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“Tuve que dejar de llegar. El pastor del lugar dijo que andaba una gringa insolentando mujeres. La gringa soy yo”

Cuando su esposo la abandonó, aprendió a labrar tierra e inyectar para darle de comer a sus tres hijos. A su hija mayor, a quien también la abandonó su esposo, le dio un derrame cerebral. Esta es la historia de Nohemí, una sexagenaria de la zona rural de Ahuachapán, quien ahora es lideresa de su comunidad y trabaja para empoderar a su nieta y a las demás mujeres.

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Apoyo de la Procuraduría.  La procuradora general de la República, Sonia de Madriz, durante una visita al cantón Los Tole, en Ahuachapán, en apoyo a la Asociación Regalo de Dios, que lidera Nohemí.

Apoyo de la Procuraduría. La procuradora general de la República, Sonia de Madriz, durante una visita al cantón Los Tole, en Ahuachapán, en apoyo a la Asociación Regalo de Dios, que lidera Nohemí.

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Cuando su esposo la abandonó, Nohemí ya le había dedicado 14 años de su vida y había traído al mundo a tres hijos. Sin estudios y sin trabajo, no tuvo más opción que aprender a labrar la tierra; además, aprendió a inyectar para ganar algunas monedas extra para poder alimentar a esos tres hijos.

Hoy viste de vestido rojo, es viernes 9 de marzo y está sentada entre las protagonistas del foro “Un paso a la igualdad”, un panel organizado por la Procuraduría General de la República (PGR) en el marco del Día Internacional de la Mujer, celebrado el día anterior a escala mundial. Antes de llegar hasta aquí, su vida no ha sido fácil.

“A todas las mujeres adolescentes y jóvenes les digo que traten la manera de dar un ejemplo: las mayores a las jóvenes y las jóvenes a las adolescentes para que no traigan hijos al mundo en su niñez, porque este es un problema grave que tiene El Salvador, que se embarazan a temprana edad y así va la cadena de pobreza y no salimos adelante” 
Nohemí Magaña, lideresa de la Asociación de Mujeres Regalo de Dios

“Lo único que yo tenía —cuando la dejó su esposo— era una manzana de tierra. Yo allí sembraba milpa y en agosto sembraba frijol. Mis hijitas me ayudaban y cuidaban la casa mientras yo me iba a trabajar la tierra y así yo sobrevivía. También aprendí a inyectar y eso me dejaba algo de dinerito”, memoró.

A inyectar aprendió gracias a una asociación de mujeres que, con el apoyo de ProFamilia, la capacitaron a ella y a otras vecinas hasta que llegó a desempeñarse como promotora de salud.

“Yo sentí que eso me ayudó a salir de esa situación tan grave de pobreza en la que estaba, y así fue como logré darle el segundo año de bachillerato a mi hija mayor”, apuntó.

Cuando cumplió 35 años se sentía más empoderada. Después de haber aprendido a valerse por sí misma y después de haber sacado adelante a sus tres hijos, Nohemí conoció al hombre que fue su pareja durante los siguientes 23 años. Decidió formar un nuevo hogar y junto a su segundo marido se dedicó a comercializar ganado y aves de corral, trabajando con créditos bancarios.

Aunque su calidad de vida había comenzado a mejorar, para su infortunio, su hija también se casó y su esposo también la abandonó a su suerte, con dos hijos pequeños, poco tiempo después de haber sufrido un derrame cerebral.

“Tuve que dejar a mi marido y venirme de Ahuachapán (a la capital) a cuidarla a ella en el hospital Rosales, y a cuidar a mis nietos. Cuando vi que no había ninguna esperanza de que ella pudiera volver a hablar y caminar, me los llevé a los tres a Ahuachapán”, relató.

“Tenemos la satisfacción de haber visto a estas mujeres salir adelante. A veces, a la tercera cita con nosotros ya llegan con otra cara, ya sonriendo, ya aspirando a algo más” 
Celina de Granadino, psicóloga de PGR en Ahuachapán

Le costó mucho trabajo sacarlos adelante. Mientras todo esto pasaba, su compañero de vida sufrió un infarto fulminante que la volvió a sumir en la pobreza, no porque dependiera económicamente de él, sino porque los ocho hijos que él había procreado en su matrimonio anterior le quitaron a ella la herencia de aquel negocio que habían desarrollado juntos.

“Niña Nohemí, don Pedro ya está muerto y usted no tiene nada que hacer aquí”, asegura que le dijo uno de ellos, y la echó de la casa, dejándola a la deriva con sus dos nietos.

Quien la echó no tiene mucha necesidad, considera ella, porque lleva años radicado en Estados Unidos y vino exclusivamente a despojarla del patrimonio que tanto le había costado construir junto a su difunto marido.

No hubo testamento. Y, si lo hubiera habido, tampoco hubiera podido heredar nada, porque nunca ha podido divorciarse de su primer esposo, debido a las leyes en el país.

