Una vida dedicada al servicio de los ancianos y los niños migueleños

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Servicio.  María Teresa Castillo Hernández se crió en un hogar donde se practicaba la labor social.

Servicio. María Teresa Castillo Hernández se crió en un hogar donde se practicaba la labor social.

Una vida dedicada al servicio de los ancianos y los niños migueleños

Una vida dedicada al servicio de los ancianos y los niños migueleños

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María Teresa Castillo Hernández aprendió desde pequeña el valor de la labor desinteresada en beneficio de los más necesitados, por eso no tuvo reparos en continuar con la labor iniciada por su madre, Tere de Castillo, al frente de la Asociación de Señoras de la Caridad de San Vicente de Paúl de San Miguel.

Esta migueleña cuenta que para ella era normal armar bolsas de víveres y repartir juguetes en la temporada navideña. Su casa incluso servía como centro de acopio, ya que su madre siempre formó parte de clubes de servicio migueleños y comités para recaudar fondos.

“Con mis hermanos crecimos viendo las obras sociales como algo natural. Mi madre, que era una mujer extraordinaria, organizaba, dirigía y hasta cocinaba grandes cantidades de comida para damnificados” dice.

Y fue así que doña María Teresa se fue involucrando en el mundo del servicio social y poco a poco se convirtió en la mano derecha de su progenitora, sin descuidar nunca sus estudios, al grado que el día de su graduación de bachillerato obtuvo la medalla de excelencia académica integral por haber sido la mejor alumna de toda su generación.

Luego viajó una temporada a Inglaterra, para aprender idiomas y a su regresó inició sus estudios de Química Farmacéutica para seguir los pasos de su padre, a quien admiraba profundamente.

“Tuve que viajar a San Salvador para continuar mis estudios en la Universidad Nacional, pero como era la época de los cierres, hice mi tesis de graduación en Guatemala y recibí mi título en el auditorio de la UCA” recuerda.

A su regreso a San Miguel, se incorporó a los negocios familiares, se casó, tuvo dos hijas, que son su mayor orgullo y cumplió con su sueño de fundar un laboratorio propio que -durante más de 20 años- fabricó medicamentos que tuvieron gran aceptación entre la población migueleña.

En 1994 comenzó a trabajar como voluntaria en la creación y ejecución de proyectos para la recaudación de fondos del Asilo San Antonio y al mismo tiempo se involucró en las labores del Club Rotario Ciudad Jardín y en las directivas de padres de familia de los colegios a los que asistían sus hijas.

“En enero de 2008, cuando murió mi mamá, asumí de lleno la responsabilidad de la secretaría de la junta directiva de la Asociación de las Señoras de la Caridad de San Vicente de Paúl de San Miguel.

“Mi objetivo es mejorar las condiciones de los ancianos del asilo y que los niños de la guardería tengan una educación primaria digna. Esta ha sido mi forma de vida, porque todo el tiempo estuve involucrada en las obras sociales y espero seguirlo haciendo mientras viva” asegura.

“En el 2006 fundamos ASALMIR, una organización que se encarga de educar para prevenir la insuficiente renal” cuenta.

Precisamente en ASALMIR es que doña María Teresa ha realizado lo que ella considera “su mejor aporte para la humanidad”. Dice que en esta asociación se trabaja para educar a niños, jóvenes y adultos sobre los factores de riesgo que causan las enfermedades renales, mediante campañas educativas y jornadas médicas que se realizan en escuelas y comunidades.

Como ASALMIR se fundó una clínica para la detección temprana de las causas que originan la insuficiente renal, que dentro de pronto cumplirá nueve años de trabajar en función de los más necesitados.

Ella cuenta que en ASALMIR se han dado a la tarea de realizar festivales saludables en los cafetines de los centros escolares, donde se promueve el consumo de pupusas y refrescos naturales para sustituir las sodas y las frituras embolsadas que acostumbran consumir los estudiantes.

Los maestros también han sido capacitados, para dar charlas a los niños sobre el riesgo que implica consumir golosinas, ya que contienen altas cantidades de sal y conservantes que son uno de los factores de riesgo en las enfermedades renales.

Esta migueleña espera continuar contribuyendo con las obras benéficas de la Asociación de las Señoras de la Caridad de San Vicente de Paúl de San Miguel, ya que los proyectos del Asilo y la guardería demandan esfuerzos para recolectar los fondos necesarios para el pago de planillas y la compra de alimentos y otros artículos para atender a los adultos mayores.

“Ahora, lo que estamos haciendo es una campaña para recaudar fondos y artículos no perecederos para el asilo”, comentó.

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