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Soy agente del CAM y víctima de acoso sexual

Esa noche, como todas en las que estoy de servicio, me senté frente al escritorio de la comandancia (del Cuerpo de Agentes Municipales CAM de Panchimalco) para escribir las novedades del día en el libro de bitácoras. Ricardo Ponce, mi supervisor, ingresó al cuartito y me dijo que apagara las luces, pero como no lo hice las apagó él. Luego se acercó a mí e intentó violarme.
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Acoso sexual. El supervisor del CAM de Panchimalco enfrentó una audiencia inicial, por el delito de acoso sexual en contra de una subalterna. El juzgado le concedió medidas alternas a prisión, aunque su caso continuará en Instrucción.

Acoso sexual. El supervisor del CAM de Panchimalco enfrentó una audiencia inicial, por el delito de acoso sexual en contra de una subalterna. El juzgado le concedió medidas alternas a prisión, aunque su caso continuará en Instrucción.

Soy agente del CAM y víctima de acoso sexual

Soy agente del CAM y víctima de acoso sexual

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Eran como las once y veinte de la noche, de ese 13 de marzo del año pasado. Era la hora en que todas las oficinas de la alcaldía ya tenían que estar cerradas y mis compañeros también tenían que estar desplegados en distintos puntos: unos en la alcaldía y otros en el Distrito Uno de Los Planes de Renderos.

Fue a esa hora en que Ricardo ingresó a la comandancia, y que en medio de la oscuridad se acercó y comenzó a tocarme los brazos. Me sentí incómoda y se lo dije, pero no le importó. Después me rodeó con sus brazos, como si me estuviera abrazando. Otra vez me sentí incómoda y se lo dije, pero de nuevo no le importó.

Estando a la fuerza entre sus brazos, a oscuras y sin compañeros cerca, acercó su rostro al mío e intentó besarme en los labios. En ese momento le dije, muy disgustada: “¿Qué le pasa Ricardo?”.

Él me dijo que lo que le pasaba era que quería tener relaciones sexuales conmigo. Yo le respondí que no, y que tenía que pensar en su esposa y su hijo. Me quité sus brazos de encima, y decidí abandonar mi puesto e ir a encerrarme al cuarto de descanso.

Antes de que yo saliera de la comandancia me dijo que esto iba a ser “un secreto” entre él y yo, y que no tenía que decirle a nadie lo que me había dicho e intentado. Que si decía algo me iba a ir mal, que iba a tener graves consecuencias. En otras palabras, me amenazó con hacerme la vida imposible en el trabajo, si yo denunciaba el acoso.

Me fui al cuarto de descanso y me quedé pensando en que esto no podía quedarse como un secreto entre él y yo. Es que no era posible que el mismo Ricardo, que me dio una capacitación sobre el respeto en el trabajo, fuera el mismo que me irrespetara y acosara sexualmente. Ese mismo Ricardo me dijo que no tenía que involucrarme sentimentalmente con ningún compañero. Así que al final decidí platicar con la encargada de la Unidad de la Mujer de la alcaldía.

En la unidad me escucharon y apoyaron, tanto que elaboraron un informe para que el Instituto para el Desarrollo de la Mujer (ISDEMU) conociera del caso. El ISDEMU, por su parte, notificó a la Fiscalía General de la República (FGR) para que investigara. Pero desde la denuncia que hice en la unidad, mi situación laboral poco a poco empeoró. Las jefaturas, incluido el alcalde, han querido hacer ver que he sido una escandalosa, que he inventado todo esto del acoso sexual y que esto no es la gran cosa.

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La Fiscalía, luego de recibir la notificación del ISDEMU, comenzó las investigaciones el 3 de noviembre del año pasado. Entrevistó a la víctima y llegó a la alcaldía a indagar. Desde ese día hasta el jueves 19 de enero de este año, la fiscal del caso y una investigadora policial lograron reunir elementos para iniciar un proceso judicial en contra de Ricardo Ponce por acoso sexual, por lo que la Fiscalía giró instrucciones a la Policía Nacional Civil (PNC) para que lo capturara y lo pusiera a las órdenes del Juzgado de Paz de Panchimalco.

