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“Uno tiene que ser, hasta donde se puede, perfecto”: Don Alfonso

“Don Alfonsito”, como se le conocía cariñosamente en esta sala de redacción, falleció este lunes dejando, además de recuerdos y muchas amistades que lo extrañarán, siete décadas de trayectoria en prensa y relaciones públicas. Hace unos meses, conversó sobre su experiencia en LA PRENSA GRÁFICA, un relato que da cuenta de su entrega durante tantos años que entregó a este periódico.
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“Uno tiene que ser, hasta donde se puede, perfecto”: Don Alfonso

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"Es imposible darle cabida a los cientos de artículos que llegan todos los días, y el encargado tiene mucho trabajo: de cómo escoger aquellas que realmente valen la pena, sin riesgo de equivocarse mucho. No digo que uno no se equivoque; todos nos equivocamos, pero uno trata de no equivocarse nunca, porque uno tiene que ser, hasta donde se puede, perfecto".

Hace unos meses, así describía Alfonso Salazar un poco sobre su trabajo como editor de la sección Opinión de LA PRENSA GRÁFICA, una de las más delicadas, según él consideraba. Así relataba "don Alfonsito" el empeño que ponía en la labor que realizaba en un periódico al que le dedicó 31 años de su vida, cuatro de ellos entre 1949 y 1953, y el resto de manera ininterrumpida desde 1989 hasta el 19 de agosto de este año, cuando diversas complicaciones de salud le llevaron a una incapacidad laboral por varias semanas, y que finalizó la mañana de este último lunes de noviembre con su sentido fallecimiento.

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Don Alfonso relató hace un tiempo, con motivo del centenario del rotativo, sobre sus inicios en el periodismo, "cuando José Dutriz padre me dio la oportunidad de trabajar como redactor" y tuvo "el honor de formar parte de LA PRENSA GRÁFICA, a mediados del siglo pasado".

Su experiencia la labró a lo largo de siete décadas de trabajo y parte de su extensa trayectoria en este periódico la adquirió laborando al lado de varios de la familia fundadora. "Yo trabajé con los cinco hermanos, con don Rodolfo, con don José, con don Alex, con don Mario y con don Roberto", contó y añadió: "Todos ellos, ejemplos de bondad, cortesía y respeto con sus empleados".

Según el relato de don Alfonso, en LA PRENSA GRÁFICA adquirió los cimientos de su carrera profesional. "Aquí es donde aprendí hasta la manera de contestar un teléfono", contó, y aconsejó que, al no saber quién está del otro lado de la línea telefónica, es necesario ser siempre lo más cortés posible.

"Don Alfonsito", como lo llamaban cariñosamente en la redacción de este periódico, era de hablar suave, pero la elocuencia y perfección con la que seleccionaba cada palabra al conversar o escribir, reflejaban al hombre ilustrado y de buenas maneras que era. Aunque parecía de serio semblante, los compañeros y amigos de muchas generaciones que hizo en la redacción disfrutaban de las charlas con él, amenas y cultas. “Don Fonchito” era bajito de estatura, y de pasos cortitos y suaves pasos; así también era y será siempre para sus cientos de compañeros de trabajo un modelo de admiración, compromiso, entrega y profesionalismo.

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