Un profesor apreciado por su legado de disciplina

Rafael Armando Ramos Peñate, de 83 años, es uno de los profesores del departamento de Ahuachapán que son recordados con mucho cariño y estima.
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Sus exalumnos le recuerdan como un hombre muy disciplinado consigo y también con ellos, y algunos agradecen haberles forjado en ese valor.

Este profesional proviene de una familia de cuatro hijos. Sus padres fueron Rafael Ramos Contreras y Rosenda Peñate de Ramos.

Actualmente reside en la colonia Fabio Morán junto a su esposa, doña Emma Alvarado, con quien procreó seis hijos y ya cuentan con más de 17 nietos y cinco bisnietos.

Don Rafael recuerda que cuando tenía solo 17 años logró culminar la primera etapa del profesorado, que posteriormente se convertiría en parte fundamental en su vida.

El ahuachapaneco comentó que el interés de continuar creciendo profesionalmente y el amor a la enseñanza lo incentivaron para continuar cultivándose en los estudios, hasta que logró colocarse como profesor clase A.

Su primera misión como educador la tuvo en el Centro Escolar del Cantón Palo Verde, en el municipio de Apaneca, donde entre paredes forjadas de plantas de maicillo y techos de paja impartía los conocimientos a sus alumnos.

“Un camión subía hasta Apaneca y lo dejaba a uno en la ciudad, luego a golpe de calcetín caminábamos varias horas hasta llegar a la escuela, donde prácticamente vivíamos. A veces volvíamos a Ahuachapán hasta pasados 15 días o al mes, debido a la distancia y al poco transporte que en ese entonces había para la zona”, comenta el profesor Ramos, como es conocido en la cabecera departamental.

Como docente elemental, se dedicaba a la enseñanza entre primero y sexto grado de las cuatro materias básicas: Matemáticas, Lenguaje, Ciencias Naturales y Estudios Sociales.

“La materia que más me gustaba impartir era Ciencias Naturales, siempre me sentí atraído a esa materia más que con otra”, rememora.

Luego de algunos años, el profesor fue trasladado hacia el cantón El Chagüite, en Tacuba, después a San Juan Buena Vista, en San Lorenzo, y finalmente fue docente de la institución donde comenzó sus estudios generales: el Centro Escolar Isidro Menéndez, en la cabecera departamental.

Dentro del historial del profesor Ramos está su participación en el Laboratorio de Ciencias que impulsó el Ministerio de Educación entre 1950 y 1962, donde fungió como director.

“En el laboratorio se brindaba especialización para materias como Matemáticas y Ciencias Naturales, orientada al sexto grado de todas las instituciones, fueran privadas o públicas, con la idea de que los estudiantes fueran mejor preparados para el séptimo grado”, explica el docente.

Para Ramos la metodología de cómo educar a los alumnos ha sufrido cambios drásticos durante las últimas décadas.

“Antes éramos docentes por vocación y la disciplina era diferente. Cuando un padre de familia llevaba a su hijo, le decía: ‘Aquí se lo entrego, edúquemelo de la mejor manera’. Y así era. Imponíamos actos de disciplina a los niños. Ahora los padres andan llorando o reclamando cuando les hacen algo a los hijos, es algo inaceptable”.

Dice que en varias ocasiones varios de su exalumnos han llegado hasta su vivienda para agradecerle la rigurosidad impuesta por su persona en las horas de clase.

“Hace poco vinieron unos hombres del ejército a quienes les di clases en Tacuba, y me dijeron que si no fuera porque fui estricto con ellos, no hubieran sido militares debido a la disciplina que se impone. Igual me han visitado ingenieros, médicos, políticos, de todas las profesiones para agradecerme”, menciona Ramos.

Asimismo, dice que desde que se jubiló, varias instituciones educativas buscaron hacerse con sus servicios, pero que no aceptó regresar a la docencia.

“Lidiar con el carácter de cada estudiante, cada niño, adolescente y joven no es tan sencillo como parece. El maestro se desgasta, se afecta la salud. Por eso decidí ya no volver a dar clases, además que es mi tiempo de descanso, ya estoy jubilado. Disfruté mucho mi docencia, sobre todo en el área rural, di lo mejor de mí y saber que lo que yo sé le sirvió a alguien más, con eso estoy agradecido”, finaliza el profesor Ramos.

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