta y bota las hojas de los cafetos). Este hongo diezmó árboles antiguos de las variedades pacas, pacamara y bourbón, hasta barrer con la mayoría de los cafetales de todo el país.

Los datos oficiales indican que a escala nacional la roya del café provocó una caída en la producción del 60.2 %, mejorando en los últimos meses 31.4 %. Pero el daño ya estaba hecho y el ciclo 2013/2014, por ejemplo, reflejó la cosecha más baja en la historia con 700,025 quintales (qq), con un rendimiento de 3.5 quintales por manzana (mz). El anterior ciclo cafetalero había cerrado con 1.73 millones de qq y una producción de 8.8 qq/mz.

Estos números macro fueron el reflejo tácito de la crisis que llegaba a los hogares de los cortadores. Y se agravaba. Las familias que cortaban en el cerro El Limbo y sus alrededores entre 3 y 4 quintales (100 libras por quintal) en un día, y ganaban entre $15 a $20 diarios, se tuvieron que conformar con cortar dos arrobas (50 libras), que equivalen a $2.50 diarios.

“De 100 familias que cortaban en nuestra comunidad solo 25 se fueron a las fincas. El resto nos quedamos en la casa, haciendo otras tareas, porque ya no sale mucho café y no tiene cuenta ir a cortar”, relata Marta Julia Moreira, pobladora del cantón Jocote Dulce, ubicado en el cerro El Limbo.

La mujer, quien es líder de su comunidad, relata que hace apenas un par de años los seis miembros de su familia se iban a las cortas durante noviembre, diciembre y enero, pues así obtenían dinero extra para comprar artículos del hogar o herramientas de labranza, y además les alcanzaba para guardar unos dólares para la temporada en que no había mayor actividad en las fincas, o aún no llegaba la cosecha de granos básicos.

Joel Arturo Villalobos, habitante del cantón Ojo de Agua, en Chinameca, dice que para los pobladores de la zona ya no es rentable ir a cortar café, por lo que se han dedicado a sembrar maíz y frijol en las empinadas laderas de la zona.

“Nos hemos dedicado a la agricultura porque la producción de café se ha reducido 70 %. Antes íbamos a cortar en familia y luego había trabajo el resto del año, en la limpieza de los cafetos y en el recorte de los árboles de sombra”, explica el agricultor.

Villalobos asegura que ya no vale la pena salir a las 5 de la madrugada de su casa y luego caminar durante una hora hasta llegar a las fincas de café para cortar el equivalente a $2.50 al día, por lo que prefieren cuidar sus milpas y frijolares, cosechando para la subsistencia de la familia y para vender en la plaza local.

El jefe de la Unidad de Medio Ambiente y Gestión de Riesgo de la Alcaldía de Chinameca, Carlos Humberto García, explica que el problema en las fincas de café derivó de la crisis del rebrote de roya, que inició hace cinco años y que obligó a los finqueros a tomar medidas drásticas, que incluyeron cortar los árboles contaminados para sembrar nuevas especies más resistentes a las enfermedades y hongos.

“Los árboles que se infectaron con roya fueron cortados a una altura de medio metro y para que estos vuelvan a retoñar y producir café hay que esperar tres años. Ya se cumplió el primer año desde que los finqueros hicieron eso, así que hacen falta al menos dos años más para que se comiencen a ver los resultados”, detalla el empleado municipal.

García agrega que las personas que antes laboraban en las fincas de café en la zona de Chinameca han debido adaptarse a la escasa producción del grano de oro y han modificado sus labores, a fin de obtener el dinero necesario para la subsistencia.

Es por ello que ahora hay más familias que se dedican a la agricultura y los jóvenes que antes lo hacían se desplazan hacia las ciudades para trabajar en labores de construcción, vigilancia privada, limpieza de carreteras y chapoda de árboles. Mientras que las mujeres compran frutas en las fincas y salen con sus canastos hacia las ciudades más cercanas, para venderlas en los mercados locales.

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