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Talchiga lleva 20 años esperando tener una escuela apropiada

El MINED reconoce que se debe mejorar la infraestructura y afirma que da pasos en ese sentido. Otro centro escolar de Morazán tiene la misma solicitud.
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Talchiga lleva 20 años esperando tener una escuela apropiada

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Martes, 11 de la mañana. En una improvisada casa que tiene algunas paredes de adobe, otras de lámina y madera, una afanada maestra imparte clases a cuatro grupos de alumnos. En cada jornada de clases la profesora cubre la labor de cuatro docentes, porque es la única y debe ingeniárselas para atender a los cuatro grupos, que suman 26 estudiantes de diferentes grados.

La improvisada escuela está ubicada en el caserío Talchiga, del cantón Tierra Colorada, municipio de Arambala, del oriental Morazán. Para llegar a la comunidad, si no se transporta en vehículo, debe caminar aproximadamente dos horas desde la parada de buses; quizás eso hace que el caserío sea más olvidado.

En Talchiga habitan 19 familias, de entre cinco y siete miembros cada una, y el ser una comunidad relativamente pequeña ha sido una de las justificaciones que, según los líderes del caserío, siempre les han planteado para no ayudarles a construir un centro escolar.

Aseguran que son 20 años los que llevan gestionando y tocando puertas en diferentes instituciones y organizaciones, para que les financien el proyecto educativo.

En la casa improvisada que sirve como escuela, y donde una sola maestra imparte las clases, el grupo de cinco niños que hacen su parvularia está en un espacio de 3 x 2 metros, y solo una pequeña puerta los divide de donde están los estudiantes de primero y segundo grado, quienes comparten espacio con los alumnos de quinto y sexto, en un espacio aproximado de 3 x 7 metros, y otra puerta los separa de los que estudian tercero y cuarto, quienes están en un área de 3 x 2 metros.

“El espacio no es el ideal para que los niños reciban clase, y les cuesta porque aunque no quieran siempre se interrumpen las clases de unos con los otros, porque como están unidos siempre están pendiente de la explicación que les estoy dando a los demás”, relata la maestra Griselda Amaya.

Cuando salen a receso, dos niñas, una de 10 años y la otra de nueve, comparten sus sueños: la primera quiere ser enfermera y la otra, maestra, inspirada en la vocación de su profesora por enseñar a los demás; ambas están seguras de que van a cumplir su meta, a pesar de los obstáculos que han encontrado en su educación inicial.

“Yo siento que he aprendido bastante, pero quisiéramos tener una escuela más grande porque casi estamos todos juntos. Además, no tenemos buenos servicios sanitarios ni una cancha para jugar, así como en otras escuelas”, dice Érika Landaverde, quien aspira a ser enfermera. Amalia Sánchez, quien sueña con enseñar a leer y a escribir, expresa que algunas veces han debido suspender las tareas cuando llueve, porque el viento hace que el agua entre a las pequeñas e improvisadas aulas donde se imparten clases hasta el sexto grado.

Si no existiera esa improvisada escuela en la comunidad los niños que tuvieran la voluntad y capacidad para salir a estudiar lo deberían hacer en las escuelas más cercanas; una está en el caserío Las Pilas, a una hora de camino desde Talchiga; y la otra es el Complejo Educativo Rancho Quemado, adonde para llegar hay que caminar una hora con 30 minutos.

“Yo solo pude estudiar hasta segundo grado porque para ir a la escuela debía caminar una hora, por eso quisiera que hubiera una buena escuela aquí en el caserío, para que mis hijos puedan salir más adelante en los estudios”, manifiesta María Hernández, una madre de familia. Ella tiene cinco hijos: dos estudian en la champa que sirve de escuela en el caserío Talchiga y dos más deben caminar todos los días hasta Rancho Quemado, porque uno va a séptimo grado y el otro a primer año de bachillerato.

Luis Alonso Méndez, director departamental del Ministerio de Educación (MINED) en Morazán, negó que a este caserío se le haya negado una escuela por ser una comunidad pequeña, y aseguró que ya se han dado los primeros pasos e iniciado el proceso para que dicho lugar a futuro pueda contar con su propio centro escolar con todas las condiciones pertinentes.

“Como ministerio nosotros hemos asignado una maestra de planta para que pueda atender a los niños; es más, creamos y certificamos la escuela y lo que sí hace falta es el tema de infraestructura”, señaló.

Según Educación, en Morazán hay otra comunidad que también está demandando la construcción de escuela, situada en el caserío Los Diamantes, del municipio de Guatajiagua, donde se ha tenido dificultades para legalizar el predio escolar y no se ha podido construir. Las dos demandas de construcción de escuelas se suman a las necesidades de mejora de la infraestructura escolar ya existente y de las 330 instituciones educativas con las que cuenta el MINED en Morazán.

Hasta la fecha ya se ha intervenido unas 175 con fondos de dicha cartera de Estado, aunque otras han sido reparadas por otros organismos e instituciones.

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