Ulloa usaba una compleja red en el país para traficar

Las autoridades han perfilado a por lo menos 20 personas que se convirtieron en colaboradoras clave para que Jorge Ulloa Sibrián pasara cocaína por suelo salvadoreño.
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Propiedades.  Imagen de uno de los ranchos de Ulloa Sibrián donde la policía señala que se descargaban toneladas de cocaína.

Propiedades. Imagen de uno de los ranchos de Ulloa Sibrián donde la policía señala que se descargaban toneladas de cocaína.

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Ulloa usaba una compleja red en el país para traficar

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En septiembre de 2005, Eliseo de los Ángeles Méndez, alias “Cheyo”, tuvo dos semanas de mucho trabajo. Las investigaciones de las autoridades Antinarcóticos dan cuenta de que en esa fecha este hombre coordinó en un rancho de playa, ubicado en La Libertad, el trasiego de 220 kilos de cocaína que llegaron al país ocultos en lanchas desde Honduras, con ruta hacia Guatemala, y con destino final hacia Estados Unidos.

La droga, según las pesquisas de los investigadores, pertenecía a Jorge Ernesto Ulloa Sibrián, quien fue enviado a prisión preventiva el pasado miércoles junto con otros 14 colaboradores, acusado de formar una red de narcotráfico que movió hasta 9.6 toneladas de cocaína desde Colombia hasta Estados Unidos, en 22 alijos de cocaína entre 2005 y 2011.

La Fiscalía General de la República (FGR) acusó a 21 personas, seis de ellas prófugas, de ser parte de esa estructura que cumplía con funciones específicas para facilitar el paso de la cocaína en el país en su ruta hacia el norte.

Entre las personas perfiladas por la fiscalía hay encargados de ocultar droga y dinero en el cuerpo, de fabricar caletas (compartimentos secretos) en pick ups y lanchas, mecánicos que elaboraran tanques de combustible intercambiables, mujeres que simulaban ser acompañantes en supuestos viajes familiares y personas que recibían cargamentos en ranchos de playa.

Este grupo, según la FGR, se convirtió en el apoyo necesario para que Ulloa Sibrián pudiera pasar los alijos de cocaína por territorio salvadoreño.

“Cheyo”, de acuerdo con la acusación fiscal, formaba parte de las personas que coordinaban los desembarcos en los ranchos de playa. Lo suyo era cuidar uno de esos ranchos en San Diego (La Libertad). Según las investigaciones, Ulloa Sibrián recibió varios desembarcos de cocaína, entre 2005 y 2007, que llegaron ocultos en lanchas que atracaron a metros del rancho.

De acuerdo con la investigación, Méndez era un albañil que se ganó la confianza de Ulloa Sibrián, por lo que este le delegó la coordinación del desembarco de la droga, el almacenaje y la posterior distribución hacia Guatemala.

Ulloa Sibrián contrató a varias personas para poder sacar la droga del rancho. Las pesquisas consignan que Jorge Alberto Morán, Wendy Geraldina Mikeli, Carmen Guillermina Hernández y Eliseo Dallesandro López colaboraban con el supuesto capo trasladando cocaína hacia Guatemala adherida a su cuerpo o escondida en compartimentos secretos fabricados en pick ups.

Este grupo, según lo establece la acusación fiscal, estaba encargado de mover pequeñas cantidades de droga desde el rancho en San Diego hasta llevarla a manos de Benjamín Antonio Álvarez, quien se encargaba de continuar con el viaje hacia el norte ya bajo la coordinación de Julio César Bonilla Cabrera, un salvadoreño que también tenía documentos guatemaltecos con el nombre de Wilfredo Peña Funes y quien, según las autoridades, era la principal conexión de Ulloa Sibrián en Guatemala.

Los agentes Antinarcóticos lograron descubrir que algunos de esos viajes que el grupo hizo a Guatemala fueron en pick ups que tenían una caleta en el tanque de combustible con capacidad para ocultar unos 25 kilos de cocaína.

De acuerdo con las pesquisas de la División Antinarcóticos (DAN) de la Policía Nacional Civil (PNC), los salvadoreños llegaban hasta la frontera con Guatemala y allí se encontraban con los contactos de ese país para entregarles la droga.

Para facilitar el trasiego de la cocaína, según el testimonio de los investigadores, Ulloa Sibrián ideó fabricar tanques de combustibles desmontables para poder intercambiarlos entre los vehículos.

Según la investigación, José Gilberto Hernández y Guillermo Arnoldo Paz Serrano trabajaron construyendo los compartimentos secretos en varios pick ups. Los investigadores policiales dicen que se trata de dos hombres con habilidades mecánicas que formaban parte de la estructura, cuya función específica era la remodelación de los vehículos.

Una operación similar fue planificada para poder introducir la droga en suelo guatemalteco vía marítima. Los investigadores sospechan que Ulloa Sibrián contrató a personas que fabricaron compartimentos secretos en el piso de lanchas a base de fibra de vidrio.

Dos años después del envío de esos 220 kilos de cocaína, otro alijo de 270 kilos fue movido por la estructura encabezada por Ulloa Sibrián desde El Ocotal, Nicaragua, hasta México, pasando por El Salvador. En esa ocasión, según la fiscalía, la droga fue desembarcada en un rancho de playa ubicado en la zona de la Costa del Sol, departamento de La Paz.

En esa zona, las autoridades señalan que Ulloa Sibrián tenía a otra persona encargada de coordinar los desembarcos y despachos de la cocaína: German Alexander Acevedo Iraheta.

La forma en que Acevedo Iraheta movió la cocaína hacia el exterior del país es similar a la utilizada en 2005.

Sin embargo, los investigadores consideran que en esta ocasión, los encargados de cargar con la cocaína se hicieron acompañar de algunas mujeres para simular paseos familiares y con ello disimular de mejor manera el cargamento.

Ulloa Sibrián fue arrestado el viernes 15 de marzo por la tarde en una vivienda situada a 18 kilómetros de la capital guatemalteca. El sábado fue expulsado por supuestas irregularidades migratorias y fue trasladado vía aérea hacia El Salvador. Ese mismo día las autoridades en El Salvador arrestaron a 14 personas más, a las que acusan de pertenecer a la estructura.

Otras seis personas permanecen prófugas. El ministro de Justicia y Seguridad Pública, David Munguía Payés, dijo recientemente que hacen gestiones a escala internacional orientadas a capturarlas.

Esa red local que se convirtió en la logística necesaria para que Ulloa Sibrián pasara con 22 alijos de cocaína (calculada en 9.6 toneladas) por el país se suma a las alianzas que hizo con estructuras y carteles que operan en el resto de países centroamericanos. Las autoridades calculan que en total fueron más de 100 personas las involucradas en una especie de corredor de narcotraficantes.

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