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Sindicalistas agreden a ciudadano que les reclamó

Un hombre que llevaba pan dulce para vender fue capturado por la protesta de sindicalistas. Le rociaron gas pimienta y lo golpearon.
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Impunidad sindical.  1. Después de recibir un botellazo en el rostro, el ciudadano sube a su vehículo para reclamar. 2. El hombre de sombrero le echó gas pimienta en los ojos. 3. Otros manifestantes le echan agua, pero complican la reacción. 4. Frustrado, muestra su trasero. 5. Les arroja pan dulce, en protesta.

Impunidad sindical. 1. Después de recibir un botellazo en el rostro, el ciudadano sube a su vehículo para reclamar. 2. El hombre de sombrero le echó gas pimienta en los ojos. 3. Otros manifestantes le echan agua, pero complican la reacción. 4. Frustrado, muestra su trasero. 5. Les arroja pan dulce, en protesta.

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La frustración de un emprendedor salvadoreño al quedar atrapado por la protesta de un grupo de sindicalistas que se opone a la aprobación de la ley de servicio público (que establece mayores estándares para los empleados estatales y municipales) lo llevó a reclamar para que lo dejaran pasar con su vehículo por la alameda Juan Pablo II.

Sin embargo, los supuestos empleados públicos empezaron a insultarlo, a burlarse de él y a dar golpes en la carrocería de su automóvil.

En medio de su reclamo, un sindicalista que usaba camiseta celeste le lanzó con fuerza al rostro un botellón plástico para callarlo con violencia.

"¡Callate, calmate!", le gritaban.

El hombre recogió la botella y la arrojó hacia el lugar donde había estado su agresor, pero este ya había huido y se había mezclado con la multitud.

Su impotencia iba en aumento. En señal de protesta se subió al techo de su carro y empezó a reclamar, cuando fue atacado con gas pimienta por otro sindicalista, uno que usaba lentes oscuros, un sombrero café y camiseta blanca. Entonces fue que empezó a gritar de rabia.

Tan pronto como sintió las molestias en los ojos, el hombre fue bajado del vehículo y recibió asistencia. Uno de los manifestantes le echaba agua para lavarse el rostro, a pesar de las voces de advertencia de que el agua empeoraría la reacción química.

Los manifestantes permanecieron viendo la escena, incluyendo al hombre que lo había rociado con el aerosol, quien guardó rápidamente el recipiente en el bolsillo izquierdo de su pantalón, tras cometer la agresión.

El hombre seguía quejándose. "¡País mierda!", gritó, y lloraba profusamente, de indignación y coraje. Los sindicalistas seguían burlándose de él y diciéndole loco.

Acorralado, sin poder salir del embotellamiento que habían creado los hombres y mujeres que se oponen a mejorar el nivel de los servidores públicos, el hombre se subió al capó de su carro, dio media vuelta y se bajó los pantalones frente a los manifestantes, en señal de protesta.

Más tarde, tomaría el pan dulce que llevaba en el interior de su vehículo y empezó a lanzárselo, gritándoles "¡muertos de hambre!"

Las burlas seguían, hasta que, hastiados, decidieron dejarlo ir. El hombre pudo dar vuelta en la alameda Juan Pablo II y se incorporó a su trabajo.

Los sindicalistas, minutos después, desmontaron el bloqueo de la calle y se dispersaron.

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