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Sobrevivir a una privación de libertad

Karla (nombre ficticio) recién salía de estudiar una tarde de noviembre cuando una compañera de grado le pidió que la acompañara a ver a su tía en la colonia Vista al Lago, en Cojutepeque, y ella aceptó. Cinco pandilleros les salieron al paso en un camino rodeado de maleza y les dijeron que caminaran hacia una vivienda que quedaba cerca. La vendaron.
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Cojutepeque uno de los municipios más violentos de El Salvador

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Los pandilleros la ataron de manos con una soga, la revisaron y le dijeron que la matarían si le encontraban tatuajes de la otra pandilla. Mientras que a su compañera de grado no le hicieron nada, “porque ella era parte de la trampa”. Esta, según relata Karla, consistía en que la joven fuera llevada por ese camino para que los pandilleros la violaran y quizá también para matarla, cuenta. Pero no fue así. En ese momento aparecieron agentes de la Policía y los pandilleros corrieron. Con ellos también huyó su compañera de clases. A Karla la subieron a un carro de la Policía y le preguntaron si podía reconocer a los que la habían privado de libertad, y ella dijo que sí. Entonces fue llevada a un predio baldío donde habían ubicado a pandilleros y la joven los reconoció. Los policías se bajaron y les ordenaron que se colocaran contra una pared, pero los pandilleros sacaron sus armas y comenzaron a disparar mientras huían una vez más. Al huir, un pandillero observó que Karla se refugiaba en el carro. Esa misma noche llegó su compañera de grado a buscarla con un recado de parte la pandilla: le dijo que “por soplona” la matarían.A partir de ese día Karla ya no salió de su vivienda. Por el temor, abandonó la escuela y perdió su año escolar. “Es feo tener que dejar de estudiar y pasar todo el tiempo encerrada en casa por el miedo a que si salía me podían matar en la calle o afuera de la escuela”, dice Karla, y agrega: “No tengo ni idea por qué me querían revisar y secuestrar aquella tarde de noviembre, porque yo nunca he andado metida en pandillas, y si conozco a los pandilleros de mi colonia es porque conmigo crecieron y uno los saluda y les habla porque tampoco hay que mostrarles miedo o dejar de hablarles”. Karla volvió a salir de casa hasta un par de años después, a partir de un día que le contaron que la cabeza de su excompañera fue encontrada en Ilobasco, en el departamento vecino de Cabañas, y el cuerpo en un basurero de Cojutepeque. También le contaron que los que la buscaban poco a poco fueron llevados a la cárcel o asesinados. “Hoy ya no tengo miedo de salir. Salgo a la iglesia y salgo a comprar sin temor”, dice.La historia de Karla, según reconoce el alcalde interino de Cojutepeque, Mario Benavides, se repite a menudo, y la mayoría de veces los jóvenes de las colonias de alto riesgo corren peor suerte que ella porque “frecuentemente son los jóvenes los que aparecen muertos”. Benavides agrega que es por eso que la alcaldía ha identificado siete colonias como las más peligrosas: Vista al Lago, Fátima, San Antonio, Reparto Las Alamedas, Barrio San José, cantón Jiñuco y cantón Cujuapa. En esos lugares la alcaldía, con ayuda internacional, ha instalado Centros de Alcance donde se imparten charlas de prevención de violencia, talleres vocacionales, refuerzos de materias e incluso tienen computadoras con acceso a internet gratis. Benavides dice que en la alcaldía tienen la expectativa de que cuando se implemente el Plan El Salvador Seguro en Cojutepeque, ningún joven más tenga que abandonar la escuela por amenazas de pandillas, como le pasó a Karla, y se apoyen proyectos como los Centros de Alcance.

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