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Tres salvadoreñas residentes en Wuhan: "Es como una escena de una película de zombies"

Tres jóvenes becarias salvadoreñas llegaron a Wuhan, el epicentro del coronavirus, hace cinco meses. La ciudad vibrante que conocieron entonces ya no existe, hoy el aislamiento la ha convertido en una escena de una película de zombies.

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Prevención. Personal médico habla con una mujer bajo sospecha de tener Coronavirus, en la ciudad de Wuhan, China, el epicentro del virus.

Prevención. Personal médico habla con una mujer bajo sospecha de tener Coronavirus, en la ciudad de Wuhan, China, el epicentro del virus.

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Tres salvadoreñas están viviendo la experiencia de sus vidas en Wuhan, China, aisladas, preocupadas por la epidemia de coronavirus descubierta en esa ciudad este mes. Rebeca Castrillo, Daniela López Díaz y Susy Melgar llegaron hace cinco meses a Wuhan con una beca del gobierno de ese país. Las recibió una vibrante ciudad llena de turistas, enorme cantidad de gente, vehículos y motos. Pero según Rebeca, la ciudad hoy se parece más a una película de zombies, totalmente vacía, opacada por el virus.

La residencia universitaria donde viven las tres jóvenes salvadoreñas en la Central China Normal University solía ser bulliciosa, concurrida y alegre como todo grupo de jóvenes. Hoy no hay nadie fuera de sus habitaciones. No hay restaurantes, bares ni discotecas abiertas y las tiendas están cerradas.

"Los estudiantes extranjeros hemos sido instruidos con una serie de recomendaciones que las autoridades de la universidad nos han brindado para mantenernos a salvo del virus", explica Rebeca, y asegura que las medidas de prevención son extraordinarias.

Rebeca, de 23 años y originaria de San Salvador, relata que han sido aislados del exterior: "Únicamente podemos salir a comprar comida u otros elementos que sustenten nuestras necesidades".

"Por mi parte estoy bien gracias a Dios, aunque preocupada por la actual situación que está atravesando la ciudad", afirma.

Su mayor temor es que "el virus se propague de manera incontrolable y empiece a afectar a otros países cuya sostenibilidad social y económica no es muy buena para sobrellevar una situación como esta".

Las salvadoreñas estaban de vacaciones por el Año Nuevo Lunar Chino y tenían planes de conocer la ciudad u otros lugares emblemáticos de China.

Un cambio drástico

"Ha sido un cambio bastante drástico. Actualmente todos los establecimientos han sido cerrados por órdenes del gobierno chino para evitar la aglomeración de personas y por ende evitar la expansión del virus, básicamente estamos viviendo en una escena de película de zombies", afirmó Castrillo en una extensa conversación con Diario El Mundo.

Daniela López también expresa su preocupación.

"Me da miedo que la situación siga empeorando. Ya nos afecta hasta en nuestros estudios", afirma Daniela. En efecto, las clases que estaban previstas a reiniciar el 11 de febrero, han sido reprogramadas a una fecha aún no establecida.

"Los ciudadanos de Wuhan y otras dos ciudades aledañas hemos sido aislados para evitar la propagación del virus tanto dentro como fuera del país. Solo nos queda colaborar con las indicaciones del gobierno chino para prevenir un contagio", dice Rebeca, de 18 años y originaria de Tejutla, Chalatenango.

Según Daniela, los estudiantes no creían que "la situación se fuera agravando cada día, pero la verdad el cambio fue muy rápido, me sorprendió la rapidez con la que actuó la universidad, nos dieron termómetros y mascarillas para nuestra protección".

Luego los locales de comida rápida y bares cerraron e incluso, los negocios dentro de la universidad.

El sábado fue el último día en que pudieron salir a comprar comida enlatada u otro tipo de comida para mantener alimentos de reserva en sus habitaciones, sin correr el riesgo que se les arruine. En la universidad hay una pequeña tienda que cada día pone cosas nuevas a los estudiantes.

A las salvadoreñas les gustaba la seguridad que se respiraba en Wuhan antes de la crisis del coronavirus. En las redes sociales de las tres jóvenes pueden verse fotos de sus paseos por una ciudad ampliamente iluminada, llena de coloridos rótulos y una intensa actividad comercial. A Wuhan la atraviesa el río Yangtze y los lugares más atractivos para los turistas incluían la Torre de la grúa amarilla, el templo Guiyan y el jardín botánico de la ciudad. Hoy todo cerrado.

"Uno podía encontrar comida a altas horas de la noche. Hoy no hay nada. Las cadenas de comida rápida y de comida local están cerradas y los estudiantes tienen prohibida la comida callejera, especialmente carnes y mariscos", dice Rebeca.

Las motocicletas —que se cuentan por miles en cualquier semáforo— han desaparecido de las calles y el popular servicio Taobao —algo así como Hugo o Uber eats— ha sido cancelado.

Rebeca compartió imágenes del metro y los buses de Wuhan vacíos. Los vuelos que salen y entran de Wuhan han sido cancelados y en la entrada del aeropuerto y las estaciones hay soldados resguardando las entradas, con mascarillas y guantes.

Los días de aislamiento transcurren entre las tareas escolares encargadas por sus profesores para el periodo vacacional y alguna reunión esporádica entre las tres compatriotas o con amigos de otras nacionalidades para pasar un rato ameno.

"No queda más que estudiar, leer la Biblia, escuchar música y alabanzas, revisar redes sociales. No hay otra opción", dice Rebeca, quien agradece a sus amigos salvadoreños que le escriben.

Las fotos que comparten las jóvenes muestran calles solitarias igual que los pasillos universitarios.

En la universidad de Wuhan hay pocos latinoamericanos pero sí hay estudiantes de Sudáfrica, Chad, Gambia, Laos, Turquía y Niger, entre otros.

En la Universidad de Wuhan el ambiente entre los estudiantes es de preocupación. Rebeca relata que el sábado, una persona presentó fiebre y se llamó a los números de emergencia "pero todos estaban saturados por lo tanto no recibimos respuesta".

"La fiebre de la persona disminuyó e informo que se sentía mejor, pero no dejamos de estar alerta a que pueda ser el virus u alguna otra enfermedad", dijo.

Los rumores también se esparcen por redes sociales. Un rumor común, desmentido por las autoridades, es que el coronavirus se transmitía por los ojos y la red WeChat —el WhatsApp chino— ha emitido un comunicado advirtiendo que el gobierno sancionará con penas de cárcel a quien propague rumores.

La familia

Tanto Rebeca como Daniela han logrado hablar con sus familiares en El Salvador y aunque intentan transmitirles tranquilidad, están conscientes de la gravedad de su situación. "Les pido que oren por China para que el coronavirus no siga cruzando fronteras y cobrando vidas. Confiamos en dios y el gobierno chino que harán lo que esté el alcance de sus manos que encontrarán cura a esta enfermedad", dice .

"Mi mamá es la que muestra más preocupación ante la situación, su principal temor es que me contagie y no logre recuperarme ante la ausencia de una cura o un tratamiento especial", agrega.

Daniela también dice que su madre y su abuela le aconsejan también que no salga mucho de su habitación y que haga caso a todas las indicaciones dadas por los encargados de la universidad.

Ambas jóvenes esperan que si la situación empeora, el gobierno salvadoreño pueda hacer algo para evacuarlas.

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