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Una entrega musical por el prójimo que resultó de hacer un pacto con Dios

Néstor Marconi Aguilar es policía de profesión desde hace seis años, y en sus tiempos libres dedica su talento del canto cristiano para que diversas instituciones recauden fondos destinados a obras benéficas.
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Marconi, como lo llaman sus compañeros en la corporación policial y en la universidad donde estudia, descubrió su talento de cantar a los nueve años, porque su padre le inculcó el amor por la música y llegó a imitar al cantante mejicano Pedro Fernández cuando sonaba “La mochila azul”. Sus padres lo motivaron a él y a sus otros nueve hermanos a congregarse en una iglesia evangélica, y cuando Marconi tenía 10 años de edad abandonó la idea de seguir cantando música secular.

Desde entonces dedicó su voz a las alabanzas que entonaba en la iglesia donde se congregaba junto a sus padres.

Durante su niñez, Marconi ya colaboraba con algunas actividades que realizaban en su comunidad y en la iglesia. Sin embargo, cuando ya era un joven, sus padres se separaron y volvió a interpretar música secular, metiéndose de lleno a cantar en grupos y orquestas.

Recuerda que haber ingresado a ese mundo lo convirtió en un joven perdido en todos los sentidos. Después de viajar con los grupos a Honduras, Guatemala y recorrer todo el territorio salvadoreño, sentía que “andaba perdido”.

Mientras cursaba el bachillerato conoció a varios amigos, uno de ellos ingresó a la Policía Nacional Civil (PNC) y fue quien lo motivó para que también fuera parte de la corporación.

Hace siete años decidió dejar el mundo de los grupos musicales seculares y regresó a la iglesia evangélica. Marconi afirma que al retornar hizo un pacto con Dios, para dedicar su voz a ayudar en proyectos benéficos.

Ya lleva seis años en la PNC, ha estado en diferentes lugares como agente realizando labores de seguridad pública, pero actualmente se destaca en una delegación del occidente país, donde desempeña sus labores en el Departamento de Prevención y Familia.

Desde allí puede ayudar a los jóvenes a orientarlos a no tomar caminos equivocados y desarrollar su trabajo, principalmente en los centros escolares.

Cuando tiene tiempo libre y está fuera de la corporación, Marconi es invitado a varias iglesias e instituciones para que con su talento pueda ayudar a la recaudación de fondos para obras sociales.

“A veces los hermanos me preguntan cuánto gano, yo les respondo que nada, mi voz y las alabanzas se las dedico a Dios, y qué bueno que con lo que canto pueda ayudar a otros”, consideró Marconi.

Su popularidad en las iglesias evangélicas ha llegado hasta en ciudades de Guatemala, adonde viaja en ocasiones a cantar cuando se lo solicitan.

Las alabanzas cristianas las ejecuta en rancheras y género tropical, y en los templos y eventos en que se presenta lo hace vestido como charro, aunque lo que canta son alabanzas.

Marconi señala que mientras Dios le siga bendiciendo, él dedicará su voz para ser utilizada en obras de beneficio para los necesitados.

En su afán de que más gente lo conozca con su obra, Marconi ya graba en Guatemala alabanzas al estilo ranchero y tropical.

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