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Tras la firma de la paz vino una ola de violencia que no está parando”

Maryse Guilbeault, embajadora de Canadá en El Salvador, país que dio refugio a unos 160,000 salvadoreños durante el conflicto, dice que, tras 25 años de los acuerdos, ahora toca enfrentar tres desafíos: delincuencia, crisis fiscal y corrupción.
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La embajadora de Canadá en El Salvador, Maryse Guilbeault, considera que la conmemoración de los 25 años de la firma de los Acuerdos de Paz debe servir como espacio para que el país avance en una sola ruta enfrentando los desafíos que han surgido en dos décadas y media tras poner fin a 12 años de conflicto armado entre la exguerrilla y el Ejército.

Esos desafíos, según la diplomática, se concentran en eliminar la ola delincuencial, resolver la crisis fiscal que vive El Salvador y combatir los casos de corrupción y luchar contra la impunidad. La diplomática considera que eso es clave para que en los próximos años se consolide la democracia.

En una entrevista dada a LA PRENSA GRÁFICA, Maryse Guilbeault expresa el apoyo que Canadá brindó al país para que pusiera fin al conflicto y cómo el país norteamericano abrió las puertas a decenas de miles de salvadoreños que buscaron asilo cuando huyeron de la guerra. Canadá mantiene relaciones diplomáticas con El Salvador desde hace 54 años.

También habla de la necesidad de que en el marco de la celebración de la firma la sociedad pase a una nueva etapa y comience a exigir el respeto a las leyes del país. Según ella, “no se debe permitir que alguna persona esté por encima de la ley”.

La embajadora también dice que todos los salvadoreños se han visto beneficiados de la firma de los Acuerdos de Paz y que de ahora en adelante corresponde a los ciudadanos de este país decidir el rumbo y que como miembro de la comunidad internacional Canadá apoyará las iniciativas que vayan en pro de la mejora de la sociedad.

¿Qué significó, a su criterio, la firma de los Acuerdos de Paz en El Salvador para la comunidad internacional?

Los Acuerdos de Paz fue una oportunidad de Canadá para apoyar a El Salvador. Estuvimos presentes en la ONUSAL, pero también seguimos acompañando a El Salvador después de la firma de los Acuerdos de Paz. Yo diría que la paz, la democracia y los derechos humanos son tres de los puntos en la política exterior canadiense más importantes en el hemisferio y aquí había esa necesidad y oportunidad de poder acompañar a El Salvador. No hay que olvidar que Canadá aceptó unos 160,000 refugiados de El Salvador de ambos campos durante el conflicto.

Teníamos interés en que parara el conflicto y que llegara la paz en esa época para parar ese flujo de personas que tenían que salir del país.

Desde la perspectiva internacional, y específicamente desde Canadá, ¿cree que los acuerdos se han consolidado en el país?

Lo que yo veo que después de la firma de los Acuerdos de Paz surgió otro problema muy grande que fue la violencia, una ola de violencia y criminalidad que no está parando y sigue. Disminuye a veces, pero es como si tú estás renovando la casa y comienza un fuego en la sala. Tú no puedes decir el fuego lo veré después porque estoy en proceso de renovación de la casa. Hay un fuego en este momento y eso es la violencia, la criminalidad. Sí hubo logros como la Policía Nacional Civil y vemos que se está profesionalizando. Es un cuerpo policial que está tratando de hacer todo lo que puede con respecto a ese fuego que está quemando la casa.

¿Quién fue el principal ganador de este proceso con la firma de los Acuerdos de Paz?

Yo creo que todos los salvadoreños se han beneficiado de la firma de los Acuerdos de Paz. Nadie se beneficia de tener un conflicto armado interno. Los salvadoreños fueron, por mucho, los que ganaron, los que pudieron al final tener una vida de paz.

¿Cuáles considera que son los principales obstáculos que ha enfrentado el país para cumplir la agenda de los Acuerdos de Paz tras 25 años de la firma?

Los principales obstáculos son los niveles de violencia, la criminalidad. Eso es en este momento lo que está parando los esfuerzos en otras direcciones. Hay otros retos muy grandes en El Salvador: la situación fiscal, que es gravísima y es sumamente urgente (resolverla), y la corrupción. Esos son los tres principales desafíos para El Salvador en el año que viene, 2017.

