Un voluntario japonés comprometido con el Medio Ambiente en Intipucá

Hace dos años, Yuhei Ohno emprendió un viaje que duró aproximadamente 18 horas, para cruzar los 12,500 kilómetros de distancia que hay entre Japón y El Salvador. Dice que no sabía mucho de este país, y la poca historia que había logrado recopilar y leer era referente a la guerra.
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En su plática, Yuhei revela que en su país había tomado café hecho en El Salvador y que eso hizo nacer en él, el deseo de conocer la tierra cuscatleca. “El café de El Salvador es muy famoso en Japón y muy caro, por eso”, comenta.

Yuhei Ohno ahora es uno de los 50 voluntarios de la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA) en el país, y fue enviado al municipio de Intipucá, en La Unión, para trabajar junto a la alcaldía, en un proyecto de educación ambiental.

Reconoce que los primeros días fue difícil adaptarse al país, sobre todo por el cambio de hora, pero a medida que transcurrió el tiempo fue superándolo y enamorándose del poblado, sobre todo cuando descubrió que estaba en el lugar perfecto para practicar su pasatiempo favorito: la pesca con caña.

“Me gusta mucho aquí, porque la gente es muy simpática y amable, además las comidas como las pupusas y el casamiento”, expresa entre sonrisas Ohno.

Él es graduado en Mercadotecnia, pero asegura que su especialidad es en educación ambiental y trata de conjuntar ambos conocimientos con la mirada puesta en un proyecto de ecoturismo.

Como toda persona que sale de la tierra que lo vio nacer y crecer, Yuhei no oculta que extraña a su país, principalmente cuando recuerda su comida favorita y con poca grasa, como lo es el sushi (pescado crudo y arroz).

Ahora en medio de risas y con una sensación de comodidad, asegura que lo primero que hizo al llegar a Intipucá fue identificar los recursos naturales con los que cuenta el municipio. Su primer diagnóstico le decía que había mucho trabajo por hacer en esa localidad, donde está el río El Amatal, la playa El Icacal y El Esterón.

Su trabajo de educación ambiental lo comenzó en las escuelas, con niños de diferentes edades; tanto del casco urbano como rural “les enseñé sobre naturaleza y después cómo proteger los manglares; luego les hice que se imaginen cómo quieren su medio ambiente y desarrollé competencias de dibujo con esa imaginación”, explica el joven voluntario.

Entre sus proyectos con los estudiantes también desarrollo brigadas de limpieza, tanto en el río como en la playa, mientras que en los manglares ejecutaron una campaña de reforestación. Después de dos años el voluntario, el japonés sabe que necesita más tiempo para lograr educar a las personas sobre el cuido al medio ambiente, pero los primeros frutos dice que los ha podido percibir.

“Despues de la clase de medio ambiente, los niños consumen golosinas, pero ya han cambiado la mentalidad y ahora dicen que la basura la deben ir a depositarla a un basurero”, refiere Yuhei.

Su trabajo de educación ambiental también ha sido dirigido a dos grupos de pescadores artesanales de playa El Icacal y El Esterón.

“Mi deseo es promover el ecoturismo, aquí hay mucho pescado, y los turistas a los que les gusta pescar podrían venir. El Salvador es muy bonito, siempre estará en mi corazón”.

Aprendizaje Ohno asegura que tras su paso por el país ha logrado adquirir muchos conocimientos prácticos, que no podía aprenderlos en Japón debido a la falta de recursos naturales. El voluntario ha trabajado con muchos niños de Intipucá en materia medio ambiental.

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