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Una esperanza en la buena pedagogía

La maestra Ramos es especialista en pedagogía de parvularia y primer ciclo. Hace un año, pasó una experiencia en la que comprobó que los maestros deben ser expertos para guardar la calma.
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Durante la hora de receso, un enfrentamiento armado tenía lugar en las afueras del centro escolar donde labora, en el municipio de San Martín.

Y su primerpensamiento fue salvaguardar la vida de sus párvulos. Rápidamente, pero de forma serena, dio indicaciones a los estudiantes. La idea era trasladarlos al salón de clases para protegerlos de una posible herida de bala. A la maestra se le ocurrió una dinámica para no alarmar a los niños.

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“Ahora vamos a agacharnos todos, vamos a hacer como que somos gusanitos y nos vamos a ir al grado, así nos vamos a quedar hasta que yo diga. Quien se levante, le toca penitencia”, comentó Ramos, quien relató la historia con el mismo sentimiento de angustia y nerviosismo que vivió en aquella ocasión. Antes de trabajar en esta escuela, la maestra tuvo una experiencia de casi siete años en el Centro de Desarrollo Infantil y Promoción Humana (CINDE), en el municipio de Soyapango.

Ahí adquirió todo ese “tacto pedagógico” que se necesita para tratar a niños que se desarrollan en un entorno de violencia y “vulnerabilidad social”, dice la profesora.En el CINDE atendió a mujeres que trabajaban en el mercado municipal y a sus hijos, que en su mayoría rondaban los tres a seis años, pero también fue parte del equipo de refuerzo escolar, apoyando con el desarrollo de tareas a alumnos de primer a cuarto grado, muchos de ellos con problemas en sus familias.

Ramos se graduó de la Universidad de El Salvador en 1997 y cuenta que su vocación surgió desde muy pequeña; además, recibió influencia por parte de su abuelo materno, quien le inculcó el amor por la enseñanza y la paciencia con la que debe ejercerse la profesión.Esta maestra tiene una trayectoria de 20 años en la formación académica de sus alumnos y, actualmente, a sus 42, busca siempre innovar en metodologías, técnicas y estrategias de enseñanza que le permitan inspirar una actitud de liderazgo y autoaprendizaje con los niños.

El objetivo de Ramos es formar con lecciones significativas a sus estudiantes para que disminuyan los niveles de violencia y entorno hostil en el que viven. “Trato la manera de sensibilizarlos, de hacer que se pongan en el lugar de otro y así crear empatía porque esto es una forma de disminuir un poco las actitudes negativas”, opinó.A ella le preocupan dos aspectos: la seguridad de ella y de sus alumnos, y el reto que representa formar a los niños con pensamientos y conductas de respeto propio y hacia sus semejantes, sin dejar de lado la parte recreativa que demandan los pequeños.

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Según datos del Instituto de Medicina Legal (IML) y de la Policía Nacional Civil (PNC), hasta el año pasado, San Martín ocupaba el décimo lugar entre los municipios más afectados por el accionar de las pandillas y estructuras del crimen organizado, cerrando el año con 88 homicidios.Frente a esto, Ramos reconoce que la situación respecto a la seguridad pública y en los centros escolares es “delicada”.

Algunos alumnos se relacionan directa o indirectamente con pandilleros, armas y, en general, un entorno adverso.Sin embargo, la maestra afirma que hace lo posible para que los estudiantes se sientan protegidos y seguros en la escuela. “No me equivoqué de profesión. Es lo que a mí me motiva porque considero que los niños llegan a mi salón a recibir conocimiento, amor, atención. Implica su esfuerzo y cierto riesgo, pero vale la pena”, dijo Ramos.De manera muy cordial y sincera aprovechó la oportunidad para hacer un llamado a las personas que van a dedicarse a la pedagogía, pues afirma que es una profesión que no debe tomarse a la ligera. “No se trata de estudiar porque solo son tres años de carrera o porque tiene una familia donde todos son maestros. Trabajar en esto es lo más maravilloso, pero implica seriedad y compromiso”, finalizó.

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