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Sugieren diplomacia más inteligente entre FMLN y Republicanos

Políticos y analistas coinciden en que el gobierno del FMLN deberá medir sus discursos ante un nuevo presidente estadounidense que no muestra la tolerancia que caracterizó a Barack Obama.
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La historia política y diplomática de El Salvador vuelve a tener un episodio de “primera vez”. En esta ocasión, el primer partido de izquierda que gobierna el país, el FMLN, tendrá que establecer y mantener relaciones diplomáticas con un gobierno del Partido Republicano. Y la situación tiene un viceversa: de igual manera, el Partido Republicano estadounidense tiene frente a sí a un partido de izquierda que gobierna a El Salvador.

Si bien esta situación desde la perspectiva política se pinta curiosa, como indican políticos salvadoreños, no lo es tanto cuando visualizan los riesgos que surgen ante la posibilidad de que no exista tolerancia entre los dos partidos y, por ende, los gobiernos. El primer gran riesgo es la situación de los inmigrantes salvadoreños indocumentados en Estados Unidos, luego de las declaraciones reiteradas del presidente electo de ese país, Donald Trump, sobre su intención de deportar a todo inmigrante indocumentado que tenga un expediente judicial.

Asimismo, el Estatus de Protección Temporal (TPS, siglas en inglés) para miles de salvadoreños que se han acogido a este programa y sobre el que recientemente se aprobó una prórroga más por 18 meses corre el peligro de no volverse a ampliar si los dos gobiernos no encuentran la fórmula para tener unas buenas relaciones políticas y diplomáticas.

Y el comercio no deja de preocupar a los políticos salvadoreños, cuando recuerdan a Donald Trump hablando de revisar los tratados de libre comercio que tiene suscritos Estados Unidos. El tratado que ese país tiene con Centroamérica, en el que se incluye El Salvador, no escapa de los ojos de Trump.

Todas las áreas en juego, comentan los políticos y analistas, deben tomarse con la seriedad requerida y es precisamente el partido en el gobierno, el FMLN, el que debe reflexionar sobre sus discursos, principalmente cuando se trata de respaldar el espíritu “antiestadounidense” que profesan los gobiernos amigos del FMLN, como el de Venezuela y los que acuerpan el modelo del Socialismo del Siglo XXI, ya que no se sabe sobre el nuevo gobierno.

“El FMLN tiene que ubicarse. El FMLN tiene que comprender que relaciones diplomáticas independientes y soberanas no son lo mismo que relaciones diplomáticas hipócritas. Y si El Salvador, con un gobierno del corte que tiene el FMLN, se relaciona con un gobierno del corte que tiene el presidente electo Donald Trump, podemos esperar grandes cambios en la política exterior norteamericana”, comenta la excanciller salvadoreña Margarita Escobar sobre su percepción de las nuevas condiciones políticas que enfrenta el FMLN como gobierno.

Para Escobar, no será extraño que un gobierno del Partido Republicano en Estados Unidos sea mucho más exigente con El Salvador en materia migratoria, de seguridad y materia fiscal.

Incluso el mismo presidente de la República, Salvador Sánchez Cerén, vislumbra una probable situación política de tensión entre los gobiernos, de forma precisa por el discurso del presidente electo Trump acerca del futuro de los inmigrantes.

“Sé que aquí hay muchas personas y familias que tienen sus hijos, hermanos y padres en Estados Unidos, y que con la nueva dirección de Estados Unidos todo el mundo está preocupado. Incluso Naciones Unidas nos planteó preocupación porque tenemos una gran cantidad de inmigrantes que están en situación irregular en dicho país. Hay preocupación porque deporten a esos miles de salvadoreños”, comentó el presidente hace unas semanas.

Ante esos riesgos, los políticos salvadoreños le piden prudencia al FMLN, precisamente porque no se tiene garantía de estabilidad migratoria con Trump.

“No se puede permitir el representante de la diplomacia salvadoreña cometer desatinos en su relación con Estados Unidos, no se lo puede permitir porque sería en detrimento de los salvadoreños”, manifiesta Rodolfo Parker, diputado y dirigente del Partido Demócrata Cristiano (PDC).

Otro diputado del congreso salvadoreño recuerda que si bien existe la libertad de expresión y que las relaciones diplomáticas tienen aspectos de flexibilidad, no se debe abusar de las posturas. Mario Ponce, del PCN, cree que el FMLN, como partido de gobierno, “debe ser muy cuidadoso, y aunque existe la libertad de expresión, debe ser muy cuidadoso con sus señalamientos contra funcionarios norteamericanos y debe entender que ya no habrá un Barack Obama tolerante en ese sentido”.

“No hay dictadura de izquierda”

Los políticos coinciden en otro punto sobre la nueva relación FMLN y Partido Republicano: el partido en el gobierno de Estados Unidos deberá comprender a su vez que si bien en El Salvador hay un gobierno con una ideología de izquierda, eso no refleja que la población salvadoreña completa está volcada a la izquierda ni tampoco que en El Salvador se vive una dictadura.

“Si bien en El Salvador gobierna un partido de izquierda, eso no quiere decir que El Salvador entero sea de izquierda, o que El Salvador es un país comunista. No somos Nicaragua ni Venezuela ni Cuba. No creo que el gobierno republicano deba tener temores con El Salvador”, dijo el diputado Ponce.

Los analistas políticos Roberto Rubio (FUNDE) y Roberto Burgos (DTJ) señalan que el Partido Republicano va a exigir cuentas claras y será más estricto en el cumplimiento de convenios con El Salvador. Los ojos de senadores republicanos sobre El Salvador ahora van a tener mayor influencia ya que el Republicano tiene mayoría en las dos cámaras del Congreso.

El canciller Hugo Martínez, sobre quien ahora cae el peso de la relación El Salvador-Estados Unidos del lado salvadoreño, no se lo toma con preocupación. “Hay otros gobiernos que tienen una ideología diferente al gobierno del FMLN en varios de los 135 países con los que tenemos relaciones y eso no ha sido ningún impedimento para que tengamos programas de cooperación, comercio, inversión”, responde un canciller muy despreocupado al preguntarle por los riesgos.

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