Una cosa es ser pecador y otra cosa es ser corrupto”

El padre Simeón acepta que el papa Francisco es quien ha roto por completo el silencio en los casos de la pedofilia en la Iglesia, y asegura que en el país en ese camino se está, aunque temporalmente signifique un desgaste.
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Una cosa es ser pecador y otra cosa es ser corrupto”

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La denuncia de los casos de pedofilia hechos por la Iglesia católica salvadoreña sonó a bombazo. Sorpresa para unos, escándalo para otros y una verdad escondida para muchos, estremeció los cimientos de una institución que calló por años acusaciones en varios países. El sacerdote Simeón Reyes, delegado de comunicaciones del Arzobispado, admite que en antaño hubo mucho temor al escándalo, pero que los tiempos han cambiado.

Cree que el proceso puede costar un poco de credibilidad a la Iglesia católica salvadoreña, pero a la larga saldrá fortalecida y advierte que la intención es no callar ni consentir ningún caso y seguir de esta forma un mensaje enviado por el mismo papa Francisco, de cero tolerancia al abuso.

¿Cómo se toma la Iglesia católica los casos de pedofilia denunciados recientemente?

Ante todo con mucha tristeza. A todos nos ha dado tristeza conocer que haya ocurrido en nuestro país algo que tristemente se ha dado en la Iglesia y que desde hace algunos años se ha tenido que enfrentar. Creo que hay una valentía grande del papa Francisco en marcar un camino, un sendero, y eso es lo que quiere hacer la Iglesia de nuestro país, de seguir el camino de purificar la Iglesia. Sin duda habrá muchos pecados, pero lo que no debe permitirse en el sacerdocio es el abuso de menores.

El caso de monseñor Jesús Delgado conmocionó por ser quien era, el vicario general de la Arquidiócesis, copromotor de la beatificación de Monseñor Romero. El impacto fue grande.

Yo creo que mucha gente lo ha visto con mucho pesar, independientemente del cargo y quien haya sido, es un dolor muy grande. Lo que no hay que perder de vista es que lo aceptamos, lo reconocemos; tenemos que pedir perdón. La llamada es para que los fieles oren por los sacerdotes y al mismo tiempo los sacerdotes estén dispuestos a saber vivir su ministerio con toda su dignidad.

Es Francisco quien rompe con el silencio, ya antes se hablaba mucho de ello, pero otros papas dilataron la situación. ¿Cree que el impulso de Francisco ha llevado a esto?

Sí, ante todo la actitud del papa de manifestar cero tolerancia. Aunque, no se da el mérito, en su viaje a México Francisco dijo que el que puso los cimientos fue el papa Benedicto (XVI), cuando era el prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe. En este camino el papa Francisco le ha dado un impulso grande y no solo lo ha impulsado sino que ha pedido y exigido a los obispos que actúen conforme a las normas que se dan, para que esto no se repita.

¿Por qué se calló tanto antes todo esto?

Yo creo que en algún momento hubo temor, mucho temor; y tal vez en algún momento no se creyó a las personas, o tal vez no se les prestó la atención debida. Así sucedió en muchos países donde a las víctimas no se les dio credibilidad y no se trató el problema con la medida de severidad que exige; la opción fue cambiar a los sacerdotes de lugar, pero entonces el papa dijo que esto no arreglaba nada; por eso en nuestra diócesis el obispo tomó la decisión de que quien es acusado, aunque esté en investigación, se suspenda mientras se lleva a cabo el proceso.

¿El proceso lo lleva específicamente la Iglesia?

Como en los tres casos los denunciados han pasado los 10 años y ya han prescrito los casos los lleva la Iglesia, pero también la Iglesia ha pedido que no haya miedo y abrió una oficina de denuncias; se trata de poner atención a las personas que lleguen a comentar si algo les ha sucedido.

¿Cuando usted habla de temor al hecho de no denunciar los casos antes, se trata de temor a la justicia a una ruptura de la Iglesia o a perder credibilidad?

En general, y eso es lo que dice el papa también, fue por evitar el escándalo. Aquí por ejemplo ha causado escándalo, es un escándalo para todos; entonces en algunos países, en Australia, Estados Unidos e Irlanda, entre otros, se prefirió el silencio y no se afrontó la situación como tenía que ser, pero esa no fue la actitud ni solución correcta y llevó a complicar más las cosas.

Insisto, entonces, Francisco ha cambiado las cosas.

Es el deseo del papa, es como el llamado a que la Iglesia, y cada uno de sus miembros, no solo los sacerdotes, sino obispos, religiosos, laicos, tengan que ser lo que tienen que ser, buenos discípulos de Cristo, que oyen el Evangelio, lo escuchan, lo meditan y cuya vida debe reflejar una dimensión sincera de conversión y preocupación por los demás; eso quiere el papa, una Iglesia firme ante Cristo.

Y en el caso salvadoreño, ¿qué tantos cuestionamientos han tenido de los fieles católicos?

Esto nadie lo esperaba, ha sido una sorpresa que se diera, en uno u otro caso. Algunos fieles lo toman con inquietud, porque dicen “tanto que había hecho un sacerdote”, pero si hubiera alguno que no lo comprende pues tendría que valorarlo más y ser abierto a lo que el papa nos está pidiendo y de modo especial a los obispos, de enfrentar estos hechos, de ya no callarlos, de denunciarlos. Muchos otros reciben con mucho pesar la noticia, no lo dicen en forma de condena, pero sí duele que se haya llegado a este tipo de procedimientos, pero en definitiva se trata de ayudar, no de hundir a alguno, sino de tomar un camino de purificación de la Iglesia y lo que señala el papa es el camino que se tiene que seguir y lo que nuestra Iglesia ha querido hacer.

