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“Solo el miedo impide que me vaya”

Ni las oportunidades de desarrollo que tiene en el país ni los lazos con sus amigos y familiares que todavía le quedan en El Salvador son suficientes. Lo único que detiene a un joven de alrededor de 20 años para no realizar el viaje ilegal hacia Estados Unidos es el miedo que le dejaron dos deportaciones consecutivas. Muy a pesar de haber estado cerca de violaciones y otras tragedias, y de su participación en una campaña para desmotivar la migración, Vladimir sabe que su futuro no está en El Salvador, y vive con la esperanza de que su madre pueda solventar su traslado legal hacia Estados Unidos.
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Sensibilización.  El joven participó en la campaña promovida por ONG, empresas y la embajada de Estados Unidos.

Sensibilización. El joven participó en la campaña promovida por ONG, empresas y la embajada de Estados Unidos.

“Solo el miedo impide que me vaya”

“Solo el miedo impide que me vaya”

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Vladimir no tiene recuerdos conscientes de su infancia junto a su padre y su madre. Al primero lo mataron cuando él tenía apenas tres meses de nacido. Tres meses después, su madre decidió dejarlo junto con sus dos hermanos al cuidado de su abuela para emprender el viaje hacia Estados Unidos.

Poco a poco, su mamá fue planificando el viaje de reencuentro con sus hermanos. Ambos tuvieron éxito en sortear las dificultades de la ruta del migrante.

“No quería estar acá porque me sentía solo. Se me metió que me quería ir, que no quería estar con nadie porque no había nadie acá”, dijo el joven.

A los 16 años, Vladimir decidió emprender el viaje. Su familia en el Norte le envió $10,000 para contratar a un coyote.

La primera vez, recuerda, logró llegar hasta Guatemala, donde los identificaron y los deportaron. Pero fue el segundo intento el que lo marcó.

Decidió partir un 3 de diciembre calculando que podía estar celebrando esa Navidad conociendo a su madre y reencontrándose con sus hermanos en Estados Unidos.

“Pasé el peor 24 de diciembre: lo pasé en un cerro, viendo el cielo en México, eran las 11:50 de la noche y toda la gente empezó a llorar. Mi sueño era estar ese 24 ya con mi mamá”, dijo el joven mientras movía entre las manos un volante con mensajes para desmotivar la migración indocumentada.

Vladimir pasó la frontera de Estados Unidos y fue detenido. A los pocos días estaba de vuelta en El Salvador.

El joven dijo que cuando pensó que no podía estar más solo sufrió la muerte de su abuela y pasó a estar bajo la custodia de su tía materna, a quien ahora le llama “mamá”.

Vladimir pudo conocer a su madre a los 18 años. Desde ese momento supo que no había otra cosa por qué pelear más que seguir tras el horizonte del amor de su madre y la posibilidad de un futuro pleno en Estados Unidos.

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