“Yo fui a la Procuraduría de los Derechos Humanos, fui al Juzgado de Familia y en ninguna parte me pudieron ayudar, solo por el hecho de ser una mujer que está casada y que no había podido divorciarse de su primer esposo. Eso me afectó muchísimo”, criticó.

Angustiada, buscó desesperada a un abogado, que solo la estafó: “Yo le di al abogado Lemus Lara de Ahuachapán $100. Me dijo de primero que él se comprometía a hacer todos los trámites. Pero como todo el mundo se aprovecha de la debilidad de uno, porque yo soy una mujer de la zona rural, después de varios días estuve va de llamarle y llamarle y me dijo que no tenía tiempo. Así que yo misma fui a sacar mi partida de nacimiento y mi acta de matrimonio. Se las llevé. Pero después me pidió que necesitaba urgentemente la partida de nacimiento de él. ¿Y cómo hacía? Yo sabía de dónde era él, él es de Chalatenango, sé los nombres del papá y la mamá. La fui a buscar esa partida, pero no aparece, porque se la comieron los comejenes. Entonces, fui a Soyapango, pagué $20 para que me hicieran una acta en la que constara que el libro se había arruinado por los comejenes y nunca me la dieron esa acta. Entonces, no me pude divorciar”, narró.

Desterrada y despojada, y muerta su hija tras el derrame cerebral, Nohemí se vio obligada a acudir a la PGR para demandar del padre de sus nietos una cuota alimenticia. Lo que logró conseguir son $75 mensuales. Pero para sobrevivir, sigue inyectando, vende golosinas y cría algunas gallinas. No se da por vencida.

Gracias a sus esfuerzos, su nieta ha comenzado a ir a la universidad y ambas dedican tiempo a acudir a las charlas que ofrece la Unidad de Atención Especializada para la Mujer de la Procuraduría General Auxiliar de Ahuachapán: “Para que ella vea bien su futuro y no le pase lo que me pasó a mí ni lo que le pasó a su mamá. Para que estudie. Para que luche por ella y por su hermano, porque yo no sé cuánto tiempo de vida me va a prestar el Señor”, dice Nohemí, quien ha cumplido ya 61 años.

“Esta gente que nos vio de menos va a ver que nosotros somos capaces de salir adelante. Como mujeres, nosotros hemos aprendido que no somos cualquier cosa”, afirmó tajante.

A las charlas de la PGR acuden no menos de una docena de otras vecinas suyas, ella es su lideresa. Hace poco más de un año, juntas conformaron la Organización de Mujeres Regalo de Dios que se dedica empoderar a las mujeres: las hace conocedoras de sus derechos y desarrolla sus habilidades para que logren romper ciclos de violencia, mejoren su autoestima y puedan tomar decisiones asertivas encaminadas a su independencia económica.

Según contó la psicóloga de dicha unidad especializada, Celina de Granadino, las edades de las mujeres que acuden a recibir las charlas oscilan entre los 20 y los 60 años, hay quienes tienen más de 40 años de estar casadas o acompañadas, sumidas en relaciones nada afortunadas. “Todas estas mujeres llegan, al principio, llorando, sumidas en una mirada perdida y ni siquiera hallan cómo comenzar a contar el hilo de su vida por tantos dolores que han venido cargando. Nadie tiene una idea de las muchas humillaciones que sufren, desde que le piden dinero a sus maridos para darle de comer a sus hijos”, cuenta.

De Granadino recuerda que la Asociación que hoy lidera Nohemí comenzó con muy pocas mujeres hace poco más de un año. Ella solía desplazarse hasta el cantón Los Toles hasta que su vida corrió peligro: “Tuve que dejar de llegar por una cuestión personal de seguridad. No crea que tiene que ver nada con pandillas, fue producto del mismo machismo cultural, el mismo modelo patriarcal: el pastor del lugar les dijo que andaba una gringa alborotando e insolentando a las mujeres. La gringa soy yo (ríe) y las comenzó a amenazar con quitarles privilegios en la iglesia; privilegios como leer lecturas bíblicas, pertenecer al coro o barrer la iglesia; y los maridos les prohibieron ir a esas reuniones”, contó.

El grupo, sin embargo, con Nohemí a la cabeza, se mantuvo firme. Pasaron las reuniones al local de la Procuraduría Auxiliar de Ahuachapán. Alquilan un camión que las transporta, pidieron al club Rotario una donación de sillas para no sentarse en ladrillos o tablas y durante ocho meses ahorraron la ventas de trapos de ropa donados a $0.25 para alcanzar $100 con los que inscribieron en el Diario Oficial la Asociación.

En el foro de la Procuraduría en un hotel capitalino, Nohemí cuenta su historia y hace un llamado a adolescentes y jóvenes a no casarse, acompañarse o traer al mundo hijos a tan temprana edad para no perder la oportunidad de estudiar. El eslogan del foro fue “Ahora es el momento, las activistas rurales y urbanas transforman la vida de las mujeres”, y en él también participaron la procuradora general, Sonia de Madriz, y una representante del Instituto Salvadoreño de Transformación Agraria, fue moderado por la representante de ONU Mujeres en El Salvador, Ana Elena Badilla.

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