Una jueza con espíritu de servicio scout

Desde muy pequeña, Íngrid Lisseth Berríos Castillo ha estado involucrada con diversos grupos dedicados al servicio humanitario. Primero con una iglesia y luego dentro del movimiento scout de la ciudad de San Miguel, donde ha contribuido con la formación de decenas de grupos de niños y jóvenes.
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Esta profesional migueleña ha equilibrado su actividad profesional como jueza de Paz y suplente de Menores con la práctica de la docencia universitaria y su vida familiar. Algo que, según ella, la ha llenado de grandes satisfacciones personales.

“A través de educar en valores se está dejando el país mejor de como lo encontramos. Es una forma de rechazar la violencia, ya que a más scouts es posible un mejor El Salvador”, dice Berríos.

Cuenta que su involucramiento con grupos de voluntariado comenzó en la Iglesia Católica Oratorio San José. Cuando era una niña de 12 años ingresó al grupo de catequistas donde incluso fundó un grupo motivacional denominado Pandilla Feliz.

En esa época, recuerda, los catequistas –junto al sacerdote franciscano Valentín Agustini– se encargaban de recoger juguetes para repartirlos en las comunidades de escasos recursos ubicadas en la periferia de la ciudad de San Miguel.

Fue en el oratorio donde tuvo su primer acercamiento con los escenarios, ya que formó parte del Grupo de Teatro Kerigma. Luego de finalizar sus estudios de leyes, se retiró de las actividades religiosas pero inició una nueva aventura con el escultismo, hasta la fecha.

“En 1998 me encuentro con una líder, la señora Ruth de Flores (ya fallecida), quien fue la persona que me motivó para ingresar al grupo de apoyo scout y luego a convertirme en líder de manada”, contó la jueza.

Berríos recuerda que se involucró en el escultismo para estar cerca de su hijo, quien quería ingresar a la manada Los Castores. Luego le tocó hacer labor de difusión para dar a conocer que en San Miguel existía un grupo de scouts que fomentaba valores, destrezas y otras habilidades sociales y de convivencia entre niños y jóvenes.

“Cuando empecé en el grupo solo había 12 niños y recuerdo que fui a las oficinas de LA PRENSA GRÁFICA, donde me hicieron un reportaje sobre el movimiento scout. Gracias a eso llegaron alrededor de 10 padres de familia para inscribir a sus hijos”, recuerda.

Con el tiempo, esta profesional ha visto desfilar por el mundo del escultismo a decenas de niños y jóvenes que incluso ya se graduaron en diversas carreras universitarias. Esto la llena de mucha satisfacción al saber que una parte del triunfo de estos migueleños tiene que ver con los valores inculcados en el Grupo 53 Defensores de Mafeking, al que pertenece.

Aunque labora como jueza de Paz de Intipucá (La Unión) y suplente de Menores en San Miguel, considera que aún le queda tiempo para poner en práctica otras de sus grandes pasiones: escribir, montar y dirigir piezas teatrales que presenta junto a un grupo de niños y jóvenes scouts. A la fecha ha escrito y puesto en escena varios dramas, entre los que se incluyen el milagro del hallazgo de la Virgen de la Paz, pastorelas navideñas y “La magia de los colores”.

Su último proyecto, asegura, es escribir un libro, que aún se encuentra en fase de maduración, lo que combina con la práctica del tiro de rifle de aire y el cuidado de su familia. En cuanto al ejercicio de su carrera, Berríos considera que desde su profesión también es posible contribuir a formar un mejor país.

Tags:

  • ciudadana
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