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“Unos policías me echaron el carro solo para silbarme”

Los piropos y silbidos, unas de tantas manifestaciones de acoso sexual practicadas a diario contra miles de mujeres en espacios públicos, son condenados con penas desde tres hasta ocho años de prisión; sin embargo, en El Salvador, pocos lo conocen e incluso los mismos agentes del Estado cometen el delito con preferencia contra niñas menores de doce años, según un estudio.
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"Lo que he identificado yo, porque ya me ha pasado dos veces con diferentes hombres, es que utilizan esta técnica: Ponen la mochila sobre la pierna que le queda del lado del pasillo del bus y se tapan. Entonces, ahí se sacan su pene y comienzan a masturbarse y obviamente eso te coloca en una situación de vulnerabilidad".

Marcela (nombre ficticio de una víctima de acoso sexual)
 
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Así como Marcela (nombre ficticio), miles de mujeres sufren a diario el acoso sexual en su trayecto hacia la escuela, la iglesia, la tienda o trabajo; sobre todo cuando caminan por la calle o van en el transporte público. Un acoso sexual que se manifiesta en diferentes niveles de gravedad de parte del agresor, que en todos los casos es un hombre.

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En El Salvador, un "simple" piropo, un silbido o una mirada lasciva son contemplados en el Código Penal como delitos de índole sexual cuando son indeseados por quien los recibe; cuánto más los tocamientos "u otra conducta inequívoca de naturaleza o contenido sexual", según estipula el artículo 165.

Además de dejar claro que son delitos, la ley ordena sancionar a quienes lo practican con cárcel de tres a cinco años y de "cuatro a ocho años de prisión" si el acoso sexual es "contra menor de quince años".

Sin embargo, no todos reconocen aún estas conductas como un tipo de violencia y acoso sexual, y entre quienes saben que lo es, pocos conocen que es un delito contemplado en las leyes salvadoreñas y que se castiga con cárcel.

"Es muy frecuente ver a mujeres con traumas a partir de eso. Por ejemplo, esa práctica de masturbarse en el transporte público, a la par tuya, ¡eso puede ser tan traumático! Imagínense a una estudiante de diez (o) doce años, vivir este episodio puede ser traumático", dice la abogada y coordinadora del programa de no violencia de ORMUSA, Silvia Juárez.



"Diversos estudios y sondeos sobre las historias de vida de las mujeres revelan que todas las mujeres (salvadoreñas) han enfrentado al menos un episodio de acoso sexual en el espacio público. Nadie puede decir 'a mí nunca me han silbado, a mí nunca me han hecho una mirada lasciva, a mí nunca me han tocado'; y eso demuestra también la magnitud del problema", manifiesta Juárez, activista por los derechos de las mujeres.

De acuerdo con las estadísticas brindadas por la experta, "solo alrededor del 20 % de los hechos de violencia sexual como el acoso llegan a denuncia".

"Tiene que ver con la cultura de tolerancia. Tiene que ver con la cultura de credibilidad que se instala sobre las víctimas. Es decir que una víctima llegue, por ejemplo, a una delegación (denunciando): 'Mire en el parque Centenario acaban de silbarme', puede parecer como algo de menor relevancia. Se minimiza y también la palabra de las víctimas suele quedar en descrédito", explica Juárez.

No solo los silbidos y piropos quedan en la impunidad. También los agresores como el que acosó a Marcela quedan sin ser castigados como manda la ley salvadoreña.

De acuerdo con el relato de Marcela, el hombre que la acosó se sentó a la par de ella, aunque el bus iba completamente vacío. "Cuando a mí me pasó la primera vez, inmediatamente no me di cuenta porque iba en mi mundo, iba en la ventana; pero cuando me di cuenta, me paré y dije en el bus que ya se había llenado la gente: "¡Este hombre se está masturbando al lado mío!”… nadie hizo nada. Absolutamente nadie", cuenta.



El acoso no llegó hasta ahí. Cuando Marcela se bajó del bus, el agresor la siguió y se subió detrás de ella en un segundo autobús. "Entonces busqué alguien que me acompañara en este proceso y obviamente, si buscaba una mujer, como estos son hombres tan machistas, solo le van a temer a otra figura masculina, porque yo ya había hecho ruido, yo ya había denunciado, y la gente no me apoyó. Entonces llegué donde un hombre y le dije: 'Este hombre me viene siguiendo'. Y cuando vio que yo estaba hablando con otro hombre, un hombre que el reconocía como par en poder, en respeto, en derechos, entonces se bajó del bus", relata Marcela.

 

"UNOS POLICÍAS ME ECHARON EL CARRO SOLO PARA SILBARME"


En 2016, ORMUSA presentó un estudio sobre violencia institucional, en el que "una de las líneas de investigación era la perpetración de violencia sexual presentada por agentes del Estado, llámese policías, militares, fiscales, jueces", cuenta Juárez.

"Precisamente la Policía Nacional Civil eran los agentes del Estado más denunciados por este tipo de hechos. Parte del silencio impuesto a las mujeres que enfrentan el acoso sexual en el espacio público tiene que ver con la confianza que tenemos en las instituciones", explica la activista.