¿Por qué cree que se han dado esos obstáculos?

El tema de la violencia sabemos perfectamente que empezó con deportaciones de Estados Unidos. En el tema fiscal yo pienso que no hay que ver por qué se dio o cómo se dio, sino qué es lo que hay que hacer ahora para que el país salga hacia adelante y se salga de la crisis fiscal. Se necesitan de acuerdos con todos los implicados, que el congreso llegue a un acuerdo para realmente solucionar la problemática fiscal, y eso es urgente. La corrupción es un desafío de todos. Pienso que hay que cambiar algo, la idiosincrasia en los salvadoreños. Quiero compartir que hace un par de años hubo un escándalo en Canadá, un escándalo por una ministra que se compró un jugo de naranja que valía $12 durante un viaje oficial, y ese vaso de jugo de naranja que ella cobró a los contribuyentes canadienses desencadenó una serie de protestas no solo de los medios, sino que de la gente. La gente decía: ‘Eso es inaceptable que tengamos que pagar $12 por un jugo de naranja de lujo a una ministra’. Mi país no es exento de corrupción, la corrupción la hay en todo el mundo, pero la diferencia es que yo creo que no es aceptado en mi país y que si se encuentra hay justicia y van a parar a la cárcel. Eso es lo que ha pasado a la gobernadora general de mi provincia de Quebec que fue acusada de falsificar sus cuentas de cuando iba de viaje. Tuvo que reembolsar unos $220,000 canadienses y estuvo 18 meses en la cárcel. Yo creo que nadie debe estar por encima de la ley y por eso aquí lo que falta es que el pueblo entero vea que eso (la corrupción) es un crimen, es un robo.

¿Cree que en el país se están dando esos pasos para eliminar la corrupción?

Estamos apoyando la lucha contra la corrupción de todos modos, en todo el hemisferio. Es uno de nuestros caballos de batalla que vamos apoyando la transparencia en todo el hemisferio empezando por nuestra propia casa.

¿Cuáles considera que son los principales retos que enfrenta el país después de 25 años de haber firmado la paz?

Le pertenece a los salvadoreños decidir adónde quieren ir, a qué paso quieren ir. Estamos como comunidad internacional, como Canadá, así como otros países amigos, para acompañar las iniciativas que nacen aquí. No vamos a imponer nada, estamos siempre a la escucha de las necesidades del país, del gobierno de los salvadoreños y si podemos apoyar, si hay un campo donde podamos apoyar, lo vamos a estar haciendo.

¿Cuál es el papel de la comunidad internacional para superar esos retos?

Como digo, la comunidad internacional responde apoyando y llevando soluciones. Ejemplo de ello es el campo de la violencia en la que Canadá está apoyando de diferente manera a la Policía Nacional Civil y a la Fiscalía General de la República para llevar nuevas propuestas. Evidentemente la violencia sigue, así que tenemos que encontrar nuevas maneras para superar esto, nuevas capacitaciones, equipamiento tecnológico y todo lo que podamos dar, lo vamos a estar haciendo.

¿Cree que es momento de dar paso a una segunda etapa de acuerdos en el país? Si es así, ¿qué tipo de acuerdos?

Nunca es una mala idea el tratar de buscar un consenso, de estar buscando soluciones para ir adelante, y si hay una nueva fase de acuerdos, Canadá está aquí para apoyar.

¿Qué tipo de acuerdos debe buscarse?

Eso depende de ustedes.

El 16 de enero de 2017 El Salvador conmemorará 25 años de la firma de los Acuerdos de Paz. En ese contexto, ¿qué mensaje le envía a los salvadoreños?

2017 también es un aniversario muy grande para Canadá. Vamos a celebrar 150 años de existencia y eso es lo que yo llamo 150 años de existencia pacífica y por eso lo que deseo a los salvadoreños es que los que están hoy decidiendo y los que están haciendo los acuerdos para salir de la situación de la cual se encuentra El Salvador, que lo hagan de manera duradera para que en 125 años aquí también se puedan celebrar 125 años de los Acuerdos de Paz.

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