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Un agricultor debe evitar vivir de ilusiones

La primera acción que debe tomar un productor agrícola es preguntarse: ¿Qué quiero hacer? ¿Con qué recursos cuento?... y poner muy bien los pies en el suelo.
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 Si tiene dudas, debe consultar con alguna persona que merezca su aprecio y confianza y tenga experiencia sobre el proyecto que quiere realizar.

Hablé recientemente con un agricultor y me dijo que muy pocas veces ha escuchado a un técnico, sea este oficial o privado, al hacer recomendaciones, enfatizar en costos y beneficios, y a menudo se empeñan en decir: “Plante esto”, sin reparar en cuánto costará, cuál puede ser el posible rendimiento, cuánto estima que será el beneficio económico que logrará y en más o menos qué tiempo.

Esta es una de las razones por las que muchos agricultores dudamos de la tan mencionada asistencia técnica, dado que muchas veces estos sujetos jamás han cultivado algo, no han hecho préstamos bancarios ni corrido con toda la incertidumbre que vive uno como agricultor.

Otras veces veo a uno de esos técnicos asesores tan jovencitos que apenas están saliendo del cascarón recomendándome algo y en un tiempo no lo vuelvo a ver.

Yo, que ya soy viejo, sé que la agricultura es una actividad en que los riesgos de salir mal no dependen de uno, ejemplo: poca o mucha lluvia, una nueva plaga o enfermedad, plantar una variedad de semilla que no se comportó como lo esperado, falta de mano de obra para las diferentes labores, problemas de violencia inesperada y, finalmente, precios bajos e incremento de salarios a la hora de la cosecha, y obligadamente tener que pagar el crédito y sus respectivos intereses cuando lo que esperaba no salió.

Siento mucho respeto por algunos técnicos que ya tienen varios años de lucha y han adquirido experiencia fajándose de sol a sol y ya comprenden la vida del campo con sus alegrías y sinsabores.

Cierto día, con deseos de conocer si el amigo en referencia podía tener razón de lo narrado, me hice presente en una oficina pública y conversé con un técnico asesor en materia de frijol.

Dicho señor me mostró tres variedades recién cosechadas. Si mal no recuerdo, se trataba de EAC, costeño y cuscatleco.

De inmediato reparé que el mejor era el costeño, pues el grano era más grande, lustroso y, en general, su aspecto captó mi atención de inmediato.

Me permití preguntar sobre el rendimiento por manzana y si se podría adaptar a la zona costera como su nombre lo mencionaba. Se me repuso que era el que más atracción tenía de los agricultores, indicándome que producía 30 quintales por manzana y se podría plantar en la costa en verano, si se tenía riego.

Interrogué nuevamente mencionando que desde hace muchos años vengo escuchando que tales variedades se adaptan a la costa, pero me inquieta saber por qué los productores no lo plantan en zonas bajas, pues si un agricultor ve la posibilidad de ganar, lo hace y lo continúa.

Me vino a la mente un amigo que plantó a 40 metros sobre el nivel mar y me decía que había sido un éxito, pero ahora la misma área está cultivada de caña y no de frijol. No hubo respuesta.

Luego pensé que si hay un rendimiento de 30 quintales por manzana, debería ser un buen negocio, por lo que le solicité amablemente que me mostrara los costos de producción. Mi amigo fue a otra oficina y volvió diciéndome que no los tenía, pero que me los daría el día siguiente. Entendí que no existían y tampoco yo volvería.

Conclusión: Tengo la impresión de que cuando se hacen ensayos, se realizan en áreas pequeñas y a estas se les dan todos los cuidados indispensables y, por supuesto, los rendimientos pueden ser altos y solo se mide la cantidad de veces que dicha área cabe en una manzana y se ofrece el rendimiento muy optimista.

A mí me pasó el otro día. Me dieron unos granos de un maíz especial y lo planté en macetas. La producción fue superexcelente. Si yo hubiese multiplicado lo de una mazorca por 40,000 plantas por manzana, el rendimiento sería increíble; pero decidí llevarlo a escala comercial y si ciertamente fue bueno no fue lo espectacular que me imaginé.

NOTA ESPECIAL. La semana pasada, por un lamentable error, se omitió el nombre del fundador de Zamorano, Mr. Samuel Zemurray, quien hizo realidad su sueño de fundar una escuela de agricultura al servicio de América, ahora convertida en universidad y reconocida a escala mundial por su enseñanza teórico-práctica.

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