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Una nueva luz nos abre a la esperanza, la solidaridad

Cuánto necesitamos los unos de los otros, qué importante es salir al paso del que sufre, del que es atropellado por la aplanadora inhumana de una sociedad que se jacta de moderna, progresista y librepensadora. Sabias son las palabras que el Papa Francisco ha dirigido en una de sus audiencias de los miércoles: “Lo dice claramente Jesús, resumiendo su enseñanza para los discípulos: ‘Sed misericordiosos como el Padre es misericordioso’. ¿Puede existir un cristiano que no sea misericordioso? No. El cristiano necesariamente debe ser misericordioso porque esto es el centro del Evangelio. Y fiel a esta enseñanza, la Iglesia no puede hacer otra cosa que repetir lo mismo a sus hijos: sed misericordiosos como lo es el Padre, y como lo ha sido Jesús. Misericordia.
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Y entonces la Iglesia se comporta como Jesús. La madre Iglesia, como Jesús, enseña con el ejemplo, y las palabras son necesarias para iluminar el significado de sus gestos”. (Audiencia del 10 de septiembre de 2016).

Así es, tenemos que salir al paso de nuestros hermanos perseguidos por su fe, humillados, incluso torturados. Muchas veces otros grupos religiosos nos dan ejemplo de unión y apoyo; tal vez vale la pena ver uno de ellos para que nosotros sigamos su mismo ejemplo:

Los Markovitz era una de las pocas familias judías que vivían en un apacible suburbio de Pensilvania, cuyas calles se llenaban de luces navideñas en diciembre. Ellos, en cambio, colocaban una menorá (candelabro judío de nueve brazos) encendida en una ventana de su casa como recordatorio de que también era el inicio de la Hanuka, una de sus principales fiestas religiosas judías. Judy Markovitz se despertó al oír un fuerte ruido. Habían roto la ventana y arrancado la menorá. Para los Markovitz fue una agresión que removió viejas heridas, ya que los padres de Judy habían estado en el pasado recluidos en un campo de concentración. En la noche, cuando la familia Markovitz regresaba a su casa, casi todas las casas de la manzana estaban adornadas con una menorá resplandeciente. La hija de la pareja, Vicky, hoy día de 18 años, recuerda aquellas ventanas iluminadas como una señal de compasión y solidaridad. Fue como si todos los vecinos dijeran: “Si vuelven a romper las ventanas de ellos, también tendrán que romper las nuestras”.

Compasión y solidaridad, ambas constituyen la misericordia, son dos joyas que necesitas hoy rescatar de nuestras sociedades intolerantes e indiferentes. Reír con el que ríe y llorar con el que llora. Que nunca demos la espalda al que sufre, porque así nos lo ha pedido el Señor. Jesús sí nos enseña el verdadero amor de compasión y misericordia: “Tengo compasión de la multitud, porque ya hace tres días que están conmigo y no tienen qué comer”. (Marcos 8:2).

(Legionofchrist.com; Regnumchristi.com).

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