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"Vas a ser mi ‘jaina’ por las buenas o por las malas"

Terminando la advertencia, introdujo a la adolescente a un monte, le quitó la ropa por la fuerza y la violó. Luego la volvió a amedrentar: "No le vayás a contar a nadie, porque con la pandilla no se juega".

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Historia. La construcción del edificio inició en 1903 y fue inaugurado el 31 de diciembre a las 12 de noche con la obra "La viuda Alegre de Franz Lehar".

El calvario para Marta, quizás el episodio más oscuro de su vida y el que tal vez nunca pueda superar, inició en julio del año pasado, cuando un peligroso pandillero recién salido de prisión de pagar una condena por homicidio se fue a refugiar a la comunidad donde ella vivía, en Nueva Esparta, La Unión.

Desde la llegada de aquel hombre, con un cuerpo tatuado casi por completo, que siempre portaba un arma de fuego calibre 38 milímetros y que se desplazaba por los montes y zonas desoladas de la comunidad, la vida de Marta se volvió una pesadilla con nombre: Wilmer Adonay Reyes, activo en la pandilla 18.

La primera ocasión que la adolescente se encontró con el pandillero fue un día de julio de 2018, aproximadamente a la 5 de la tarde, cuando su verdugo fue claro y directo con su amenaza: "Vas a ser mi ‘jaina’ por las buenas o por las malas".

También le advirtió que era "miembro activo de la pandilla 18" y que con él "nadie jugaba". El sujeto portaba un arma de fuego en la mano cuando la sentenció.

Marta se rehusó a la pretensión del pandillero, pero asegura que sintió mucho miedo al ver el cuerpo tatuado de aquel hombre, quien de inmediato le lanzó otra exigencia: "Me pidió que tuviéramos relaciones sexuales; si no, me mataría a mí y a mi familia".

Terminando la advertencia, el pandillero introdujo a la adolescente a un monte, le quitó la ropa por la fuerza y la violó. Luego la volvió a amedrentar: "No le vayás a contar a nadie, porque con la pandilla no se juega".

Días después del abuso, Marta recibió una llamada en su celular; al responder, la voz que escuchó fue la del pandillero que la había violado. Aquella tarde, vía telefónica, la amenazó de nuevo y le exigió que llegara a un terreno montañoso y desolado de la comunidad, a lo que Marta accedió.

"Cuando ella llega, (el pandillero) la agarra por la fuerza, le quita toda la ropa, luego se desnuda él, obligándola a sostener relaciones sexuales vía anal y vaginal, por el lapso de una hora", detalla el expediente judicial.

La tercera ocasión que la menor fue abusada sexualmente por el pandillero fue una tarde a inicios de agosto del mismo año, siempre en el mismo sitio donde ocurrieron los dos abusos anteriores y bajo las mismas circunstancias de amenazas.

Pero el día 15 de ese mes de agosto, la adolescente casi presenció cuando Wilmer Adonay cumplió una de sus advertencias.

Aquella tarde, Marta había ido a visitar a unos vecinos, pero su madre, Basilia Granados, asumió que el pandillero se la había llevado, entonces decidió ir a buscarla a la casa del individuo, a quien encaró y le reclamó por los abusos conta su hija. Fue en ese momento que el asesino sacó su arma de fuego y le disparó en la cabeza a la mujer de 59 años, quien cayó al suelo y murió de inmediato.

Por ese homicidio, Reyes fue detenido semanas después en Santa Ana y le decomisó el arma de fuego, cuyos casquillos coincidían con los encontrados en el lugar donde fue asesinada la señora Granados, por lo cual un tribunal especializado le impuso la semana pasada, una condena de 25 años de prisión por el delito de homicidio agravado.


Por la violación agravada en la modalidad continuada en perjuicio de Marta, el pandillero fue sentenciado a otros 13 años de cárcel. Las pruebas contundentes fueron las evaluaciones físicas y psicológicas practicadas por el Instituto de Medicina Legal a la adolescente.

"Se presentó un reconocimiento de genitales de la víctima (Marta) en donde se puede ver que ella tiene desgarros en su vagina y en su ano, lo cual concuerda con el relato que ella hizo a través de la declaración", dijo una fiscal de la unidad especializada de la Fiscalia General de la República (FGR).

Uno de los informes psicólogicos practicados a la adolescente, señala indicadores emocionales bastantes fuertes: presenta una depresión que son indicadores de personas que han sido abusadas sexualmente, además de los traumas que se han derivado por el crimen de su madre.

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