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Transparencia y burocracia juntas en la Asamblea

No fue posible. Tres días en la Asamblea Legislativa (AL) y no fue posible. No fue posible obtener el permiso para tener acceso a ver en detalle las camionetas asignadas a la junta directiva del congreso, quien declinó su uso al inicio de esta legislatura, junto al de $400 mensuales en combustible de los que podían disponer.
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Camionetas de lujo. Estas son las camionetas de lujo asignadas a los directivos de la anterior legislatura y que según la Asamblea serán subastadas.

Camionetas de lujo. Estas son las camionetas de lujo asignadas a los directivos de la anterior legislatura y que según la Asamblea serán subastadas.

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Cuando el presidente de la Asamblea Legislativa dijo que la prensa tenía acceso a ver las camionetas, sonaba con tal seguridad que parecía que en ese mismo momento uno podía ir y pedir que le dieran una vuelta en alguna de esas enormes Toyota Land Cruiser de más de $53,000 cada una.Son 13, las calientan cada tres o cinco días y están parqueadas en la Villa Dueñas.El miércoles fue el primer día que me acerqué a la gerencia de comunicaciones de la Asamblea y me dijeron con toda amabilidad que estaban en disposición de ayudarme. Tomaron mis datos y dijeron que llamarían en caso de que se concretara la posibilidad de verlas, examinarlas tanto por el interior, como por el exterior; tratar de entender por qué los directivos necesitan camionetas tan costosas habiendo carros con precios cómodos. Para un salvadoreño promedio, que gane un salario de $250, le costaría 212 sueldos, es decir, alrededor de 17 años y medio ahorrando cada centavo de sus pagas para comprar una sola camioneta.

Fue en esa primera visita donde me mandaron a la Villa Dueñas, para encontrar la forma de conseguir el aval. Únicamente me permitieron verlas por el exterior y no pudieron especificar cuál camioneta estaba asignada a cuál directivo en el pasado. Me aconsejaron abocarme a la jefatura de transporte, ahí guardan las llaves de los vehículos. En transporte me notificaron que se necesitaba una carta de la gerencia de comunicación, el primer lugar adonde había acudido. Regresé. Me explicaron que la persona encargada de enviar la carta se encontraba en reunión. A esperar. No sabía cuánto iba a esperar los próximos dos días.

Ese día, el primero, mandé un correo al gerente de comunicaciones, José Mauricio Orellana, exponiéndole mi caso. Respondió la misma tarde y se mostró muy abierto a brindar su apoyo. Regresé al siguiente día, seguro de conseguir el permiso, puesto que ya me habían dicho que solo se necesitaba la carta de comunicaciones. Pobre ingenuo. No contaba con la astucia de la burocracia de las instituciones gubernamentales.

A ese segundo día le llamo el día del eterno letargo. Consistió en pasar la mañana esperando en los pasillos de la Asamblea, para poder hablar en persona con Mauricio Orellana. El encuentro se dio y fui informado de otro nuevo filtro que tenía que pasar: la luz verde para ver las camionetas debía bajar desde junta directiva, quien ya había sido notificada. A esperar, de nuevo.

Había esperanza de que esa misma tarde se podría, pero quedó en una fantasía. Esa tarde tampoco fue posible verlas, ni la mañana siguiente. En ese tercer día acudí solo seguro de mi incertidumbre, que luego se transformó en impotencia. El aval no bajó. A la transparencia la había secuestrado la burocracia.

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