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Un viaje truncado por culpa de la insuficiencia renal

La historia de un agricultor en el Bajo Lempa, Jiquilisco, es el reflejo del calvario que muchos agricultores sobrellevan luego de conocer que tienen IRC, a causa de los agroquímicos.
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Wilfredo Ordóñez tenía pensado probar suerte con un viaje ilegal hacia Estados Unidos, para mejorar su situación económica. Para partir tranquilo decidió realizarse unos exámenes médicos, con el objetivo de verificar que su estado de salud, a los 35 años de edad, no le afectara al momento de recorrer tantos kilómetros hacia tierra norteamericana.

Desde la comunidad Ciudad Romero del cantón El Zamorano, en el Bajo Lempa, Jiquilisco (Usulután), acudió a una clínica privada de la cabecera departamental a realizarse el chequeo. Tras observar los resultados de sus exámenes generales, el médico le dijo que era necesario que se pusiera en control debido a una complicación en los riñones.

“‘Has salido alterado de los riñones’, me dijo, por lo que me fui a San Miguel a ver a otro doctor especialista y fue ahí que me di cuenta de que tenía insuficiencia renal crónica (IRC)”, cuenta Wilfredo, 17 años después de saber que convive con la enfermedad que afecta a muchos habitantes del Bajo Lempa.

Inmediatamente la idea de partir hacia Estados Unidos se esfumó y tuvo que comenzar a considerar cuáles eran los primeros pasos a seguir para sobrellevar la IRC. Desde que le dieron el diagnóstico, Wilfredo se preocupó y se refugió en Dios para tener ánimo y poder sobrellevar la enfermedad, por lo que asegura que las oraciones le dieron calma y así disminuyó la preocupación.

Wilfredo dice que, como muchas personas en Usulután, sobre todo en el Bajo Lempa, se dedicaba a trabajar de agricultor. Al labrar y sembrar la tierra utilizaba químicos y reconoce que no tenía los cuidados necesarios, debido a que ignoraba los riesgos que conlleva la inadecuada manipulación de estos.

“Regaba los químicos con bombas, usaba una mochila y solamente me ponía un nailon en la espalda y usaba botas, pero no me ponía guantes, ni nada, nadie me enseñó a limpiar las bombas y a cómo manipular los químicos... Así fue por muchos años que trabajé y si me hubieran dado consejos antes no me hubiera pasado la enfermedad”, considera.

Cuenta que la bomba no funcionaba adecuadamente, por lo que en dos ocasiones le cayeron químicos en la espalda y las piernas, y que hasta en la tarde llegaba a casa a bañarse.

Diversos estudios nacionales, con colaboración de instituciones internacionales, han determinado que el uso excesivo de agroquímicos y el mal manejo de estos han provocado daños en el funcionamiento renal de las personas.

Un informe entregado recientemente por el Ministerio de Salud (MINSAL) a la Asamblea Legislativa indica que en cinco años los agroquímicos han causado 831 muertes y casi 8,000 intoxicaciones. El MINSAL y los ministerios de Agricultura y Ganadería y el de Medio Ambiente han solicitado que se prohíban en el país 53 plaguicidas. Hace dos años Salud informó que cada año mueren en el país entre 500 y 800 personas por la enfermedad renal crónica.

Wilfredo tiene cinco hijos, entre las edades de 15 a 30 años, todos con su esposa, Marina Reyes; además de cuatro nietos que son una motivación extra para continuar con el tratamiento de limpieza de sus riñones.

Él es muy conocido en el cantón El Zamorano. Cuando preguntan por su casa, los habitantes tienen claro dónde reside, a pesar de vivir a varias cuadras de distancia. Y es que aguantar 17 años con la enfermedad renal lo ha convertido en un símbolo de admiración en el sector, a tal grado que en reiteradas ocasiones da testimonios en la unidad especializada de la zona y comunidades.

El agricultor acepta que le costó decidir someterse al tratamiento de hemodiálisis, por miedo a que fuera doloroso. “Me escondía para no ir a realizarme el tratamiento, pero gracias Dios se me quitó el miedo y no me arrepiento de eso... Nunca pensé que iba a vivir tanto. Me he aferrado a Dios y mi familia me ha ayudado mucho económicamente, porque tanto viaje genera gastos y a veces a uno le toca pagar las medicinas”, señala Wilfredo, quien agrega que recibe el apoyo económico de familiares en Estados Unidos y de sus hijos.

El miedo a la hemodiálisis es muy común entre los pacientes del Bajo Lempa y mueren cada año quienes no optaron por el tratamiento; otros no tienen la capacidad económica para costear el viaje a Usulután o a San Miguel.

Una de las muertes que más le dolió a Wilfredo fue la de su compadre Rodolfo Avelar, quien residía a la par de su casa y falleció hace dos años por IRC.

“Lo pude rogar que se sometiera al tratamiento, pero no quiso, tenía miedo como yo, lastimosamente no se trató y murió. Así hay muchos casos aquí en la comunidad, que no quieren meterse al tratamiento”, manifiesta.

Su esposa asegura que desde que le diagnosticaron IRC ha sido muy difícil para ellos, por las complicaciones que ha presentado Wilfredo. Durante 10 años tuvieron que viajar a San Miguel para las hemodiálisis, ya que en la zona oriental solamente en el Hospital Nacional San Juan de Dios tenían el equipo especial para tratar a los pacientes renales.

“En muchas ocasiones se le ponían los pies y rodillas bien hinchados, por lo que pasaba mucho tiempo hospitalizado en San Miguel y a mí me tocaba quedarme con él. Hubo muchos momentos de crisis en los cuales pensé que se moría”, recuerda la compañera de vida del agricultor.

Mientras su esposo se trataba en San Miguel consiguió empleo como promotora de salud en la zona del Bajo Lempa, pero por los constantes viajes tuvo que en un primer momento pedir permiso, pero después renunciar, ya que las ausencias eran cada vez más prolongadas.

Cuando la salud de Wilfredo se normalizó le propusieron volver al trabajo, pero decidió rechazarlo ya que otra familiar la había sustituido en su ausencia y prefirió que ella mantuviera el empleo.

Luego de pasar la crisis, el agricultor tenía que viajar al hospital de San Miguel dos veces por semana; salía del Bajo Lempa un día antes, por lo que dormía en la “Casa del Peregrino”, a pocos metros del centro asistencial.

Hace un año el MINSAL inauguró la Unidad Renal en el Hospital San Pedro de Usulután, lo que benefició a Wilfredo, ya que sus esfuerzos para recibir los tratamientos son menores.

“Me voy el mismo día y me tardo aproximadamente una hora y media o dos horas en llegar, por lo que es más fácil el traslado y me siento mejor. Además, en la Unidad Renal me tratan muy bien, el personal es bien amable, los médicos, las enfermeras, se siente bien uno ahí”, explica.

A pesar de sufrir de IRC no ha dejado de lado su faceta de agricultor. Tiene cuatro semovientes que en algunas ocasiones va a dejar a unos terrenos de su propiedad a un kilómetro de su casa. El año pasado sembró maíz, pero la milpa no fue muy productiva debido a la sequía.

Antes le gustaba tomar gaseosa y café, pero ya no forman parte de su alimentación; sin embargo, afirma que evitarlos vale la pena.

“Me seguiré aferrando a Dios y Él será quien decida hasta dónde voy a llegar, ya que a veces uno se cansa, pero Él me tiene con vida aún a pesar de tanto tiempo”, reflexiona Wilfredo, sin siquiera pensar en qué habría sido de él y su familia de haber viajado a Estados Unidos.

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