Lourdes (nombre ficticio) es otra víctima de esta violencia sexual. "Cuando tenía 16 años, por la colonia donde vivía, unos policías me echaron el carro solo para silbarme", recuerda siete años después del hecho. Ya adulta, continúa viviendo el mismo tipo de acoso en la calle.

"Saliendo del lugar donde trabajo hay una institución diplomática que está custodiada por agentes de la Policía. Un día de estos iba pasando con una amiga por ahí y los agentes de la Policía que estaban de turno nos dijeron cosas en tono muy sexual. Yo me di la vuelta y les pregunté que qué les pasaba, que si no estaban trabajando, y lo que me contestaron fue un chiste. Ellos no ven en el hecho violento que cometen una acción real o preocupante. Ellos lo ven como un chiste. Incluso cuando uno les pregunta o increpa por qué lo están haciendo, ellos lo ven como algo que no tiene importancia, que no tiene valor. Ni siquiera respetan el hecho que uno reclame por qué toman esas actitudes", lamenta.


 

POLICÍAS PREFIEREN ACOSAR A NIÑAS DE DOCE AÑOS Y MENORES


Los agentes de Estado no solo acosan a mujeres y adolescentes. De hecho, de acuerdo al estudio presentado el año pasado por ORMUSA, "el grupo mayormente victimizado por este tipo de agresor eran las niñas y adolescentes entre los cero y doce años".

LA PRENSA GRÁFICA hizo un pequeño ejercicio en un salón de clases de noveno grado en una escuela pública de niñas. De un total de 35 estudiantes entre 14 y 16 años, diez manifestaron haber sufrido acoso sexual de parte de policías y militares con miradas lascivas e intentos de tocamiento. Todas coincidieron que no lo denunciaron con nadie porque nadie les creería. Al preguntarle sobre lo que el acoso provocó en ellas, respondieron de manera tajante: miedo.



Algunas de las estrategias que emplean a su corta edad es caminar rápido en los lugares en que se sienten vulnerables al acoso e identifican como los sitos de mayor riesgo los "carwash", paradas de buses y puntos de taxi.

"Imaginen la relación de poder. Yo, como ciudadana, frente a un uniformado, armado, hombre, tengo una relación de poder distinta. Ahora imaginen a una niña de 12 años, de 7 años, frente a una autoridad como esta. La relación de poder es totalmente abismal", señala.

"La percepción del miedo en la ciudad es bastante diferente para hombres y mujeres. Muy probablemente una mujer decidiría cambiar de acera al avistar que adelante, a dos cuadras, hay un taller de mecánica. Cambia su ruta. Preguntémonos cuántos hombres decidirán cambiar su ruta al avistar un taller de mecánica a 200 metros. Probablemente no. Entonces el mismo espacio público en las mismas condiciones representa un riesgo diferencial para hombres que para mujeres", señala Juárez, de ORMUSA.



¿QUÉ HAY DETRÁS DE UNA FRASE ACOSADORA DE TONO SEXUAL?

"Detrás del acoso hay un mensaje que va más allá del simple hecho de hostigar, de arruinarme el día o de invadir mi libertad sexual y tiene que ver con un mensaje de terror", explica Juárez.

"Es un mensaje: Te he seleccionado, te quiero para mí y puedo llegar a invadir tu cuerpo. Ese es el mensaje", recalca la activista.
 

"No está demostrado bajo ninguna circunstancia y ningún estudio ha dicho que este tipo de conducta sea algo que las mujeres hemos pedido vivir. Entonces la premisa de este tipo de delito penal, como lo dice (el Código Penal), es que se realiza una conducta sexual indeseada por quien la recibe", recuerda.

Además, aclara que la ley establece que el tipo de vida sexual de una persona no puede ser usado como justificante para cometer el delito.


¡DENUNCIA!

Aunque en El Salvador han ocurrido pocas condenas por el acoso sexual practicado en espacios públicos -pues los pocos acosadores castigados corresponden a delitos cometidos en espacios privados como trabajos y escuelas-, Juárez trabaja para instar a otras mujeres a denunciar cada manifestación de acoso sexual o poner un aviso ante las autoridades, si es que se quiere quedar en el anonimato. "Tenemos que empezar a romper la cultura de la tolerancia", expresa.

"Basta con que se dé un aviso a la Policía, a la Fiscalía o incluso a las autoridades municipales como el CAM para que puedan perseguir esta acción (acoso). La denuncia puede hacerse escrita o verbal. Implica que se describa el hecho, que la persona se identifique. La PNC está en toda la obligación de perseguir este hecho, porque todos los delitos cometidos en flagrancia son perseguibles y la Policía puede detener a esta persona", cuenta.

Además, Juárez aclara que la ley "establece que aquellos que obstaculicen el acceso a la justicia, tolerando, promoviendo o minimizando los hechos de violencia, pueden denunciarse también".

"Por ejemplo, si un agente lo encuentro y le digo: 'Mire, un hombre me acaba de hacer esto' y él me dice 'por eso no se denuncia hija, si chuléandola estaba', yo puedo denunciar a ese agente policial porque se está convirtiendo en perpetrador de la violencia, al tolerarlo, al decirle: 'lo que hiciste es válido'".

"Un tip clave es (decir): 'si usted no me toma la denuncia por este delito que se acaba de cometer, yo lo voy a denunciar a usted', (así) empezamos a desmontar la cultura de la tolerancia", recomienda.



 

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