La Policía, cumpliendo con la orden, localizó a Ponce ese mismo día en el Distrito Uno de la alcaldía, en Los Planes de Renderos, donde se encontraba de servicio. Los oficiales llegaron al lugar y le dijeron que se cambiara el uniforme del CAM por otra ropa. Luego lo esposaron y le explicaron que quedaba detenido por acoso sexual en contra de su subalterna. Ponce permaneció detenido desde el jueves hasta ayer, en la subdelegación de Panchimalco.

El juzgado señaló que la audiencia inicial en su contra tenía que celebrarse ayer en la mañana, por lo que la Policía lo trasladó, con una camisa en la cabeza para que nadie en el centro de Panchimalco lo reconociera, hacia su compromiso judicial.

La fiscal del caso dijo, al finalizar la audiencia, que el proceso continuará en la siguiente etapa judicial, a cargo del Juzgado Noveno de Instrucción de San Salvador, y que hay evidencias de que Ponce cometió acoso sexual y que la víctima no mintió.

“La jueza determinó que el imputado tendrá medidas alternas a la detención provisional, a pesar de que Fiscalía pidió la detención provisional, ya que contamos con suficientes elementos, tanto testimoniales, periciales y documentales, de que hubo acoso sexual”, dijo la fiscal del caso.

Entre las medidas que fueron impuestas a Ponce está que no se puede acercar a la víctima, no puede tener comunicación con ella, no puede cambiar de domicilio mientras el proceso en su contra continúe, no puede salir del país, no debe actuar en represalia en contra de la víctima y tampoco debe influir en sus jefaturas para tomar represalias.

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Creo que denunciarlo ha sido la mejor decisión en este caso, porque debe haber justicia. Pero la denuncia también ha significado un calvario para mí, en lo laboral. El director del CAM y los jefes me han dicho expresamente que estoy “en la mira” para ser despedida. El director, después de darse cuenta de que yo había denunciado, me dijo una vez: “Ya tengo orden del alcalde para despedirte”.

Según argumentaron, la única razón que tienen para despedirme es que he sido escandalosa con este caso y que irrespeté la jerarquía, ya que no le dije al director o a los jefes inmediatos, sino que me fui directo a la Unidad de la Mujer en la alcaldía. Sí, es cierto, me fui directo, porque no tengo confianza en los jefes inmediatos para decir estas cosas.

Por la denuncia, me han enviado sin arma a lugares con presencia de pandillas. En esos lugares me he sentido expuesta y con el miedo de perder la vida. Los borrachos, que son un problema en el pueblo, se ponen violentos cuando se dan cuenta de que uno no porta armas. Prácticamente me han aislado y acosado laboralmente. Dicen que lo que pasa conmigo es que nunca pude llevarme con mi supervisor y que todo se trata de un malentendido.

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José Antonio Prado, uno de los abogados de Ponce, dijo ayer a este periódico que el caso se trata de una nimiedad y problema entre jefe y subalterna.

“Lo que sucede acá es que en el fondo todo es un problema personal. Entre jefes y empleados siempre hay fricciones, siempre hay renuencia para con el jefe”, dijo el abogado al salir de la audiencia.

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Yo sé que todo esto me costará mi empleo. Aquí a las mujeres les llaman mentirosas cuando denuncian acoso sexual. Por eso quiero dejar un precedente, porque a las mujeres nunca nos creen y nos dicen que somos escandalosas, y que no es para tanto que un hombre te toque los brazos, o te intente besar, o te diga que quiere tener relaciones sexuales a la fuerza. Estoy dispuesta a llegar hasta las últimas consecuencias para conseguir justicia.

Tags:

  • delitos sexuales
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