Una mano japonesa que alivia a las personas con discapacidad en Perquín

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Samaritana. Con el trabajo de la voluntaria japonesa, ahora la Unidad de Salud de Perquín cuenta con un registro de las personas con discapacidad del municipio y su condición física. “La gente ha aprendido mucho a valorar la rehabilitación”, destacó Tomoko.

Samaritana. Con el trabajo de la voluntaria japonesa, ahora la Unidad de Salud de Perquín cuenta con un registro de las personas con discapacidad del municipio y su condición física. “La gente ha aprendido mucho a valorar la rehabilitación”, destacó Tomoko.

Una mano japonesa que alivia a las personas con discapacidad en Perquín

Una mano japonesa que alivia a las personas con discapacidad en Perquín

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Tomoko Shimoda vivió los últimos dos años entre las montañas y la naturaleza del municipio de Perquín, en el oriental departamento de Morazán, lugar del que dice haberse enamorado. Shimoda es una fisioterapeuta de carrera, quien después de ejercer 13 años en Japón decidió viajar a El Salvador para ser voluntaria del programa de voluntariado de la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA).

Fue enviada para que apoyara a la Unidad Comunitaria de Salud Familiar de Perquín y diera continuidad a un proyecto de Rehabilitación Comunitaria, que se ejecuta en la localidad desde hace seis años y donde se atiende a pacientes con algún tipo de discapacidad física, y que no pueden asistir a un centro asistencial para recibir tratamiento terapéutico.

“Muchas personas viven lejos y se les hace difícil salir de sus casas porque la calle es fea y no hay transporte”, describió Tomoko, o Tommy como le decían con cariño en la comunidad debido a que se les complicaba la pronunciación de su nombre y optaron por llamarle así, a lo que ella se acostumbró y le gusta.

Según la fisioterapeuta japonesa, la Rehabilitación Comunitaria está basada en la práctica de ejercicio físico por sí mismo; por ello a sus pacientes, aparte de realizarles su tratamiento, también les enseñó formas de hacer ejercicio y cómo fortalecer los músculos. Además, las familias de los pacientes fueron capacitadas sobre dichas técnicas.

Como las personas atendidas residen en al menos ocho comunidades, Tommy caminaba junto a las promotoras de Salud por largas veredas. Su mayor temor era para con los perros que tienen las familias en sus casas, así como los puentes construidos con tablas, aunque su deseo por ayudar a quienes necesitaban la hizo vencer esos temores.

Pero su identificación con la comunidad no solo se quedó en tratar a los pacientes con discapacidad, sino que participó de otras actividades sociales en Perquín, como ser la primera voluntaria japonesa que fue nombrada reina de la unidad de salud y que desfiló durante las pasadas fiestas patronales de Perquín. También a solicitud de los habitantes organizó una feria japonesa, para mostrar la cultura de su país.

Durante los años que permaneció en el municipio atendió a unas 40 personas, entre niños y adultos, que tenían dolencias como parálisis, artritis, reumatismo en las rodillas, distrofia muscular, fracturas, personas con ceguera y sordera, o niños que presentaban problemas para comenzar a caminar.

Una de las anécdotas que Tomoko lleva guardada en su corazón es la de una niña de 7 años de edad con parálisis, a quien tras visitarla en dos primeras ocasiones no pudo tocarla, debido a que no paraba de llorar al ver a la joven japonesa. “Tal vez tenía miedo de mí, pero fui muchas veces y poco a poco fui ganando su confianza”, recordó. Cuando la conoció la menor no podía caminar, ni sentarse, mucho menos darse vuelta, pero después de la terapia y algunos ejercicios logró que la niña se sentara para comer.

Tras la finalización reciente de su voluntariado en El Salvador, Shimoda tuvo sentimientos encontrados, ya que logró visitar lugares como El Pital, en Chalatenango, y Alegría, en Usulután, sitios que tienen algunos parecidos a Perquín, por su clima y vegetación. “Una mitad de mí quiere salir, porque quiero ver a mi familia; y la otra mitad se quiere quedar aquí”, dijo.

Manifestó que de nuestro país extrañará las pupusas y las enchiladas, incluso los frijoles, los cuales recién llegada no le gustaban; pero dijo que tratará de compensarlo con la comida que prepara su madre, la cual está deseosa de volver a saborear.

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