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Solo quiso que la gente no sufriera tanto”

Salvador Samayoa reitera con fuerza que nadie tiene derecho a utilizar la figura del beato Romero fuera de su ejemplo de vida.
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Salvador Samayoa asegura, ante la inminente canonización de Óscar Arnulfo Romero, que, para entender el servicio pastoral del ahora beato, basta con hablar de su sensibilidad, de su solidaridad y de la fuerza volcánica de su personalidad.

¿Qué significado tiene para el país la canonización de Romero, si se tiene en cuenta su trabajo por los derechos humanos y su voz de denuncia en los momentos de la guerra civil?

No creo que el significado de la canonización para el país tenga que ver tanto con la denuncia que hizo en su tiempo. El valor cristiano más profundo de su vida fue sentir y estar con los más pobres, con los humildes, con los oprimidos. Fue esa opción pastoral la que lo llevó a ser una “voz de denuncia”, pero la denuncia como tal no fue su definición fundamental.

La canonización es solo la continuación de un sentido de orgullo nacional y de alegría espiritual que ya experimentó el país con la beatificación, especialmente, aunque no exclusivamente, en los sectores populares. La vida de Romero no es más o menos porque el Vaticano le reconozca sus méritos, pero para las personas sencillas es importante tener un santo que sin duda sienten más cerca, y una visión de la santidad que pueden comprender mejor.

Romero es elevado a reconocimiento mundial, pero el país sigue sumergido en aspectos económicos difíciles, violencia, desigualdad social. Entonces, ¿cómo capitalizar ese legado?

Ahora las capas medias son mucho más anchas que en los ochenta, pero todavía hay mucha pobreza, extrema pobreza que debiera ser inaceptable para cualquier hombre de bien. La violencia de ahora es diferente a la de aquellos años en los que la fuerza pública reprimía al pueblo para preservar privilegios de las élites. Ahora las pandillas matan para cobrar una renta o dominar un par de calles en un barrio popular. Son pobres depredadores de pobres. Esta violencia debiera ser más fácil de erradicar con mayor solidaridad, lucidez y voluntad. Los cristianos podrían hacer más efectiva la voz y el legado de Romero, su vehemencia contra la violencia como inspiración, pero también como exigencia de respeto a la vida, de cese a la amenaza y al atropello permanente de la dignidad de tanta gente.

Personalmente, ¿cuál es su evaluación sobre la doctrina religiosa y social de Romero?

No soy experto, pero no creo que Romero tuviera una doctrina religiosa y moral particular. Tengo al obispo mártir como un hombre sencillo, un hombre de Dios que solo quiso hacer el bien, que solo quiso que la gente no sufriera tanto, que el país saliera de la espiral de violencia demencial y se abriera un horizonte de paz y de justicia social. No hay que buscar tanta teología detrás de su servicio pastoral. Fue más importante su sensibilidad, su solidaridad y la fuerza volcánica de su personalidad.

¿Podría haber una incidencia política por estar en un momento electoral?

No creo. A pesar de intentos pasados de utilización política de la imagen de Monseñor, de manera particularmente abusiva en el gobierno anterior, ha terminado privando el respeto y el reconocimiento de la orientación eminentemente pastoral de su labor. Todos tienen derecho a admirarlo y a citarlo. Nadie tiene derecho a utilizarlo.

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