“UNO DE MIS SUEÑOS ES ENSEÑAR A OTROS SORDOS-CIEGOS COMO YO”

En La Libertad existe una alumna que ha hecho la diferencia. En el marco del Día Internacional de la Alfabetización, ella es un símbolo de tenacidad y esfuerzo.

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Esfuerzo y tenacidad. Carla Valladares llega todos los lunes al círculo de alfabetización con mucha determinación. A pesar de su doble discapacidad, ella quiere salir adelante y seguir aprendiendo.

Esfuerzo y tenacidad. Carla Valladares llega todos los lunes al círculo de alfabetización con mucha determinación. A pesar de su doble discapacidad, ella quiere salir adelante y seguir aprendiendo.

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Su vida siempre ha estado llena de retos. Nació siendo sorda, pero a los 18 años, debido a una enfermedad llamada retinitis pigmentaria (pérdida lenta de la visión), comenzó a perder la visión, hasta casi no distinguir nada y solo ver siluetas. Ella se llama Carla Liseth Valladares Reyes, y aunque aprendió a leer gracias al sistema Braille, ahora a sus 34 años ha retomado el camino del aprendizaje como parte de un grupo de ocho personas que pertenecen a un círculo de alfabetización ubicado en Guazapa, La Libertad. En este municipio existen alrededor de 700 círculos de alfabetización, de los cuales 10 están dirigidos a alfabetizar a personas con discapacidad sensorial.

Carla se reúne semanalmente para continuar aprendiendo, pero al mismo tiempo para animar a sus compañeros de grupo, quienes también cuentan con una discapacidad y pertenecen a este círculo que es apoyado por el Equipo de Atención a Personas con Discapacidad (APDIS), del programa de alfabetización “Educando para la vida” del Ministerio de Educación (MINED).

Aunque la asociada asegura que este aprendizaje se ha convertido en todo un reto, también se siente satisfecha y motivada por todo el esfuerzo que hace, apoyada siempre por su familia. “Mi familia me viene a dejar hasta el círculo y me anima a cumplir uno de mis sueños, que es poder enseñar a otros sordos-ciegos como yo. Por esto, nunca falto a clases y siempre trato de ser la primera en llegar”, aseguró.

Para Margarita Torres, promotora de La Libertad, esta experiencia es invaluable, pues no solo se les enseña, sino que también se aprende de ellos. “Las clases se desarrollan teniendo contacto físico, pues son asociados sordos, la profesora, además de dar la clase hacia personas sordas, también le traduce a Carla, quien es asociada sordo-ciega. Se trabaja con material didáctico adaptado para cada necesidad de los asociados”, mencionó Torres.

Marlene de Ayala es la alfabetizadora encargada de enseñar a este círculo de personas. Ella asegura que este camino de la enseñanza no es fácil, ya que ella debe adaptarse a cada integrante de su círculo y trabajar con materiales específicos para cada uno de ellos.

“Cada clase la divido en dos partes, una apoyada con el lenguaje de señas salvadoreño LESSA y otra, enfocándome en Carla. Con ella debo tener mucho contacto, porque con sus manos logramos que reconozca los materiales y que pueda aprender más fácil y rápido”, enfatizó.

La familia de Carla ha sido un pilar en la vida de esta joven. Gracias a ella logró estudiar su primaria, y aunque posteriormente tuvo que abandonar sus estudios, ahora los ha retomado con mucha más fuerza y empeño.

Su padre, Julián Valladares, se siente muy orgulloso de los logros obtenidos por su hija. “Ella se maneja muy bien en la casa, hace de todo y es un ejemplo para nosotros”, finalizó.

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