La madre de una policía ha perdido la esperanza

Carla Mayary se vistió con una licra azul y unos zapatos de tacón color café el pasado 28 de diciembre. Se peinó el cabello negro y esponjado. Se aplicó crema en la piel y luego salió de su vivienda sin decir hacia a dónde. Ese es el último recuerdo que la madre de Carla Mayary Ayala tiene de ella y del día que la vio por última vez.

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Foto de LA PRENSA/Archivo Evidencia.  ESTOS ZAPATOS QUEDARON EN LA ZONA ACORDONADA POR LA PNC PARA INVESTIGAR EL PARADERO DE CARLA AYALA.

Foto de LA PRENSA/Archivo Evidencia. ESTOS ZAPATOS QUEDARON EN LA ZONA ACORDONADA POR LA PNC PARA INVESTIGAR EL PARADERO DE CARLA AYALA.

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“No recuerdo la camisa o blusa que llevaba, solo sé que se llevó los zapatos de tacón, porque son los únicos que hacen falta en el mueble donde ponía sus zapatos. Como era una mujer muy reservada, nunca me decía a dónde iba. Esa vez tampoco. Recuerdo poco de cómo iba, porque yo estaba acostada cuando ella se fue”, cuenta este martes la madre de Carla, cuando han transcurrido cinco días desde que su hija desapareció luego de una fiesta de fin de año, realizada en la sede del Grupo de Reacción Policial (GRP) de la Policía Nacional Civil (PNC), en la colonia San Fernando, cerca del estadio Cuscatlán.

La madre de Carla, parada frente a su vivienda en la colonia Santa Teresa de Apopa, donde también vivía su hija desde hace unos 16 años, agrega que ha perdido la esperanza de encontrarla. Está aferrada a la idea, según dice, de que los desaparecidos en El Salvador nunca son encontrados. O al menos eso es lo que ella cree.

“Es que aquí a los desaparecidos uno no los vuelve a encontrar. A una vecina se le desapareció un sobrino hace como un año y hasta ahora no ha sido encontrado. Estoy destrozada porque creo que eso mismo me va a pasar y no dejo de pensar en eso, en que no la voy a encontrar”, dice con tozudez, como alguien que no cambiará de opinión, a pesar de las esperanzas que le ofrecen investigadores policiales.

La madre de Carla está segura de que las autoridades no localizarán con vida a la agente.

“No es posible que la encontremos viva, eso si es que la encontramos. De eso sí estoy segura: ella ya no está viva, ya pasaron muchos días. Ya no contestó su celular, ya no se sabe nada de ella”, explica la madre, mientras relata que después de su desaparición desfilaron por su vivienda varios investigadores. Primero llegaron para informarle, el 29 de diciembre, que Carla estaba desaparecida y que habían llegado para verificar si estaba en casa. Luego regresaron para confirmarle que un agente del GRP, llamado Juan Josué Castillo Arévalo, era el principal sospechoso de haberla herido con un arma de fuego y después haberla desaparecido.

“Los investigadores dijeron que lo más probable era que ese Castillo la había llevado hasta Usulután, porque la última conexión de su celular fue en ese lugar”, recuerda la madre.

El pasado 28 de diciembre en la noche y el 29 en la madrugada, según la versión oficial que relató el director de la Policía, Howard Cotto, Carla había llegado a la fiesta de fin de año en el GRP, aunque ella no era una agente de esa unidad élite, sino que estaba destacada en las oficinas de la Unidad Disciplinaria de la PNC de San Salvador.

  “Me paso las noches llorando queriendo saber qué le hicieron”.
Madre de la desaparecida agente Carla Mayary Ayala Palacios

A las 11:35 de la noche, un jefe del GRP les ordenó a tres subalternos llevarla en un vehículo policial hacia su vivienda en Apopa. Entre los tres estaba Juan Josué Castillo, quien supuestamente la lesionó luego de una discusión, con su arma de fuego, en el tramo que conecta el final del bulevar Constitución y el redondel Integración. En ese retorno, según la versión oficial, en vez de dirigirse hacia Apopa o buscar un hospital, los agentes dieron la vuelta para regresar a la sede policial. En el GRP, a las 12:05 de la madrugada, los dos agentes que iban con Castillo y Carla se bajaron para informar a las jefaturas sobre lo ocurrido.

En ese momento, Castillo tomó el vehículo y se dirigió hacia San Francisco Javier, Usulután, con Carla a bordo. Esa fue la última vez que la vieron.

A las 4:45 de la madrugada, Castillo regresó, sin Carla, para estacionar el vehículo policial en las cercanías del GRP y luego huyó en un vehículo de su hermano y cuñado. Algunos de sus compañeros detuvieron el vehículo, pero Castillo ya no estaba ahí. O al menos eso es lo que sostiene la versión oficial.

“Lo único que me queda por contar es que me paso las noches llorando queriendo saber dónde está y qué le hicieron. Pero también estoy resignada a que quizá nunca voy a saber nada”, masculla la madre de Carla, tropezándose entre las palabras que quiere decir, mientras hace un esfuerzo para no llorar.

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  • Carla Mayary Ayala

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