Un taller para sanar heridas sociales

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El día había transcurrido con normalidad. La jornada estudiantil había terminado y se disponía a regresar a casa. Abordó el bus. Iba tranquila, pensando en cómo distribuiría su tiempo para hacer las tareas escolares. De pronto, un joven se le sentó a la par y sin mediar palabras intentó abusar de ella. Como pudo logró bajarse. Nadie hizo nada.

Joseline Tatiana Merino, de 16 años de edad y estudiante de tercer año de Bachillerato opción Contador en el Colegio Arce Jeriel, en Ciudad Arce, aseguró haber vivido minutos de terror y miedo. Superar este episodio en su vida no ha sido fácil. Por su mente pasó de todo; pero ella decidió no quedarse de brazos cruzados. Buscó un espacio que le ayudara a olvidar. Fue así como llegó al Taller de Oración y Vida que se imparte una vez a la semana en el colegio. “No quería ir a clases. No hablaba con mis papás. Me aislé de todo y de todos”, dijo. Este es el segundo año en que la institución educativa imparte el taller con la misión de ayudar a jóvenes y padres de familia que han sufrido alguna mala experiencia. En el grupo se atiende a personas que han sido víctimas de abuso, violencia social, desintegración familiar, cambios de personalidad, entre otros. Lo que se comenta y discute en el taller es parte de la realidad de quienes conforman el grupo. “Es un programa laico, donde a través de la palabra de Dios buscamos dar consuelo y sanar esas heridas que han marcado a nuestra comunidad educativa. No vemos religión”, mencionó Laura de Salazar, directora del Colegio Arce Jeriel y coordinadora del programa. Cada martes por la tarde se reúnen alrededor de 60 alumnos de bachillerato en el aula de informática para recibir las charlas, compartir sus testimonios y desarrollar ejercicios que les ayuden a reflexión. Ese martes, en especial, hablaron sobre el perdón. El tema tocó el corazón de muchos.Uno de ellos fue Rónald Alexánder Rivas, joven de 16 años, quien desde pequeño vivió la desintegración familiar. Su padre abandonó el hogar; su madre decidió buscar nuevas oportunidades en otro país. Él y sus hermanos crecieron con su abuela. El odio y rencor hacia su progenitor fue algo que tuvo siempre, día y noche. “Me molestaba escucharlo, cuando él me hablaba solo sentía rencor en mi corazón”, aseveró Rivas. Pero esa tarde, durante el taller, escuchó el cuarto mandamiento de la ley de Dios: “Honrarás a padre y a madre”. Eso le hizo reflexionar y comprender que lo que su corazón sentía no le traería nada bueno. Él decidió perdonar y pedir perdón. “Siento un peso menos encima. Me siento mejor. Mi deseo es superar esas barreras que a muchos nos cuestan. El taller me ha ayudado a ser mejor cada día”, agregó el estudiante. En el taller los jóvenes y padres de familia no solo aprenden sobre la palabra de Dios, además se les inculcan valores que les ayudarán en casa, en el salón de clases y en sus lugares de trabajo. De esta forma, el Colegio Arce Jeriel no solo trabaja lo académico, sino que también la formación integral. “Al finalizar cada taller digo: ‘Misión cumplida’. Es algo inexplicable al ver el cambio en los estudiantes y en los adultos. Todos los que participamos en él somos triunfadores”, aseveró Laura de Salazar. “Era inseguro e insoportable. Me costaba portarme bien, tenía un pasado triste”, fueron las palabras de Douglas Alexánder Guillén, de segundo año de bachillerato opción Contador. Desde 2015 forma parte del Taller de Oración y Vida porque en un momento sintió que el camino que había tomado no era el correcto. Constantemente mostraba cambios de personalidad y rebeldía. A un año de haberse unido al grupo, ha visto los cambios y se considera una nueva persona. Su familia y maestros lo felicitan por los logros alcanzados. Él se siente orgulloso. Las historias de Joseline, Rónald y Douglas representan a los 60 alumnos y padres de familia que detrás de su asistencia al grupo buscan un espacio para sanar heridas sociales y generar un cambio que pueda contribuir a mejorar la calidad de vida en El Salvador.

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