Y si siguen los casos, denunciarán más sacerdotes, ¿no hay temor de que la Iglesia pierda credibilidad, pierda fieles?

Tal vez a corto plazo uno podría pensar que sí, esto nos afecta a todos, porque unos hablan mal y ante un mal testimonio, ante un escándalo esto ocurre, pero a largo plazo este es un camino de dar solidez a la Iglesia, porque es un modo de afrontar la verdad y es un modo de saber mostrar que el camino de la Iglesia es un camino de santidad, es un camino de dar la vida. La Iglesia no va haciendo encuestas para ver cuánta credibilidad tiene en un momento determinado, tiene que ser fiel a Jesucristo, muchas veces encontrará corrientes en muchos de los temas de la sociedad, porque no se somete a lo políticamente correcto, pero esto la llevará directamente a fortalecerse; porque es así, afrontando la verdad y tomando las medidas adecuadas es que la Iglesia seguirá adelante.

¿Hasta dónde va a llegar la Iglesia católica?

El camino está marcado, el camino sigue de purificación, de renovación. Yo digo, a la hora de pensar que hasta dónde va a llegar, que es el camino de cada uno de los miembros de la Iglesia reflejar a Cristo, esa es la meta. Somos pecadores, no hay duda alguna, esa dimensión la ha dado el mismo papa, pero una cosa es ser pecador y otra cosa es ser corrupto, entonces el camino es la renovación, la conversión.

¿Hasta ahora los tres sacerdotes denunciados están solo retirados?

Sí, porque es lo que pide la Iglesia mientras se da el proceso diocesano. Se suspende del cargo, se concluye la investigación y se envía a Roma, el juicio de Roma vendrá después de que estudie la documentación que se envía.

¿Y si los casos ya han prescrito, qué tanta prueba se puede encontrar?

Se trata de escuchar a las víctimas, aquellos que dicen que fueron acosados, abusados y se escucha también al que se dice es el abusador.

¿Es una investigación puramente testimonial? ¿Se llegará a la verdad?

Sí, así es. Recientemente en Australia se acusó a un obispo, quien se retiró para la investigación, se determinó que era falso y se le restituyó. Eso hace nuestra Iglesia, investigar plenamente los casos y llegar a la verdad.

¿Costó mucho trabajo tomar la decisión de hacer públicos los nombres de los sacerdotes?

Desde el principio está el deseo de abordar las cosas siempre con verdad, de saber hablar cuando se tenga que hablar, de saber decir cuando se tenga que decir, y eso es lo que la Iglesia ha hecho, afrontar las cosas, las ha dicho.

En el caso de monseñor Jesús Delgado, una funcionaria se adelantó y apresuró las cosas, ¿se hubiese hecho público si ella no denuncia?

Si era o no el momento más apropiado hay dudas, pues todavía estaba el proceso diocesano, pero se tuvo que adelantar, pero mientras está el proceso, se respeta esa fase y después viene la denuncia. Se recibe la denuncia, se habla con la persona, hay un tribunal que sigue la investigación, los escucha el obispo, es un proceso el que se sigue. En el caso de la funcionaria, la Iglesia seguía un proceso, eso ya se explicó, pero ella se adelantó, bueno, las cosas ya están hechas.

¿Y con las denuncias no temen una generalización por aquello de “justos por pecadores”?

Por supuesto que eso siempre está, eso de la generalización se da en muchos ámbitos, uno lo puede ver en toda la sociedad, corremos el riesgo todos de hacer demasiadas simplificaciones a la hora de abordar algunas temáticas, y en este caso el riesgo es el mismo. Ha habido algunos casos, eso es reconocido, pero el 99 % de los sacerdotes está logrando buenas cosas en sus ministerios; lo que pasa es que el bien hace menos ruido, el bien no se escucha, el mal se vende y eso hace más noticia. La Iglesia lo ha denunciado, no ha tenido miedo.

¿No ha tenido miedo en este momento, pero antes sí?

A nivel general, sí, pero bueno, van cambiando los tiempos, va cambiando la forma de proceder, de vencer el temor al escándalo, ojalá otros sectores de la sociedad tomaran el compromiso de proteger a los niños, hay abusos hasta en el seno de la familia.

¿Y el estigma, “los curas pedófilos”?

Eso depende de cómo cada uno lo quiera tomar, si uno se deja llevar por esas opiniones podría quedarse como encerrado y mejor no actuar. La tarea del sacerdote es grande, es amplia, y hay que ir contracorriente en ese tema y en muchas cosas. Los fieles que están en las parroquias conocen el trabajo que cada uno realiza. Es simplista etiquetar a una persona por lo que pudo haber hecho otra.

¿Y con lo que está pasando la Iglesia no ha discutido el viejo dilema del celibato?

Pablo VI ya afrontó esto allá por 1968, y dijo que al celibato se le hacen muchas acusaciones, como si fuera la causa, y no es así. Ese no es el problema, el problema es quizás no haberse formado con una madurez afectiva, una madurez sexual, una madurez humana, que es la raíz de lo que después viene a mostrarse. Es un tema de formación humana, el celibato no es algo impuesto, es una opción y si alguien no está apto para tomar el celibato la Iglesia no lo va a obligar para ir por ese camino, es una decisión personal.

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