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Una salvadoreña, inspiración hispana para las niñas en la ciencia

¿Sabías que la primera ingeniera graduada de la universidad en Hispanoamérica fue salvadoreña?

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Antonia Navarro. La niña que observaba la luna Por Elena Salamanca. Ilustración de Jennifer Dahbura. Forma parte de la colección Siemprevivas, mujeres extraordinarias de El Salvador, siglos XVIII-XX, de editorial Kalina.

Antonia Navarro. La niña que observaba la luna Por Elena Salamanca. Ilustración de Jennifer Dahbura. Forma parte de la colección Siemprevivas, mujeres extraordinarias de El Salvador, siglos XVIII-XX, de editorial Kalina.

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Este 11 de febrero se celebró el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia.

La fecha es propicia para recordar a la primera ingeniera graduada de una universidad en Hispanoamérica. Se trata de Antonia Navarro Huezo, quien nació en El Salvador en 1870. Desde niña fue curiosa por el sentido de las cosas y su imaginación, como la de sus hermanos, fue estimulada por la lectura de novelas de ciencia ficción que entonces tenían un gran público. Su padre era un boticario llamado Belisario Navarro, quien murió cuando Antonia era pequeña. Su madre, Marina Huezo, la apoyó siempre en su decisión de estudiar, hasta llegar a inscribirse en la universidad, en un tiempo en el que las mujeres no tenían derechos, no eran ciudadanas y aunque podían asistir a la escuela no eran permitidas en la Universidad.

A pesar de sus problemas de salud en la adolescencia, Antonia logró graduarse del Bachillerato en Artes y Ciencias. Pero Antonia quería más. A los 17 años escribió una carta al entonces presidente de la república, Francisco Menéndez, para pedirle permiso de inscribirse en la Universidad de El Salvador (UES). Ese mismo año pudo inscribirse en el doctorado en Ingeniería Topográfica. Algunos de sus estudios fueron publicados en la revista "La Universidad".

En septiembre de 1889, a los 19 años de edad, Antonia Navarro Huezo presentó su tesis sobre la "Luna de mieses" o "Luna de la cosecha", en el paraninfo de la Universidad de El Salvador. Su tesis fue muy importante para la joven ciencia en Centroamérica, pues demostraba que la observación y la experimentación eran fundamentales para comprobar la teoría y que, hasta entonces en el caso de la "luna de la cosecha" había sido un error metodológico en El Salvador y la región.

En 1891, Antonia Navarro Huezo murió de tuberculosis. Aunque la ciencia había avanzado, aún no había logrado detener ciertas enfermedades y epidemias.

Por mucho tiempo Antonia Navarro Huezo permaneció en el olvido, a pesar de haber sido la primera ingeniera graduada de la Universidad en Hispanoamérica. Investigaciones recientes como las de Carlos Cañas Dinarte y Olga Vásquez Monzón sacaron a la luz su valiosa historia.

Entre 1870 y 1880, aunque muchas mujeres lograron inscribirse en la universidad, para estudiar carreras como medicina, ingeniería o derecho, no todas lograron graduarse.

Antonia Navarro Huezo se abrió camino en un campo y un tiempo muy hostil para las mujeres. Aún hoy, más de 150 años después de su nacimiento, las niñas y las mujeres de El Salvador y Centroamérica se enfrentan a la falta de acceso a la educación. Y otras, aunque logran inscribirse en la escuela y la universidad, no logran culminar sus estudios, acosadas por la violencia física, sexual y económica.

Por todas esas niñas y mujeres, hoy traemos la luz de Antonia Navarro Huezo y celebramos su vida, que, breve como el paso de un cometa, dejó una estela inconmensurable en el tiempo.

El cuento Antonia Navarro. La niña que observaba la luna, escrito por Elena Salamanca e ilustrado por Jennifer Dahbura, es parte de la colección Siemprevivas, mujeres extraordinarias de El Salvador, siglos XVIII-XX, de editorial Kalina.

La pieza narrativa fue investigada y escrita por la historiadora Elena Salamanca. También cuenta con las ilustraciones de un talentoso grupo de artistas nacionales.

La obra recoge las experiencias de mujeres que lucharon en su tiempo en campos agrestes en los que, a pesar de todo, lograron florecer.

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