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Un “qué rica mi amor” no es una forma respetuosa de decir que soy hermosa: Diana Ware

En este artículo te compartimos el testimonio de una de las presentadoras de televisión nacional, que día a día se interesa por temas como la igualdad de género y la libertad de escoger.
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El acoso sexual en las calles es una constante en El Salvador del que son víctimas mujeres de todas las edades. Ocurre, especialmente, cuando ellas circulan solas, caminando. Las palabras que los hombres utilizan, lejos de ser un “piropo” o “halago”, son abusivas, ofensivas, generan temor, preocupación o cuanto menos, incomodidad y enojo.

En la calle, en los buses, paradas de buses, aceras, cualquier espacio público puede ser escenario que propicie este tipo de acoso en el que las mujeres son agredidas directamente con palabras o conductas obscenas y miradas lascivas.

Como parte de muchas de las reflexiones que son necesarias hacer durante la conmemoración del Día de la Mujer, ya expusimos algunos testimonios de acoso sexual indirecto, que puedes encontrar en este enlace.

Esta vez, la presentadora del programa de Canal 33 "De Mujer a Mujer", Diana Ware, compartió su testimonio con LA PRENSA GRÁFICA de un acoso sexual en la calle. Ella decidió no quedarse de brazos cruzados.

Te lo dejamos a continuación:

"En una ocasión iba saliendo de mi trabajo a pie hacia un restaurante que queda cerca, era de noche y en el trayecto pasaba las oficinas de una distribuidora de bebidas carbonatadas muy famosa. En el parqueo de este lugar habían alrededor de unos siete hombres, todos sentados y platicando. Ellos estaban muy lejos de mí, por lo que no consideré conveniente dar las "buenas noches".

Sin embargo, y para mi sorpresa, uno de los hombres me gritó desde lejos las famosas frases de las que ya estamos asqueadas las mujeres de tanto escuchar: "Qué rica mi amor!", "Adiós mamacita rica!". Lo dijo con una naturalidad como que si tuviera todo el derecho del mundo en referirse a mí de esa manera, como si fuera de su propiedad.

En ese momento me sentí tan incómoda porque vi mi espacio personal invadido, además que me sentí como un animal de entretenimiento al que le gritaban cosas, y claramente ofendida y vulnerable por la connotación sexual de sus palabras dirigidas a una completa extraña que ni siquiera había hecho contacto visual.

A pesar de lo que muchos aconsejan de bajar la cabeza y continuar caminando, decidí no quedarme callada. Entré al establecimiento, me dirigí firmemente a la persona, le vi a los ojos y le confronté. Le cuestioné de su comportamiento y este soltó una risa burlona, casi como queriendo decir "yo te digo lo que quiera porque sos mujer y no tenés el derecho de ofenderte por un piropo".

Le dije que no me gustaba que se dirigiera a mí de esa forma, que ni siquiera le conocía y que era una falta completa de respeto. El continuó riéndose, hasta que  uno de los empleados de mayor rango que estaba cerca se me acercó y me dijo que reportarían el caso y que se disculpaba por las acciones de su personal. Es frecuente escuchar de parte de los hombres que se trata de piropos para celebrar la belleza de la mujer y que no deberíamos sentirnos ofendidas, dudo mucho que un "qué rica mi amor" sea una forma respetuosa de decir que soy hermosa, mucho menos que no tenga una connotación sexual".

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