Sobre el picudo de los pinares Dendroctonus frontalis

La semana pasada LA PRENSA GRÁFICA abordó en dos páginas el problema que está dañando los pinares del país, principalmente en los departamentos de Chalatenango, Santa Ana, Morazán y La Unión.
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Sobre el picudo de los pinares Dendroctonus frontalis

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Tengo muchos años de conocer tal plaga, pues desde mis años de estudiante en Zamorano, Honduras, ya se conocía que, junto con los incendios, eran las principales causas del daño de tales coníferas. Recuerdo que en relación con los incendios se editó una estampilla que decía: “La ceniza no se exporta”.

Viajando hacia el norte de Honduras, saliendo por Citalá, y una vez pasando Ocotepeque, en El Portillo y El Güisayote, me regocijaba observando los pinares verdes y en macizos muy tupidos, pero de pronto veía una zona totalmente quemada. Y es que allá inmediatamente detectan un sitio en donde los pinos se están secando por daños del gorgojo, de inmediato lo circulan y le dan fuego al pinar con problema en un área más grande que la que ha sido atacada.

Ejemplo: si los árboles dañados abarcan una tarea, no es raro que rodeen dos manzanas y las quemen. Si son unos pocos árboles, entonces los derriban y en el suelo los fumigan con insecticidas. Si el grosor de los árboles vale la pena, los descascaran, asierran la madera y queman los descostillos.

Pero en Honduras los pinares son tan extensos que pueden hacer lo anterior sin inmutarse. Entre 1948 y 1951, cuando era estudiante, por las noches veía que en las serranías se presentaban grandes incendios y la gente esperaba a que lloviera para que se apagaran.

Ahora, si tales incendios se presentaban en el cerro Uyuca, propiedad de Zamorano, de inmediato sonaba la campana y, los alumnos, sin importar la hora, nos transportábamos en un camión dispuestos a apagar el incendio, y no regresábamos hasta no haber hecho el trabajo completo.

Suponiendo que regresáramos a las 12 de la noche, a las 5 de la mañana nos levantábamos listos a desayunar, y luego nos presentábamos a los sitios de trabajo como si nada hubiese pasado. Para nosotros era normal atender de tres a cuatro incendios durante el verano; es por ello que los pinares de Zamorano son dignos de ver y se les conoce como productores de agua para el valle del río Yaguare, pues el pino crece en tales tipos de suelo donde difícilmente lo haría otro cultivo.

Ahora, dentro de nuestras clases de silvicultura, estudiábamos los bosques y sus problemas y en entomología conocíamos que el Dendroctonus frontalis es una de las principales plagas de los pinares, abarcando los Estados Unidos, México y Centroamérica.

Tal plaga es un minúsculo gorgojito de apenas tres milímetros que perfora la corteza y la madera de los árboles, pero su control, si las plantas son pequeñas, sería fácilmente combatido con algún químico, por ejemplo Malathion, dada su baja toxicidad, e incluso con algunos piretroides que tienen acción contra picudos.

Cuando los árboles son grandes, la tarea de emplear químicos ya no es factible, debido a la altura de las plantas, y aún en países más avanzados nunca vi que usaran helicópteros.

He tenido experiencias locales en el combate de tal plaga en pinos que se tienen en el Club Campestre, en el volcán de San Salvador y en el cerro de San Jacinto, y simplemente es de eliminar los árboles dañados, y una vez en el suelo fumigarlos con químicos. Si son gruesos, puede aprovecharse su madera.

En Comasagua, en la residencial Pontresina, a la entrada había dos árboles de pino que tenían más de un metro de diámetro y veinte metros de alto. Ante consulta de los dueños, no hubo más recomendación que botarlos, fumigarlos en el suelo, aserrarlos y todo el descostillo quemarlo.

Sé lo que representa tal plaga, y sería muy del caso escuchar alguna recomendación de OIRSA, que conoce los problemas fitosanitarios en toda la región centroamericana, México y el Caribe.

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  • gotas agrícolas
  • picudo de los pinares

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