Trazos contra el estigma

Cuatro jóvenes pintores del municipio de Panchimalco se han unido para crear un colectivo con el que buscan demostrar cuán talentosos son los jóvenes artistas salvadoreños.
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En los últimos años, en Panchimalco ser joven ha sido sinónimo de estigma que ha conllevado a ser víctima de la violencia. Sin embargo, cuatro jóvenes demuestran lo contrario. Desde hace cinco años, Juan Alfárez, de 19 años; Héctor Andrés, de 16 años; Roberto Reyes, de 18 años; y Juan Velásquez, de 30 años, han formado el colectivo Izkalyú (rostro, traducido del náhuat), un grupo artístico que ha cultivado el aprendizaje por el arte plástico, convirtiéndose en pintores destacados.

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Todo surgió cuando fueron atraídos por las convocatorias de participación e iniciación artística en la Casa Taller Encuentros, del pintor Miguel Ángel Ramírez, también en Panchimalco. El colectivo empezó a trazar ahí sus primeros dibujos, aprendiendo de diversos maestros. El primero en llegar fue Juan Velásquez, quien después se convertiría en tutor de los otros tres.

Cada uno maneja una técnica diferente, desarrollada en torno a su personalidad. Juan, un poco reservado, por ejemplo, se decanta por el grafito, con colores más apagados pero finos; mientras Andrés, un poco más hiperactivo, se inclina por los colores vivos. Roberto, quien vive con una gran familia, ha ocupado a sus parientes como fuente de inspiración para hacer sus retratos. Ya llevan cuatro exposiciones colectivas y actualmente hay una en exhibición en la galería de la Casa Taller.


Aunque ellos son aún estudiantes de bachillerato, eso no los limita a querer expandir sus aprendizajes, y por ello buscan enseñar a otras personas sus dotes. Héctor Andrés, por ejemplo, siendo estudiante de primer año del Instituto Nacional Manuel José Arce, pidió a sus docentes ser tutor de otros estudiantes para enseñarles pintura de murales artísticos. Con ello, además, se ganan sus horas sociales y de paso dejan un bonito recuerdo a su institución.

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Por su parte, Juan Alfárez también enseña a otros jóvenes, pero en el municipio de Santo Tomás, donde la Casa Taller Encuentros tiene montado otro proyecto denominado El Conacaste, enfocado a la prevención de violencia a través de las manifestaciones de arte.

En cierta forma, los miembros del colectivo comprenden que su opción por la pintura los ha hecho alejarse de la violencia que reina en su municipio. Reconocen que allegados de ellos han sido víctimas, pero su dedicación al arte ha sido un salvoconducto. Además, no solo ocupan la pintura como hobby, sino que buscan ganarse la vida con la venta de sus cuadros. Incluso han vendido a personas en el exterior, lo cual reconoce el talento de estos jóvenes salvadoreños.
 

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