Trabajadores y estudiantes: crítica, desorden y reclamos

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“¿Estudiante reprobado?”, pregunta el dirigente con megáfono. “¡Seguro diputado!”, responden sus colegas, que no pasan de los 23 años. Las marchas del 1.º de mayo pidieron eso: servidores públicos más entregados.


Hubo una marcha en particular que también llamó a la justicia, pero con rostros cubiertos y daños a las fachadas de negocios, chalets e incluso a un vehículo de prensa. Ayer se cumplieron 131 años desde que un grupo de sindicatos en Estados Unidos hizo huelga general para exigir una jornada de trabajo de ocho horas. Lo que comenzó como una protesta pacífica, se convirtió en violentos encontronazos con la policía. Días después, los desórdenes terminaron en la ejecución de cinco sindicalistas y el encarcelamiento de otros tres. El Salvador es uno de los países que conmemoran a los trabajadores cada 1.º de mayo por ese episodio.


Desde las 8 de la mañana, los manifestantes salieron desde diferentes sitios de San Salvador. Empleados del sector público, del sector privado y movimientos de jóvenes caminaron hacia puntos simbólicos como el monumento a la Constitución, plaza Salvador del Mundo y el parque Centenario.


La marcha de los estudiantes de la Universidad de El Salvador (UES) salió desde la entrada donde está la estatua de Minerva, deidad del conocimiento para los romanos. Estudiantes de ingeniería, arquitectura, química y farmacia, periodismo, psicología, jurisprudencia y otros frentes multidisciplinarios como la BRES, FES, Convergencia, URES, Roque Dalton, UERS 30 y SETUES (incluye a trabajadores) caminaron con banderas, mantas, pólvora y batucada. Junto con ellos iban otros supuestos estudiantes que tenían previsto hacer otras actividades menos constructivas.“Como estudiantes de ingeniería pedimos a los señores diputados que consideren discutir y aprobar la ley del ejercicio profesional”, dijo Ulises Toledo durante la marcha. “No hay nada que nos protege cuando salimos al mercado laboral”, lamentó Toledo. Hay países en Centroamérica que sí tienen un conjunto de normativas que protegen a los profesionales, pero no sucede aquí en El Salvador. Mientras que Edwin Oliva exigió a las autoridades aprobar más fondos a la Universidad El Salvador, pues el país es uno de los que menos recursos públicos proveen a la universidad estatal. “El presupuesto es raquítico, necesitamos uno que sí ayude. Hay hasta 40,000 bachilleres que quieren entrar cada año”, detalló Oliva. También desde la entrada de Minerva salieron los veteranos de guerra, más unos sindicalistas que no están de acuerdo con el trabajo y comportamiento de los titulares de este Gobierno. “Se llenan sus bolsillos”, dijo José Amaya, sindicalista y empleado en el Ministerio de Educación. “Todos esos impuestos que ‘nos han trabado’ no se reflejan en obras para el pueblo y terminan en pocas manos”, dijo Amaya.Por su parte, el cabo Ricardo Martínez, destituido de la Policía Nacional Civil (PNC), denunció que en la institución están matando a los mismos agentes e incluso alterando escenas de crímenes. El ministro de Seguridad y Justicia, Mauricio Ramírez, dijo que no tenía conocimiento de estas acusaciones.


“¡C**o a tierra!”, llega el grito desde la línea de frente de la marcha estudiantil. “¿El qué?”, responden desde atrás. “¡Agáchense!”, es la respuesta. Los jóvenes bajan hasta acurrucarse y esperan. En segundos llega una fuerte detonación y, de inmediato, la orden es correr. Los chicos, acompañados de un par de académicos, corren hasta el final de esa calle gritando y con las mantas de sus organizaciones alzadas. Cuando llegan al punto, lo tradicional es comenzar a saltar. Durante todo el recorrido había breves pausas para las selfis, en pareja o grupal.Juntos, cada organización estudiantil inspiraba con las clásicas “alerta al que camina” y también coreaban que no querían convertir al país en una “colonia norteamericana”. Tenían sus versos propios que causaban risas entre los estudiantes, como “somos UES y les vamos a dar en la madre”. En la 25.ª avenida norte, los grupos de jóvenes tomaron caminos separados. Unos avanzaron hasta la plaza Salvador del Mundo, pero otros avanzaron en la 29.ª calle poniente, conocida como “la de los talleres”. Ahí comenzaron a manchar las paredes de viviendas y negocios con spray. Criticaron a ARENA, el FMLN y rechazaron a las pandillas.En este grupo, más violento, hubo quienes llenaron de grafitos un pick up de Telecorporación Salvadoreña y fingieron una escena de homicidio. Había muchachos en este grupo que llevaban máscaras del expresidente Alfredo Cristiani (1989-1994) y otros, del alcalde Nayib Bukele vistiendo una imitación de “kufiyya”, prenda tradicional de los musulmanes. Unos, en lugar de llevar máscaras, pintaron consignas en instalaciones de la alcaldía.



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